Mostrando entradas con la etiqueta nuevo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nuevo. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de octubre de 2026

La moda pasa y el estilo permanece

El fenómeno de la moda tiene unas condiciones básicas, El sentido de la fugacidad, su interés radical por el cambio y un amor apasionado por todo lo que signifique novedad. La moda, entendida como un proceso creativo tiene como principal cualidad la de estar en el momento. La moda está especialmente vinculada al prestigio que da lo nuevo y que caracteriza a las sociedades modernas. Si algo caracteriza al fenómeno de la moda es que frente al énfasis de lo antiguo, trata de poner el acento en lo novedoso y lo efímero, incluso cuando rescata modos y estilos del pasado lo hace siguiendo un patrón de cambio constante, escribe Paula Rodriguez.
El estilo Chanel es intemporal, Gabrielle Chanel lo explica cuando dice que “la moda pasa y el estilo permanece”, “la moda está hecha de una idea divertida para quemar enseguida”. El estilo Chanel debe mucho de su persistencia en el tiempo a su lógica funcional, a la dimensión practica que ha sabido adaptarse al ritmo de las preocupaciones contemporáneas. Una constante lección para los diseñadores de cualquier época es observar como Chanel plasma un estilo que nunca pasa y siempre perdura, existe un choque entre el sentido de la fugacidad de la moda y la permanencia del estilo Chanel en el tiempo. En Chanel permanece el look haciendo de ello una tradición pero inicialmente se da una ruptura. Esta es la revolución, la clave, descubrir encarnar, hacer realidad, que se puede cambiar de moda y permanecer en el mismo estilo o look. A Coco Chanel como le preocupaba el estilo, se preocupó de la moda.
“El estilo queda aunque se renueve y se desarrolle como un árbol. Es el mismo pero cada primavera es distinto”,decía Coco Chanel, “los rostros cambian, las modas pasan y el estilo permanece”. 

martes, 30 de mayo de 2023

Cultura de casino

El filósofo Zygmunt Bauman en su libro Vidas desperdiciadas escribe:En esta clase de cultura, y en las estrategias políticas y vitales que valora y promueve, no queda mucho espacio para los ideales. Menos espacio queda aún para los ideales que provocan un esfuerzo a largo plazo, continuo y sostenido, de pasitos que llevan con ilusión hacia resultados ciertamente remotos. Y no queda espacio en absoluto para un ideal de perfección, que extrae todo su atractivo de la promesa del final de la elección, el cambio y la mejora. Para ser más precisos, semejante ideal puede seguir rondando sobre el mundo de la vida de un hombre o una mujer modernos y líquidos; ahora bien, sólo como un sueño, un sueño que ya no se espera que se haga realidad y que, cuando apunta a lo concreto, rara vez se desea que se haga realidad. Un sueño nocturno que casi se disipa a la luz del día. Este es el motivo de que a la belleza, en su significado ortodoxo de ideal por el que luchar y morir, parecen haberle llegado malos tiempos. En lo que George Steiner llamaba “cultura de casino”, todo producto cultural se calcula para el máximo impacto (es decir, para eliminar, desechar y terminar con los productos culturales de ayer) y la obsolescencia instantánea (esto es, para acortar la distancia entre la novedad y el cubo de la basura, recelando de su abuso de la hospitalidad y apresurándose a dejar el campo despejado, con el fin de que nada pueda suponer un obstáculo para los productos culturales de mañana). Los artistas, que una vez identificaron el valor de su obra con la duración eterna y que, en consecuencia, lucharon por una perfección que pondría fin al cambio y, por tanto, garantizaría la eternidad, destacan ahora por instalaciones que serán desmanteladas cuando cierre la exposición, por happenings que terminarán en el momento en que los actores decidan dar media vuelta, por recubrir puentes hasta que se restablezca la circulación, y edificios inacabados hasta que se reanuden las obras, y por “esculturas espaciales”, que invitan a la naturaleza a hacer estragos y ofrecen otra prueba, si es que era precisa otra prueba, de la grotesca brevedad de todas las obras humanas y del efímero carácter de sus rastros. De nadie se espera que recuerde hoy las habladurías de ayer, y menos aún se le anima a que lo haga, si bien de nadie se espera que evite las habladurías de hoy en día, y mucho menos se le permite que lo haga. Para ser admitido en la cultura de casino de la líquida era moderna, uno necesita ser omnívoro y nada quisquilloso, abstenerse de definir el gusto propio de modo demasiado estricto y de aferrarse a cualquier gusto durante mucho tiempo, estar dispuesto a probar y a disfrutar todo cuanto hoy se ofrece, y ser cualquier cosa menos consistente y estable en las preferencias propias. El rechazo de lo nuevo es de mal gusto y quien rechaza los riesgos se arriesga al rechazo. Pero igualmente incorrecta y peligrosa es la lealtad a lo viejo. Y el envejecimiento de lo nuevo, que una vez supusiera un largo proceso, lleva cada vez menos tiempo. Lo nuevo tiende a convertirse en lo viejo, a evitarse y superarse al instante. De manera imperceptible, el significado de belleza experimenta un cambio fatídico. En los usos actuales de la palabra, los filósofos apenas reconocerían los conceptos que construyeron con tanta seriedad y laboriosidad a lo largo de los siglos. Más que ninguna otra cosa, omitirán el vínculo entre belleza y eternidad, entre valor estético y durabilidad.

