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lunes, 13 de abril de 2026

La belleza es digna de ser amada

La belleza es digna de ser amada, pero el amor que se profesa a la belleza es de un tipo especial. No busca hacerse con su objeto, sino que mantiene la distancia que hace posible disfrutar contemplándolo, afirma el filósofo Rémi Brague.
Los monjes en la Edad Media, cuenta Brague, nunca soñaron con hacer algo cultural, y mucho menos con construir una cultura o una civilización cristiana. hasta puede que algunos pensaran que sus obras y su trabajo estaban condenados a desaparecer en un futuro más o menos cercano. Pero esto no les impidió ocuparse de la conservación y promoción de los bienes culturales e incluso de la innovación. Los monjes tenían una visión del mundo como creación de Dios bondadoso y cuya creación era fundamentalmente buena. 


lunes, 7 de julio de 2025

El derecho positivo y la moral son dos órdenes normativos distintos uno del otro

El derecho positivo y la moral son dos órdenes normativos distintos uno del otro. Esto no significa que sea menester renunciar al postulado de que el derecho debe ser moral, puesto que, precisamente, solo considerando al orden jurídico como distinto de la moral cabe calificarlo de bueno o de malo. Sin duda, el derecho positivo puede, en ciertos casos, autorizar la aplicación de normas morales. Es decir que delega en la moral el poder de determinar la conducta por seguir. Pero desde que una norma moral es aplicada en virtud de una norma jurídica adquiere, por tal circunstancia, el carácter de una norma jurídica. Inversamente, puede suceder que un orden moral prescriba la obediencia al derecho positivo. En este caso el derecho se convierte en parte integrante de la moral, la cual tiene una autonomía puramente formal, dado que al delegar en el derecho positivo el poder de determinar cuál es la conducta moralmente buena, abdica lisa y llanamente en favor del derecho y su función queda limitada a dar una justificación ideológica al derecho positivo. Para que el orden moral sea distinto del orden jurídico es preciso que el contenido de las normas morales no se confunda con el de las normas jurídicas, y que no haya, por consiguiente, relación de delegación del derecho a la moral o de la moral al derecho. Gracias a esta condición resulta posible pronunciar un juicio moral sobre un orden jurídico considerado en su conjunto o sobre cualquiera de las normas que lo constituyen. Mediante este juicio puede comprobarse la conformidad u oposición entre tal norma moral y tal norma jurídica, es decir que desde el punto de vista de la moral la norma jurídica es buena o mala, justa o injusta, escribe Hans Kelsen, jurista y filósofo austriaco.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

La verdad no puede ser mala, la mentira no puede ser buena

La verdad puede ser dulce o amarga, pero no puede ser mala; la mentira puede ser dulce o amarga, pero no puede ser buena, escribe Constancio C. Vigil que fue un empresario, periodista y escritor uruguayo. 


sábado, 5 de agosto de 2023

No existen personas buenas, sólo existen personas conscientes que aceptan emprender ese camino

No existen personas buenas, sólo existen personas conscientes que aceptan emprender ese camino; personas que rechazan la superficialidad del conformismo y las celadas del prejuicio; ese prejuicio que a veces crece vigoroso en las mentes, ilusoriamente libres, de los llamados anticonformistas. El bien es una cosa extremadamente seria, porque el mal es una cosa extremadamente seria. Ignorar este asunto es condenarse a vivir en la capa más epidérmica y fatua de la existencia. No se puede ser bueno por moda periodística, por conveniencia o por simple pereza. La bondad es un camino extremadamente severo, y, en su severidad, conoce la urgencia de la discreción. Y de la fuerza. Porque la bondad, como el amor, requiere fuerza, la grande, inmensa fuerza del Espíritu, escribe la italiana Susanna Tamaro.

sábado, 2 de mayo de 2020

Hay dos tipos de libertad, una buena y otra mala



Karl Polanyi en 1944 en su libro The Great Transformation observa que en una sociedad compleja, el significado de la libertad se convierte en algo tan contradictorio y tan tenso como irresistible son sus incitaciones a la acción. En su opinión, hay dos tipos de libertad, una buena y otra mala. En este segundo grupo se incluían “la libertad para explotar a los iguales, la libertad para obtener ganancias desmesuradas sin prestar un servicio conmensurable a la comunidad, la libertad de impedir que las innovaciones tecnológicas sean utilizadas con una finalidad pública, o la libertad para beneficiarse de calamidades públicas tramadas secretamente para obtener una ventaja privada”. Sin embargo, prosigue Polanyi, “la economía de mercado, bajo la que crecen estas libertades, también produce libertades de las que nos enorgullecemos ampliamente. La libertad de conciencia, la libertad de expresión, la libertad de reunión, la libertad de asociación, la libertad para elegir el propio trabajo”. Aunque puede que “apreciemos el valor de estas libertades por sí mismas” y, sin duda, muchos de nosotros lo hacemos, eran en buena medida “subproductos del mismo sistema económico que también era responsable de las libertades perversas”.

El utopismo liberal o neoliberal esta abocado, en opinión de Polanyi, a verse frustrado por el autoritarismo. Las buenas libertades desaparecen, las malas toman el poder.

martes, 5 de septiembre de 2017

Los seres humanos tenemos la necesidad de ser buenos.

Los humanos necesitamos, por naturaleza, sentirnos queridos, respetados, dignos de confianza y apreciados. Necesitamos sentir que estamos contribuyendo a algo superior a nosotros mismos, que el mundo será un poquito mejor por el hecho de haber vivido. Como anota el rabino Harold S. Kushner, autor de “Cuando a la gente buena le pasan cosas malas”, un libro inmensamente popular sobre el tema: Los seres humanos tenemos la necesidad de ser buenos. Nuestra naturaleza es tal que necesitamos ser útiles, atentos y generosos tanto como necesitamos comer, dormir y
rabino Harold S. Kushner
ejercitarnos. Cuando comemos demasiado o realizamos muy poco ejercicio, nos sentimos mal. Incluso nuestra personalidad se ve afectada. Y cuando actuamos de forma egoísta y tramposa, el efecto es el mismo. Dejamos de estar en contacto con nuestro auténtico espíritu; olvidamos lo que se siente al sentirse bien. Sólo una vida de bondad y honestidad nos permite sentimos saludables y humanos desde un punto de vista espiritual.