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miércoles, 13 de septiembre de 2023

Derrotamos a un asesino de masas con la ayuda de otro

General Jaruzelski

Para muchas personas los crímenes de Stalin no inspiran la misma reacción visceral que los crímenes de Hitler. Nadie quiere pensar que derrotamos a un asesino de masas con la ayuda de otro.Los regímenes comunistas se volvieron menos censurables a medida que pasaban los años. Nadie temía demasiado al general Jaruzelski, ni siquiera a Brézhnev, aunque ambos fueron responsables de la devastación.

El acceso a los emplazamientos de los campos soviéticos (GULAG) estaba prohibido. Ninguna cámara de televisión ha filmado nunca los campos soviéticos ni a las víctimas, como se hizo en Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. Así pues, la carencia de imágenes significa menor comprensión.Un pequeño sector de la izquierda occidental luchó por explicar, y a veces disculpar, los campos y el terror que los creó a partir de 1930.Durante los procesos de Moscú, mientras Stalin condenaba arbitrariamente a miles de inocentes miembros del partido a los campos, el dramaturgo Bertolt Brecht le decía al filósofo Sidney Hook: “Cuanto más inocentes son, más merecen morir”.En la década de 1980 todavía había académicos que continuaban hablando de las virtudes del sistema sanitario de la Alemania oriental o de las iniciativas polacas en favor de la paz; todavía había activistas que se sentían avergonzados del escándalo suscitado en torno a los disidentes de los campos de prisioneros de Europa oriental.
Después de la revolución rusa, la información oficial sobre los campos soviéticos estaba disponible para cualquiera que la deseara. Desde el comienzo los informes de los testigos presenciales del Gulag fueron rechazados e infravalorados por las mismas personas que nunca habrían puesto en cuestión la validez del testimonio sobre el Holocausto.

Referencia: Gulag de Anne Applebaum


martes, 10 de octubre de 2017

Una civilización donde la libertad, el humor y el respeto por la ley prevalecen sobre la búsqueda radical de la perfección humana.

Augusto Assía
El corresponsal en Londres del periódico de Barcelona La Vanguardia durante la Segunda Guerra Mundial, Augusto Assía, cuenta que en cierta ocasión, pudo leer un cartel oficial: “Con tu coraje, con tu decisión, con tu cortesía, ganaremos la guerra”. Assía reflexiona: cualquier país hubiese pedido valentía y determinación a los suyos; solo Inglaterra podía pedir; además, el mantenimiento de las formas. Era el signo de una civilización donde, al contrario de los regímenes totalitarios, “la libertad, el humor y el respeto por la ley prevalecen sobre la búsqueda radical de la perfección humana”. Ahí están las gracias de Inglaterra. Al terminar la contienda, Assía medita que Hitler no ha hecho sino repetir “la historia de Luis XIV, de Napoleón, del Káiser”, de todos los enemigos de la Isla. Como ellos, el nazismo tampoco iba a poder nada “contra el poder de la libertad” que, en su mejor hora, encarnó Inglaterra para el mundo.

Jorge VI
En una de las crónicas de Assía, enviada desde Londres, escribe: “Jorge VI ha enviado asimismo una postal de Navidad a cada uno de los miembros de las fuerzas de tierra, mar y aire, cualquiera que sea su rango. Los únicos militares de la Isla que no recibirán la postal de Su Majestad británica son los prisioneros alemanes; pero estos han recibido, en cambio, tantos regalos de ingleses anónimos y sentimentales que no serán de los que pasen peor las fiestas. En todos los campos de prisioneros se han instalado árboles de Noel y un menú especial, a la alemana, les ha sido confeccionado. Respecto a los regalos, tantos recibieron, que un general inglés se consideró obligado a decir por la radio que era excesivo y recomendaba a los donantes que pensaran un poco menos en los prisioneros y un poco más en las viudas y los huérfanos de las víctimas que está produciendo la guerra submarina”.