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miércoles, 13 de noviembre de 2024

Con Pyongyang se han cumplido los peores augurios

Florentino Rodao escribe en La soledad del país vulnerable que el “problema estrella es Corea del Norte. Con Pyongyang se han cumplido los peores augurios y no solo ha habido sobresaltos y temores, sino que se han traspasado algunos límites. Lo que podía ir mal, fue peor. Al comenzar la década se produjeron los incidentes más graves con Seúl desde que en 1953 se firmó el armisticio. Primero, cuando un buque de guerra surcoreano, el Cheonan, fue hundido mientras navegaba por una zona reclamada por Corea del Norte, con un saldo de 46 tripulantes muertos de un total de 104. Después, cuando Pyongyang bombardeó una isla reclamada por ambos países, Yeonpyeong, y provocó cuatro muertos. Además, Kim Jong-Il, hijo del gran líder de la patria norcoreana, encargó miles de cañones con tecnología moderna para mejorar la puntería y aumentar el rango de sus disparos en caso de ataque directo a Corea del Sur. Desde 2012, Kim Jong-un, el nieto de una sucesión seudomonárquica, ha lanzado más misiles y ha generado más terror que su padre y su abuelo juntos con la intención aparente de ser un país normal, reconocido (y financiado) por otros Estados tras la firma de un Tratado de Paz. En 2017, el estrés estuvo a flor de piel. Tras implicarse por primera vez Beijing en las sanciones, dejando de comprar carbón norcoreano y restringiendo las ventas de gasolina y diésel, la llegada de Donald Trump a la presidencia estadounidense pareció legitimar una escalada de tensión sin límites. Pyongyang no se amilanó, en parte porque ha podido demostrar que su programa de misiles y su proyecto de bomba atómica han dado un salto cualitativo, al menos aparente. Lo primero lo demostró con dos misiles que sobrevolaron Hokkaidō y cayeron al océano Pacífico, el segundo de ellos alcanzando una distancia de 3.700 kilómetros y 770 metros de altura, mil kilómetros más de distancia y 220 metros más de altura que el anterior. Pyongyang demostró que había fabricado sus primeros misiles balísticos intercontinentales (ICBM), capaces de atacar las instalaciones estadounidenses en Guam, pero también de llegar al continente americano. Lo segundo, tras provocar una explosión subterránea equiparable a la que pudiera provocar un terremoto de magnitud 6,3, que multiplicaba por diez las explosiones previas, al parecer por tratarse de una bomba de hidrógeno. Con estos datos, una agresión nuclear norcoreana ha pasado a ser factible. El escenario más probable sería un ataque a Corea del Sur, en particular a los 28.500 militares estadounidenses desplegados en la península, pero también sería posible que Japón sea su objetivo; no es impensable, pues varios de los misiles norcoreanos ya han sobrevolado su territorio. Las relaciones bilaterales con Corea del Norte, el armamento nuclear, las necesidades de dinero y el extremo propagandismo del régimen de Kim Jong-un han formado un mix de difícil solución. En especial por parte de Japón, que ha experimentado vaivenes entre la dureza y las esperanzas de evolución interna del régimen norcoreano, pero que ha sido el país con una postura más beligerante ante lo que parece el objetivo de Pyongyang, el reconocimiento de su régimen. La mejora de la relación entre Seúl y Tokio es la consecuencia más evidente de su mutua tensión con Pyongyang. De hecho, gracias a la mediación estadounidense, en diciembre de 2015 se llegó a una decisión histórica al reconocer Japón de forma fehaciente la implicación del Ejército Imperial en las llamadas “esclavas del placer”, las mujeres coreanas forzadas a prostituirse durante la segunda guerra mundial. La compensación del gobierno japonés de 1.000 millones de yenes (unos 7,7 millones de euros) a un fondo administrado por el gobierno deja claro el comportamiento deshonesto del Estado y contribuyó a que esas mujeres recuperaran la dignidad.”

