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viernes, 8 de agosto de 2025

Nadie sabe nada, pero todo el mundo lo sabe todo

Una inteligencia elemental es un deber. La estupidez es una tentación. Y esto a causa de una constatación experimental objetiva; nadie sabe nada, pero todo el mundo lo sabe todo…..La ignorancia, la estupidez, el paso a ciegas por la vida y por las cosas, o el paso indiferente son cosas del diablo. En la parábola del buen samaritano, el samaritano no ha sido solo bueno; también ha estado atento, ha sabido ver, escribe Nicolae Steinhardt.

domingo, 8 de junio de 2025

La muerte de Dios conlleva el soterramiento del bien, de la belleza, del amor y de la verdad

Las brutales afirmaciones de Nietzsche en La gaya ciencia resumen el problema del ateísmo presentando a un loco que recorre la ciudad en pleno día con un farol en la mano: “¡Busco a Dios! ¿Que adónde se ha ido Dios? Os lo voy a decir. Lo hemos matado, ¡vosotros y yo! Todos somos su asesino. Pero, ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos cuando desencadenamos la tierra de su sol? ¿Hacia dónde caminará ahora? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No nos roza el soplo del espacio vacío? ¿No hace más frío? ¿No viene de continuo la noche y cada vez más noche? ¿No tenemos que encender faroles a mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿No nos llega todavía ningún olor de la putrefacción divina? ¡También los dioses se pudren! ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!”. Friedrich Nietzsche concluye su relato escribiendo: “Todavía se cuenta que el loco entró aquel mismo día en varias iglesias y entonó en ellas su Requiem aeternam Deo. Una vez conducido al exterior e interpelado, contestó siempre esta única frase: “¿Pues qué son ahora ya estas iglesias más que las tumbas y panteones de Dios?””. Si pretendemos haber celebrado los funerales de Dios, ¿cómo nos puede sorprender que un mundo sin presencia divina se haya convertido en un infierno? La moral, el amor, la libertad, la técnica y la ciencia no son nada sin Dios. El hombre puede construir las obras más hermosas, pero no serán más que castillos en la arena y quimeras efímeras si no se refieren a Dios. Con veinte años, Nietzsche escribió su poema al Dios desconocido: “Quiero conocerte, desconocido, que tocas en lo profundo de mi alma…”
Está claro, Dios no le interesa a nadie. Ha muerto y su marcha nos deja indiferentes. Hemos pasado de un materialismo ateo a un new age difuso. Pero la muerte de Dios conlleva el soterramiento del bien, de la belleza, del amor y de la verdad. Si la fuente ya no mana, si el lodo de la indiferencia transforma incluso esa agua, el hombre se desmorona. El bien se convierte en mal, lo bello es feo, el amor consiste en la satisfacción de unos cuantos instintos sexuales primarios y las verdades son todas relativas. No es de extrañar, decía Benedicto XVI en 2008 en un Mensaje a la diócesis de Roma, que en la actualidad dudemos “del valor de la persona humana, del significado mismo de la verdad y del bien; en definitiva, de la bondad de la vida”.


Referencia: Dios o nada (Mundo y Cristianismo) (Spanish Edition) (Cardenal Robert Sarah;Nicolas Diat)

jueves, 17 de abril de 2025

El deseo de Dios parece haber desaparecido en la sociedad occidental

Europa, donde una serie de factores históricos y culturales han determinado una actitud extensa de rechazo o de indiferencia ante Dios y ante la que ha sido históricamente la religión dominante en Occidente, el cristianismo. Se puede resumir este cambio en palabras del sociólogo de la religión Peter Berger con la idea de que en la sociedad occidental la fe cristiana se ha quedado sin su “estructura de plausibilidad”, de modo que, si en épocas pasadas bastaba dejarse llevar para ser católico, en nuestros días basta dejarse llevar para dejar de serlo. Se puede decir que el deseo de Dios parece haber desaparecido en la sociedad occidental. Benedicto XVI manifestaba que “para amplios sectores de la sociedad Él ya no es el esperado, el deseado, sino más bien una realidad que deja indiferente, ante la cual no se debe siquiera hacer el esfuerzo de pronunciarse” (Benedicto XVI, Audiencia, 7–XI–2012).
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domingo, 16 de abril de 2023

Para librarse del mundo y ser completamente libre, hay que perdonar

Caín matando a Abel (Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, S. XII).

“Si Dios no existe, todo está permitido”, dice Dostoyevsky por medio de uno de sus personajes. Pero ese descubrimiento le horroriza, pues entonces todo se vuelve indiferente y la vida no tiene sentido. La nada del pecado, la desesperación absoluta en que éste sume al hombre. “Si no hubiese estado solo, si nadie me hubiese amado ni yo hubiese amado a nadie, todo esto (su confesión liberadora) no habría acontecido”. Desde la venida de Cristo, nadie está solo, hay una mano misericordiosa que se ofrece, a la cual es muy difícil sustraerse,dirá Charles Moeller.

