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domingo, 29 de marzo de 2026

Una justicia penal internacional constituye un progreso de la conciencia moral de las naciones

Para Pío XII, al derecho penal interno de cada Estado debe corresponder un Derecho Penal Internacional capaz de “proteger a los individuos y a los pueblos de la injusticia”. El Papa, al subrayar la importancia del derecho, recuerda la trágica experiencia de la Guerra Mundial, que ensangrentó el siglo pasad, e identifica la causa de tantos horrores a la negativa a reconocer al adversario la condición de ser humano. Pone de relieve la exigencia de que los culpables respondan de su delito y auspicia la “elaboración de normas jurídicas coercitivas claramente definidas, que, en virtud de tratados formales, tengan fuerza vinculante para los Estados contrayentes”. Pío XII indica los criterios objetivos para definir los crímenes más graves, y menciona, en primer lugar, el caso de una guerra emprendidas sin motivos de defensa, afirmando que “ la comunidad internacional debe juzgar a los criminales sin escrúpulos que, con el fin de lograr sus ambiciones, no temen desencadenar la guerra total”. Enumera diversas acciones inaceptables, desde el fusilamiento de rehenes inocentes a la deportación en masa. 
El Papa subraya la importancia del reconocimiento de garantías jurídicas en favor del acusado durante el proceso, de las que ha de beneficiarse desde el mismo momento del arresto.Insiste en la prohibición de cualquier forma de tortura y cita un texto de Nicolas I, quien, en el año 866, dirigiéndose al pueblo húngaro, proclamó lo inaceptable de la tortura. Pío XII estima oportuno la creación de un tribunal internacional  y evoca el “disgusto” de ver “ al vencedor juzgar al vencido por crímenes de guerra cuando el mismo vencedor es responsable confeso de hechos análogos frente al vencido”.
Juan Pablo II afirmó el 13 de Enero de 1977 que “el intento de organizar una justicia penal internacional constituye un auténtico progreso de la conciencia moral de las naciones.” Para la Santa Sede , el Derecho Internacional se funda sobre normas éticas basadas antológicamente en una naturaleza humana que es la misma en todas partes. Tal base continúa siendo el fundamento del edificio del Derecho. Es necesario ser siempre muy conscientes de que la dignidad humana es inviolable, porque distingue de modo indeleble a todo ser humano. Sin esta convicción, todo esfuerzo de carácter jurídico corre el riesgo de ser vano, con el peligro añadido de que la fuerza de la ley se convierta en la ley del más fuerte, manifiesta el jurista Giorgio Filibeck.

lunes, 28 de marzo de 2022

Cuantas más garantías nos da la constitución, peor lo tenemos.

“Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia…” (Artículo 35 de la Constitución española). Parece que cuantas más garantías nos da la constitución, peor lo tenemos.

martes, 14 de marzo de 2017

El presidente Erdogan ha abandonado el modelo laico kemalista.

El presidente Erdogan ha abandonado el modelo laico kemalista, basado en una estrechísima alianza con la OTAN y con Europa a nivel militar y político; ha recuperado el mito nacionalista otomano del panduranesismo entre Oriente Medio y Asia y está desmantelando poco a poco el sistema de garantías democráticas  del estado de derechos en el país.  
A Turquía ya no le interesa ingresar a la Unión Europea y a través de la reforma constitucional de sello presidencialista, objeto del próximo referéndum, quiere navegar rumbo a una forma de gobierno de impronta autocrática y cada vez menos respetuosa de los pilares jurídicos de la democracia, es decir, de una separación de poderes y garantía inalienable de los derechos del ciudadano según el imperio de la ley.

Mas de 1600 militares expulsados del ejercito por la purga política contra ellos. 


El presidente Erdogan poco a poco ha ido sometiendo la autonomía de la magistratura al Poder Ejecutivo, y en virtud del “estado de excepción”, ha impuesto una draconiana y semipermanente suspensión de los derechos fundamentales, tanto civiles como políticos, de los ciudadanos. Así, simples medidas administrativas han llevado a la purga de más de 100.000 empleados estatales, presuntos reos de estar en connivencia con las fuerzas armadas golpistas, y al encarcelamiento de casi 50.000 ciudadanos.  

viernes, 27 de enero de 2017

Cuando la ley y la moral se contradicen, el ciudadano se encuentra ante la cruel alternativa de perder la noción de moral o perder el respeto a la ley.

Frédéric Bastiat
Ninguna sociedad puede existir si en ella no reinan las leyes en alguna medida; pero lo más seguro para que las leyes sean respetadas es que sean respetables. Cuando la ley y la moral se contradicen, el ciudadano se encuentra ante la cruel alternativa de perder la noción de moral o perder el respeto a la ley. Dos desgracias igualmente grandes entre las cuales es difícil elegir. Pertenece de tal modo a la naturaleza de la ley hacer reinar la justicia, que ley y justicia son la misma cosa en la conciencia popular. Todos tenemos una fuerte disposición a considerar todo lo que es legal como legítimo, hasta el punto de que son muchos los que, falsamente, hacen derivar toda justicia de la ley. Basta que la ley ordene y consagre la expoliación para que ésta parezca justa y sagrada a muchas conciencias, dice Frédéric Bastiat.

El pueblo quiere ser libre 
¿Existe algún hombre o alguna clase que se atreva a reivindicar el derecho de reemplazar al pueblo, de decidir y obrar por él? No, el pueblo quiere ser libre y lo será. Quiere dirigir sus propios asuntos y los dirigirá. Pero una vez que el legislador abandona los comicios, el lenguaje cambia. La nación cae en la pasividad, en la inercia, en la nada, y el legislador toma posesión de la omnipotencia. A él le corresponde la invención, la dirección, el impulso, la organización. La humanidad sólo tiene que dejarse llevar; ha sonado la hora del despotismo.


Y añade Bastiat que no es cierto que el legislador tenga sobre nuestras personas y nuestras propiedades un poder absoluto, puesto que son anteriores a la ley, y la labor de ésta consiste en rodearlas de garantías. No es cierto que la ley tenga por misión regir nuestras conciencias, nuestras ideas, nuestras voluntades, nuestra instrucción, nuestros sentimientos, nuestros trabajos, nuestros intercambios, nuestros dones, nuestras alegrías. Su misión consiste en impedir que en cualquiera de estas materias el derecho de uno usurpe el derecho de otro. La ley, que tiene como sanción necesaria la fuerza, no puede tener como dominio legítimo más que el legítimo dominio de la fuerza: la justicia.

Ninguna sociedad puede existir si en ella no reinan las leyes en alguna medida

La ley, que tiene como sanción necesaria la fuerza, no puede tener como dominio legítimo más que el legítimo dominio de la fuerza: la justicia.