viernes, 5 de abril de 2024

Japón ha sorprendido a propios y extraños

Japón ha sorprendido a propios y extraños desde 1945. Con una pobreza tan tremenda y una inflación galopante, pocos podían pensar que Japón esquivaría los conflictos en su entorno. Pocos podían imaginar que su derrota a manos de Estados Unidos sería el aval de su progreso futuro. Cuando en 1955 se fundó el Partido Liberal Democrático, nadie hubiera apostado que apenas estaría cinco años sin ejercer el poder, más que cualquier otro del mundo democrático. Después de asombrar su audaz manejo de las crisis económicas previas, nadie pensaba que, tras estallar la economía de la burbuja, el marasmo perduraría más de una década. No es fácil comprender cómo un país tan conservador y de derechas llevó a cabo políticas socialdemócratas y alcanzó semejante igualitarismo. Era difícil suponer que, habiendo sido atacado con dos bombas atómicas, Japón sufriría el accidente nuclear más dañino de la humanidad. Pocos podían pensar que Japón solventaría el declive de su producción de alimentos exportando los suyos a precios estratosféricos. O, por último, la imagen del japonés ordenado, metódico y previsible tiene poco que ver con la creatividad que destilan las obras de sus artistas y de sus industrias del manga y del anime. Japón es una sorpresa continua que va prestando ideas, modas, narrativas, formas de vida, sabores, ideas, conceptos, experiencias y enfoques novedosos.
La élite nipona retrasó la derrota con el fin de salvar a la monarquía
Tras la rendición de agosto de 1945, Japón se enfrentó a la paz sin saber exactamente ni quién le dominaría (hubo dos rendiciones, una dirigida a Estados Unidos y otra, dos días más tarde, a los soviéticos) ni en qué términos se le impondría la paz. Y el resultado fue tan inesperado como el comienzo. Los dos países se convirtieron en aliados y acabaron marchando en una misma dirección, en parte por el contexto internacional, pero también por la intención de ambos bandos de confraternizar y olvidar el odio de la guerra. No se produjo un solo asesinato de un soldado ocupante en esos años. Para el gobierno japonés, las bombas atómicas cambiaron la narrativa. La ciencia allanaba una derrota más aceptable, pues permitía culpar a los militares solo indirectamente de la derrota, y además porque señalaba un camino de futuro mucho más apropiado que los eslóganes patrioteros.Las bombas permitieron esconder el hambre y la creciente desmoralización de una población que huía en desbandada de las ciudades, para sorpresa de las autoridades, y de una élite consciente de la inutilidad de la resistencia.La nueva narrativa asociada al poder material y el desarrollo científico contrastaba con esas burdas lanzas de bambú para defenderse, y el emperador, biólogo él mismo, insistió también en ese salto cualitativo, enfatizando la capacidad destructiva de las nuevas “bombas crueles”, que podrían extinguir no solo a la nación japonesa sino incluso a la civilización humana.
Referencia: La soledad del país vulnerable (Florentino Rodao)