Esteban Verkhovenski, en Los demonios dice: “Para librarse del mundo y ser completamente libre, hay que perdonar, perdonar, perdonar. Perdonemos a todo el mundo y perdonemos siempre. Así podernos esperar que nos perdonen a nosotros siempre. Si. Porque todos somos culpables unos con otros, todos culpables”. Paciencia, humildad, perdón, deseo de expiación, no son más que la sombra misericordiosa de Dios. Verkhovenski a punto de morir dice: “La sola idea constante de que existe algo infinitamente más justo e infinitamente más dichoso que yo, me llena ya de una emoción y una gloria sin límites. Más para ser feliz, el hombre necesita saber y creer en cada instante que existe en otra parte una felicidad perfecta y plácida para todos”. Moeller escribe que la caridad de Dios para con nosotros, su justicia misericordiosa es la llave de oro que abre todo y resuelve todos los problemas.


miércoles, 12 de abril de 2023

Desde el siglo XVIII han cobrado empuje ideologías críticas o anticristianas

Si algún factor ha moldeado en profundidad la historia y cultura europea ha sido el cristianismo, de donde se ha expandido a América, Oceanía y parte de África, en menor medida a Asia. No obstante, desde el siglo XVIII han cobrado empuje ideologías críticas o anticristianas: liberales y revolucionarias, marxismo, laicismo o cientifismo radicales… Tales ideologías tienen rasgos propios de religión, como una concepción del mundo y de la vida y una moralidad derivada, por lo que cabría entenderlas como religiones sustitutivas, de hecho han desplazado parcialmente al cristianismo, y hoy un alto porcentaje de europeos, variable según países, se declara agnóstico, ateo o indiferente.

En Europa se ha solido oponer la razón a la religión; pero no solo el poder de la razón es limitado, sino que, como los demás rasgos humanos, aparece como un don, como algo otorgado, que no procede de la voluntad o decisión de ningún ser humano o conjunto de ellos y remite por tanto a algún designio no humano, escribe el historiador Pío Moa.

martes, 18 de febrero de 2020

Un filósofo y un niño curioso vienen a ser lo mismo



En el libro “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder hay un fragmento en el que el profesor de filosofía de Sofía le explica que un filósofo y un niño curioso vienen a ser, más o menos, lo mismo. “Para los niños, el mundo, y todo lo que hay en él, es algo nuevo, algo que provoca su asombro. No es así para todos los adultos. La mayor parte de los adultos ve el mundo como algo muy normal. Precisamente en este punto los filósofos constituyen una honrosa excepción. Un filósofo jamás ha sabido habituarse del todo al mundo. Para él el mundo sigue siendo algo desmesurado, incluso algo enigmático y misterioso. Por lo tanto, los filósofos y los niños pequeños tienen en común esta importante capacidad. Se podría decir que un filósofo sigue siendo tan susceptible como un niño pequeño durante toda la vida. De modo que puedes elegir, querida Sofía. ¿Eres una niña pequeña que aún no ha llegado a ser la perfecta conocedora del mundo? ¿O eres una filósofa que puede jurar que jamás lo llegará a conocer? Si simplemente niegas con la cabeza y no te reconoces ni en el niño ni en el filósofo, es porque tú también te has habituado al mundo que te ha dejado de asombrar. En ese caso corres peligro. Por esa razón recibes este curso de filosofía, es decir, para asegurarnos. No quiero que tú justamente estés entre los indolentes e indiferentes. Quiero que vivas una vida despierta”.

jueves, 21 de junio de 2018

El Estado no puede ser lo más importante, lo es el individuo.


Albert Einstein en su libro Mi visión del mundo decía que “no debe atribuirse el descrédito de los sistemas democráticos vigentes en la Europa actual a algún fallo en los principios de la democracia, sino a la poca estabilidad de sus gobiernos y al carácter impersonal de las elecciones. Me parece que la solución está en lo que hizo Estados Unidos, un presidente elegido por tiempo suficientemente largo, y dotado de los poderes necesarios para asumir toda la responsabilidad. Valoro en cambio en nuestra concepción del funcionamiento de un Estado la creciente protección del individuo en caso de enfermedad o de necesidades materiales. Para hablar con propiedad, el Estado no puede ser lo más importante, lo es el individuo creador, sensible. La personalidad. Solo de él sale la creación de lo noble, de lo sublime. Lo masivo permanece indiferente al pensamiento y al sentir”.

Lo masivo permanece indiferente al pensamiento y al sentir

jueves, 13 de julio de 2017

¿Las creencias son indiferentes?

Que las creencias son indiferentes es una afirmación repetida hasta la saciedad hoy en día. 

Dice Richard Weaver que es una afirmación basada en un presupuesto temible. Si se trata de un filósofo, en el sentido que hemos dado a este término, sus creencias le servirán de guía a la hora de decidir para qué existe el mundo. ¿Pero cómo podrían ponerse de acuerdo sobre la finalidad del mundo unos seres que ni siquiera coinciden en su valoración de las más nimias acciones cotidianas? Esa afirmación, en realidad, viene a decir que no importa qué es aquello en lo que se crea, siempre y cuando no se tomen en serio las creencias. 


Es fácil comprobar hoy que tal es la condición a la que han sido llevadas las creencias religiosas. Pero imaginemos a unos hombres que sí son capaces de tomarse en serio sus propias creencias. Obviamente, sus creencias dejarán una huella indeleble en las experiencias vividas, y esos hombres pertenecerán a una cultura basada en principios exclusivos, una especie de club para ingresar al cual es indispensable que el candidato sepa decir lo conveniente sobre lo adecuado, lo que a su vez significa que esos hombres han de saber cultivar los sentimientos correctos.