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martes, 18 de febrero de 2025

Santo Cristo de Lepanto

Santo Cristo de Lepanto. Esta efigie barcelonesa en madera, de ojos cerrados y abundante cabellera, que preside un espacio siempre iluminado por cirios y candiles, es la imagen religiosa más venerada de la ciudad y cuenta con la aureola del milagro. La tradición dice que fue llevada en un lugar preferente de la galera capitana de la armada española que luchó en la batalla naval de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, por indicación de su comandante don Juan de Austria, que le tenía una gran devoción. Al iniciarse el combate, don Juan hizo enarbolar la imagen y, cuando una bala de la artillería enemiga buscó el pecho de ésta, el Santo Cristo esquivó con un movimiento su trayectoria, y dio así el mejor auspicio imaginable de la gran victoria que se preparaba. Por eso aún muestra el torso violentamente torcido a la derecha, y presenta una posición forzada del pie izquierdo, que parece desviado de la cruz. Después de la batalla, una galera sin tripulación y con el Santo Cristo en la proa llegó al muelle barcelonés, a donde el clero catedralicio se desplazó para recogerlo y llevarlo en procesión hasta su actual emplazamiento.

domingo, 10 de marzo de 2024

Dos grandes escritores españoles fueron mancos por culpa de un combate

Valle-Inclán 1922, Juan de Echevarría. The Granger, New York

Por una de esas coincidencias que sin duda existen pero en las que sólo creemos a medias, dos de los más grandes escritores españoles de todos los tiempos fueron mancos por culpa de un combate. Miguel de Cervantes quedó lisiado de la mano zurda en la batalla naval de Lepanto, “la más alta ocasión que vieron los siglos” según su propio decir, y Ramón del Valle-Inclán perdió el brazo izquierdo en una riña de café, aunque luego ennobleciese este accidente con mil divertidas glosas legendarias. Más allá de esta fortuita pero no insignificante circunstancia y de compartir un inmenso aunque muy diferente talento literario, las vidas de Cervantes y de Valle-Inclán son opuestas en casi todo lo demás. La del primero estuvo llena de aventuras (exóticas las unas, sórdidas otras) muy reales; la del segundo, de peripecias soñadas o al menos agigantadas por la imaginación que acompañaron un devenir vital más bien rutinario. Ambos fueron casi siempre pobres, Cervantes muy contra su voluntad y a pesar de intentar todo tipo de expedientes para escapar de las privaciones, Valle-Inclán orgullosamente y rechazando cualquier forma de soborno o patronazgo que pudiese minar su fiera independencia; en general, de la vida de Cervantes sabemos poco y el personaje se nos desdibuja por falta de información, mientras que una frondosa y sobreabundante maleza de anécdotas nos escamotea al auténtico Valle-Inclán.

Referencia:Aquí viven leones (Fernando Savater;Sara Torres)


sábado, 15 de julio de 2023

Felipe II optó por lo posible, en vez de por lo grandioso

Una flota turca de más de trescientas galeras estaba arrasando las aldeas del litoral del Mediterráneo oriental.La flota cristiana era abastecida y sufragada por el papado, Venecia y España. Aunque Felipe II era el mayor contribuyente, la llamada ayuda española fue en gran parte italiana. Cuatro quintas partes de las galeras suministradas por España fueron construidas y pagadas por los estados italianos de la monarquía. Los turcos se encontraban en el golfo de Lepanto, en el litoral griego. Estas dos inmensas formaciones se enfrentaron durante la mañana del 7 de octubre en dicho golfo. Los cálculos de los buques y hombres que componían cada bando varían en mucho. Es probable que los turcos contaran con unas 230 embarcaciones y más de 50.000 hombres; los cristianos, con unos 200 buques, aunque no todos ellos participaron en la batalla, y aproximadamente 40.000 hombres. Al terminar el día, las embarcaciones de don Juan habían obtenido una victoria decisiva. El vicealmirante turco, Uluj Ali, salió huyendo con unas treinta galeras. El resto fue capturado y destruido. Los turcos sufrieron 30.000 bajas, y 3.000 hombres fueron hechos prisioneros. Las pérdidas de los cristianos eran pequeñas en comparación, diez galeras y aproximadamente 8.000 hombres. Durante la tarde del 29 de octubre de 1571, un mensajero de Venecia llevó al rey y al embajador veneciano, que estaban en Madrid, noticias fiables de la victoria de Lepanto. “La alegría del rey cuando recibió estas noticias fue extraordinaria”, decía el embajador.