sábado, 15 de abril de 2023

A partir de la Primera Guerra Mundial la guerra pasa a ser total

A partir de la Primera Guerra Mundial la guerra pasa a ser total y el aniquilamiento del adversario se entendía como destrucción física de combatientes y no combatientes. Así, el uso masivo de gases, de artillería, de bombardeos aéreos y torpedeo de barcos de pasajeros eran indicadores de una nueva época. Sin embargo, en esta ocasión fueron los límites tecnológicos los que acotaron la barbarie. La primera Guerra Mundial se estancó en las trincheras y la población civil cercana a los frentes fue la que más duramente sufrió la guerra. Pero en la retaguardia no se vivieron, en general, las acciones de guerra.La Segunda Guerra Mundial comenzó y terminó con un carácter de guerra total. En esta ocasión, el desarrollo tecnocientífico no frenó la extensión del conflicto en el ámbito civil, sino que lo potenció.  En cuanto a las matanzas militares sobre civiles, todos los contendientes las practicaron a conciencia. Los alemanes realizaron bombardeos masivos contra Rotterdam, Londres, Coventry, Belgrado, etc. A su vez, la fuerza aérea estadounidense atacó los territorios controlados por los alemanes con bombardeos masivos diurnos de precisión que tenían como objetivo destruir las fábricas y el potencial económico y productivo alemán, pese a que en la práctica afectaban a ciudades enteras. Los británicos se especializaron en ataques nocturnos masivos e indiscriminados contra las ciudades alemanas, que tenían como objetivo provocar el pánico y causar la desmoralización de la población civil. Ciudades como Hamburgo y Berlín sufrieron bombardeos terribles que provocaron miles de víctimas civiles. Especialmente emblemático fue el ataque a Dresde, en el curso del cual la ciudad fue borrada del mapa y con ella sus habitantes. El bombardeo más terrorífico de toda la historia de la humanidad fue el que sufrió Tokio, la capital de Japón, la noche del 9 al 10 de marzo. Unos 279 bombarderos norteamericanos lanzaron toneladas de bombas incendiarias sobre la ciudad, sabiendo que sus edificios estaban mayoritariamente hechos de madera. Una tormenta de fuego aniquiló a más de 100.000 personas, un número de bajas superior al que provocaron los ataques atómicos. Finalmente, el colofón de la guerra total fue el lanzamiento de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (Gordin, 2009). Al precio de miles de víctimas japonesas civiles, los estadounidenses se ahorraron una sangrienta campaña de conquista en las islas japonesas que ya había tenido sus precedentes en Okinawa.

Guerras, soldados y máquinas (F. Xavier Hernàndez Cardona y Xavier Rubio Campillo)


lunes, 7 de febrero de 2022

No se puede ganar una guerra nuclear


Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, se comprometieron a "evitar una proliferación de armas nucleares" reafirmando así el famoso y solemne compromiso pronunciado por Ronald Reagan y Mijail Gorbachov en 1985. "Afirmamos que no se puede ganar una guerra nuclear y que nunca debe librarse", señalaron los cinco países firmantes, recalcando que "mientras existan las armas nucleares, deben utilizarse con fines defensivos, de disuasión y de prevención de la guerra”.


India, Pakistán y Corea del Norte han admitido explícitamente poseer o haber probado armas nucleares, mientras que se dice que Israel está en posesión de bombas atómicas, aunque nunca lo confirmaron. El objetivo, manifiestan las cinco potencias, sigue siendo el de "un mundo libre de armas nucleares". Y "considerando las consecuencias que causaría el uso de armas atómicas, afirmamos también que, mientras existan, solo deben tener fines defensivos, disuasorios y de prevención de la guerra. Estamos firmemente convencidos de la necesidad de prevenir la proliferación de estas armas”. Por tanto, los firmantes reiteraron su "determinación de respetar las obligaciones del Tratado de No Proliferación, en particular la de proseguir las negociaciones que conduzcan lo antes posible a la adopción de medidas eficaces para poner fin a la carrera de armamentos nucleares, el desarme nuclear y un tratado de desarme general y completo bajo un control internacional". 

miércoles, 6 de octubre de 2021

Después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki los físicos han conocido el pecado

Proyecto Manhattan

En 1939 Albert Einstein, que como judío se había visto obligado a huir a EE. UU. desde la Alemania nazi, escribió al presidente Roosevelt para advertirle de que era posible que los alemanes ya estuvieran trabajando en armas nucleares. En consecuencia, Roosevelt autorizó el Proyecto Manhattan, que en el más completo secreto reunió un equipo de los mejores físicos e ingenieros del mundo para desarrollar una bomba atómica. El primer artefacto fue probado en el desierto de Nuevo México el 16 de julio de 1945, provocando que el director del Proyecto, Robert J. Oppenheimer, citase una verso del antiguo poema hindú del Bhagadvad Gita: “Me he convertido en muerte, el destructor de mundos”. 