martes, 18 de febrero de 2020

Un filósofo y un niño curioso vienen a ser lo mismo



En el libro “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder hay un fragmento en el que el profesor de filosofía de Sofía le explica que un filósofo y un niño curioso vienen a ser, más o menos, lo mismo. “Para los niños, el mundo, y todo lo que hay en él, es algo nuevo, algo que provoca su asombro. No es así para todos los adultos. La mayor parte de los adultos ve el mundo como algo muy normal. Precisamente en este punto los filósofos constituyen una honrosa excepción. Un filósofo jamás ha sabido habituarse del todo al mundo. Para él el mundo sigue siendo algo desmesurado, incluso algo enigmático y misterioso. Por lo tanto, los filósofos y los niños pequeños tienen en común esta importante capacidad. Se podría decir que un filósofo sigue siendo tan susceptible como un niño pequeño durante toda la vida. De modo que puedes elegir, querida Sofía. ¿Eres una niña pequeña que aún no ha llegado a ser la perfecta conocedora del mundo? ¿O eres una filósofa que puede jurar que jamás lo llegará a conocer? Si simplemente niegas con la cabeza y no te reconoces ni en el niño ni en el filósofo, es porque tú también te has habituado al mundo que te ha dejado de asombrar. En ese caso corres peligro. Por esa razón recibes este curso de filosofía, es decir, para asegurarnos. No quiero que tú justamente estés entre los indolentes e indiferentes. Quiero que vivas una vida despierta”.

jueves, 20 de junio de 2019

Creatividad

Jerzy Zagórski
Como escribe Jerzy Zagórski “todo cambia” y “nada cambia”. Las obras humanas pueden considerarse desde diferentes puntos de vista y aquellos trabajos que son nuevos desde un cierto punto de vista no lo son desde otro enfoque. De un modo que no es nada nuevo, a partir de cualquier árbol viejo cada primavera brotan hojas nuevas. Algo parecido sucede con las producciones del hombre, cualquier cosa que haga se parece en cierto modo a lo que ha existido antes, y en cierto modo se diferencia. 

Władysław Tatarkiewicz
Dice Władysław Tatarkiewicz que en la creatividad humana existen varias clases de novedad cualitativamente diferentes. Una forma nueva, un modelo nuevo y un método nuevo de producción; por ejemplo, en un automóvil, una nueva carrocería, un nuevo tipo de carrocería, un nuevo motor, un nuevo tipo de motor, el primer automóvil constituyó incluso una novedad cualitativa. En arte diferenciamos entre lo que es una obra nueva de un determinado estilo, de un estilo nuevo. Cada templo dórico tenía una organización de columnas y vigas ligeramente diferente, pero todos tenían la misma idea organizativa. Esta distinción no es sólo aplicable al arte. La novedad consiste, en general, en la presencia de una cualidad que antes estaba ausente, aunque a veces se trate únicamente de un aumento cuantitativo o que se produzca una combinación a la que se estaba acostumbrado.


La creatividad tiene dos criterios, dos medidas, dice el filósofo polaco Władysław Tatarkiewicz. Ninguna, ni la energía mental ni la novedad, se prestan a ser medidas, sólo pueden evaluarse intuitivamente. En consecuencia, la creatividad no es un concepto con el que se pueda operar con precisión. La afirmación de que la creatividad consiste en novedad y energía mental constituye su descripción. Pero la mayoría de la gente hoy día lo ve también como un juicio, y muy positivo.

No puedo, escribía Van Gogh, prescindir en mi vida y mi pintura de algo que es más fuerte que yo, que es mi vida, de la capacidad de crear.

martes, 12 de marzo de 2019

Estrechez de miras.


Harry Truman dijo en cierta ocasión: “Un experto es alguien que no quiere aprender nada nuevo, porque entonces dejaría de ser un experto”. El conocimiento especializado es absolutamente necesario, pero, por definición, un experto conoce bien solo un campo limitado y no podemos esperar que emita juicios sólidos sobre temas que abarquen más de un ámbito de la vida, sopesando por igual las distintas necesidades humanas, las restricciones materiales y los valores éticos. La posesión de un conocimiento especializado a veces puede producir estrechez de miras.