Durante los días siguientes, toda la ciudad de Madrid estalló en un alboroto de celebraciones. Se organizó un solemne desfile, y el rey insistió en que el embajador veneciano estuviese a su lado. El hecho de que Felipe ya se hubiera enterado de las buenas nuevas acerca de la batalla en Madrid desmiente el relato comúnmente repetido de que tuvo conocimiento de ello por primera vez mientras estaba en el Escorial. Lepanto fue un triunfo de la cristiandad. Pero, como reconocen los historiadores, nunca se trató simplemente de una victoria española. Sin los abundantes recursos italianos, España hubiese carecido de la capacidad de actuar. Felipe era perfectamente consciente de ello. Esto justifica el hecho de que se negara a participar en los ensueños de hombres menos realistas que él, como el mismo don Juan o el papa Pío V, que acariciaban la idea de una posible liberación de Tierra Santa e incluso de Estambul. La leyenda de Lepanto, no obstante, sigue estando viva. Felipe, evidentemente, compartía el entusiasmo generado por la victoria, pero “optó por lo posible, en vez de por lo grandioso”.

Referencia: El enigma del Escorial de Henry Kamen


sábado, 13 de noviembre de 2021

Un sultán idiota podía paralizar el Imperio otomano

*Los turcos otomanos iban a fracasar, a volverse hacia dentro y a perder la oportunidad del dominio del mundo. El ejército otomano, por bien administrado que estuviera, podía mantener las vastas fronteras pero no podía seguir expandiéndose sin un coste enorme en hombres y dinero; y el imperialismo otomano, a diferencia de los posteriores español, holandés e inglés, no produjo mucho en el terreno económico. Hacia la segunda mitad del siglo XVI el Imperio mostraba signos de hiperextensión estratégica, con un gran ejército estacionado en Europa central, una onerosa armada operando en el Mediterráneo, tropas ocupadas en el norte de África, el Egeo, Chipre y el mar Rojo y con necesidad de refuerzos para sostener Crimea contra el poder ruso en ascenso. No había un flanco tranquilo ni siquiera en el Oriente Próximo, a causa de una desastrosa división religiosa del mundo musulmán que se produjo cuando la rama chiíta, con base en Irak y después en Persia, desafió las prácticas y enseñanzas sunníes por entonces predominantes.

Abdülmecit I

Después de 1566 reinaron trece sultanes incompetentes sucesivamente.Un sultán idiota podía paralizar el Imperio otomano de una manera que ni un Papa ni un emperador del Sacro Imperio podía hacer con Europa. Sin órdenes claras de la instancia superior, las arterias de la burocracia se endurecieron, optaron por el conservadurismo en lugar del cambio y sofocaron la innovación. Los comerciantes y empresarios, casi todos ellos extranjeros, a quienes antes se había estimulado, se encontraron sujetos a impuestos imprevisibles, cuando no se les arrebataba directamente su propiedad. Deudas cada vez más altas arruinaron el comercio y despoblaron las ciudades. Tal vez los más perjudicados hayan sido los campesinos, cuyas tierras y ganado fueron expropiados por los soldados. Al mismo tiempo que se deterioraba la situación, los funcionarios civiles se dedicaban al robo, solicitaban sobornos y confiscaban lotes de mercancías.

Abbas el Grande 

Al otro lado de la frontera el reino chiíta de Persia, con Abbas el Grande al frente, estaba preparado para aliarse con los Estados europeos contra los otomanos.La airada respuesta al desafío religioso chiíta reflejaba y anticipaba un endurecimiento de las actitudes oficiales hacia todas las formas de libertad de pensamiento. Se prohibió la impresión porque podía diseminar opiniones peligrosas. Los turcos, que despreciaban las ideas y prácticas europeas, se negaron a adoptar los métodos más avanzados para contener las plagas; en consecuencia, su población sufrió graves epidemias. Después de su derrota en Lepanto, no construyeron el tipo de buque europeo, más grande. En el Sur, se ordenó simplemente a la flota musulmana que permaneciera en las aguas más tranquilas del mar Rojo y el golfo Pérsico, para eludir así la necesidad de construir buques que pudieran navegar por el océano, según el modelo portugués.

*Fuente:Auge y caída de las grandes potencias de Paul Kennedy