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lunes, 22 de diciembre de 2025

El nazismo evolucionó hasta convertirse en un credo religioso


El nazismo comenzó siendo un credo político, pero rápidamente evolucionó hasta convertirse en un credo religioso, en una religión nacional alemana con sus propios dogmas, ritos y ceremonias que, en cierto modo, aspiraba a sustituir a la cristiana. Los dos dogmas principales del nazismo eran la superioridad de la raza aria, alemana y nórdica, y su derecho a esclavizar o a exterminar a las razas inferiores usurpadoras del “espacio vital” al que la raza superior tenía derecho. A la raza aria no le bastaba con estar constituida por individuos altos y apuestos, rubios, de ojos azules, nobles, inteligentes y sanos. Además era la única creadora de cultura, la única verdaderamente humana, el pueblo de los señores (Herrenwolk), destinado a dominar a las razas inferiores (en realidad especies distintas, infrahumanas: Untermenschen) y a neutralizar a una raza particularmente ponzoñosa, la judía. El joven Hitler pudo contaminarse de ariosofía, una doctrina popular en ciertas esferas de la Viena de su juventud que pretendía rescatar la religión ancestral de los antiguos germanos arrinconada por el Dios judío de la Biblia. La ariosofía atrajo a algunos románticos adictos al excursionismo y añorantes de las sociedades ancestrales que en 1911 fundaron una hermandad, la Hoher Armanen Orden (HAO), en la que se ingresaba mediante certificado de pureza de sangre. Esta sociedad inspiró, a su vez, al grupo Thule, otra agrupación de tenderos y funcionarios subalternos aficionados al ocultismo y a la fantasía. En su impreso de ingreso leemos que “el abajo firmante jura que, hasta donde su conocimiento abarca, ninguna sangre judía fluye por sus venas ni por las de su mujer, y que entre sus antepasados no hay miembros de razas inferiores”.

sábado, 25 de abril de 2020

El uso del velo no fue exclusivo de las primeras comunidades islámicas




Mahoma, considerado como el último de los profetas, instauraba el islam, un nuevo credo que bebía de las fuentes judía y cristiana. Mahoma fundó una nueva forma de vida, una comunidad distinta que, sin embargo, enraizaba sus orígenes no solo en las otras dos religiones adoradoras de un solo Dios, también sentaba sus bases en las tribus y pueblos árabes preislámicos. En esta nueva religión, la mujer fue relegada desde el principio a roles secundarios. Recluida en el harén o en un hogar monógamo, el velo terminó de esconderlas de las miradas ajenas. El uso del velo no fue exclusivo de las primeras comunidades islámicas, de hecho, fue uno de los elementos que heredó de otros pueblos, pero así como en otros lugares como Bizancio terminaría desapareciendo, en el islam ha sobrevivido hasta nuestros días, convirtiéndose en un símbolo de diferenciación religiosa y en un objeto controvertido en las sociedades modernas con las que entra en conflicto.
La emperatriz bizantina Irene
La emperatriz bizantina Irene, dispuesta a cumplir con la costumbre de velar su cuerpo, llegó incluso a cubrirse las manos con guantes de manera habitual. Práctica que heredaron en mayor o menor grado las comunidades islámicas manteniéndola incluso en el presente. También muchos pueblos de Arabia consideraban el uso del velo en las mujeres como un signo de distinción.

viernes, 23 de febrero de 2018

Patria.


El ensayista Jean Améry en su libro “Más allá de la culpa y la expiación” escribe que el ser humano necesita tanta más patria cuanto menos pueda llevarse consigo. Existe, en efecto, algo así como una patria móvil o al menos un sucedáneo de patria. Puede ser una religión, como la judía. “El año que viene en Jerusalén”, se prometían desde antaño los judíos en el ritual de Pascua, pero no importaba alcanzar realmente Tierra Santa, más bien bastaba con pronunciar la formula en común para saberse vinculados en el mágico solar patrio de Yahvé, el Dios tribal. 

Jean Améry 
El dinero puede también ser un sucedáneo de la patria, aclara Améry. Todavía me parece ver al judío de Amberes, dice el autor, que huyendo en 1940 de los ocupantes alemanes se sentó sobre un prado de Flandes, sacó del zapato su fajo de dólares y se puso a contarlos con un fervor contenido. ¡Qué fortuna para usted llevar consigo tanto dinero en efectivo!, le dijo un compañero muerto de envidia. A lo que el contador de billetes, en un yiddish salpicado de flamenco, contestó con aire de dignidad: «In dezen tijd behoord de mens bij zijn geld». En los tiempos que corren el hombre no es nada sin capital. Llevaba la patria consigo en buena divisa americana: ubi dollar ibi patria. 

También la fama y el prestigio pueden temporalmente
sustituir a la patria. En las memorias de Heinrich Mann se leen estas lineas: “Alguien mencionó mi nombre al alcalde de París. Se dirigió hacia mí con los brazos extendidos: ¡C’est vous, l’auteur de l’Ange Bleul! Es la cima de la gloria”. El gran escritor contaba la anécdota con ironía, pues sin duda le había ofendido que una personalidad francesa sólo le conociese por la adaptación al cine de una novela cuyo verdadero título desconocía. Heinrich Mann vivía amparado en la patria de la fama, por más que ésta sólo asomara graciosamente en las piernas de la Dietrich.

lunes, 19 de febrero de 2018

Ningún ciudadano judío de Israel puede contraer matrimonio con persona no judía.

En Israel el derecho rabínico regula el estado y condición de los ciudadanos judíos, de modo que ninguno de ellos puede contraer matrimonio con persona no judía, y si bien los matrimonios celebrados en el extranjero son legalmente reconocidos, los hijos nacidos de matrimonios mixtos tienen la consideración jurídica de hijos naturales (es de señalar que los hijos de padres judíos que no están unidos en matrimonio tienen la consideración legal de hijos legítimos), y aquella persona cuya madre no sea judía no puede contraer matrimonio con un judío, ni tampoco recibir sepultura con las formalidades usuales en Israel. 

Esta situación jurídica, explica Hannah Arendt, ha quedado
 Hannah Arendt
más de relieve a partir de 1953, año en que una importante parte de las relaciones del derecho de familia pasó a la jurisdicción de los tribunales civiles. Ahora, por ejemplo, las mujeres tienen derecho a heredar, y, en términos generales, su estatus legal es igual al del hombre. Sin embargo el gobierno de Israel decidió abstenerse de transferir a la jurisdicción civil materias tales como el matrimonio y el divorcio, que ahora están reguladas por la ley rabínica. Los ciudadanos de Israel, tanto los que albergan convicciones religiosas como los que no, parecen estar de acuerdo en la conveniencia de que exista una prohibición de los matrimonios mixtos, y a esta razón se debe principalmente, dice Hannah Arendt,  que también estén de acuerdo en que no es aconsejable que se dicten disposiciones legales al respecto, por cuanto en ellas sería necesario hacer constar explícitamente, en palabras de claro significado, una norma de conducta que la opinión mundial seguramente no comprendería.