Julius Robert Oppenheimer

Julius Robert Oppenheimer, una de las personas a menudo nombradas como “padre de la bomba atómica”, señaló dos años después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki que ”los físicos han conocido el pecado; y éste es un conocimiento que no pueden olvidar”.

domingo, 11 de agosto de 2019

El Milagro de Hiroshima

Hiroshima después de la bomba

El 6 de agosto de 1945 cuatro sacerdotes jesuitas alemanes sobrevivieron a la catástrofe que ocasionó la bomba "Little Boy", pese a que explotó muy cerca de donde estaban; incluso la radiación, que mató a otras miles de personas en los meses siguientes, no tuvo efecto en ellos. Esta historia, documentada por historiadores y médicos, es conocida como el Milagro de Hiroshima.

Los jesuitas que sobrevivieron.
Los jesuitas Hugo Lassalle, superior en Japón, Hubert Schiffer, Wilhelm Kleinsorge y Hubert Cieslik, se encontraban en la casa parroquial de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, uno de los pocos edificios que resistió a la bomba. En el momento de la explosión, uno de ellos se encontraba celebrando la Eucaristía, otro desayunaba y el resto en las dependencias de la parroquia. Según escribió el propio P. Hubert Cieslik en un diario, únicamente sufrieron daños menores producto de cristales rotos, pero ninguno a consecuencia de la energía atómica liberada por la bomba. Fueron examinados por decenas de médicos, unas 200 veces a lo largo de los años posteriores y no se halló en sus cuerpos rastro alguno de la radiación.


En Hiroshima y Nagasaki murieron unas 246 mil personas, la mitad en el momento del impacto de las bombas y el resto en las semanas posteriores por los efectos de la radiación.

domingo, 29 de julio de 2018

El padre Wilhelm Kleinsorge (1).

*En la mañana de la explosión de la bomba atómica en Hiroshima, el padre Wilhelm Kleinsorge, de la Compañía de Jesús, celebró la misa en la capilla de la misión, un pequeño edificio de madera estilo japonés que no tenía bancos, puesto que sus feligreses se ponían de rodillas sobre las acostumbradas esteras japonesas, de cara a un altar adornado con sedas espléndidas, bronce, plata, bordados finos.

Después de un terrible relámpago el padre Kleinsorge tuvo apenas tiempo (puesto que se encontraba a 1.280 metros del centro) para un pensamiento, una bomba nos ha caído encima. Entonces, durante algunos segundos o quizás minutos, perdió la conciencia. El padre Kleinsorge nunca supo cómo salió de la casa. Cuando volvió en sí, se encontraba vagabundeando en ropa interior por los jardines de hortalizas de la misión, sangrando levemente por pequeños cortes a lo largo de su flanco izquierdo; se dio cuenta de que todos los edificios de los alrededores se habían caído, excepto la misión de los jesuitas. Se dio cuenta de que el día se había oscurecido; y de que Murata-san, el ama de llaves, se encontraba cerca, gritando: “Shu Jesusu, awaremi tamai! ¡Jesús, señor nuestro, ten piedad de nosotros!”.

El padre Kleinsorge entró a buscar algunas cosas que quería rescatar.  Un botiquín de primeros auxilios colgaba de un gancho en la pared, tal cual había estado siempre; pero sus ropas, que colgaban de otros ganchos cercanos, habían desaparecido. Su escritorio estaba roto en pedazos y desparramado por la habitación, pero una simple maleta de papier-mâché que había escondido bajo el escritorio estaba al lado de la puerta, donde no hubiera podido no verla, con la manija hacia arriba y sin un rasguño. Después, el padre Kleinsorge empezó a considerar estos hechos como una especie de interferencia divina, en cuanto a que la maleta contenía su breviario, los libros de contabilidad de la diócesis entera y una considerable cantidad de dinero en efectivo perteneciente a la misión y del cual él era responsable. Salió corriendo de la casa y depositó la maleta en el refugio antiaéreo de la misión.

El padre Kleinsorge se dio vuelta hacia el padre La Salle y,
sin que viniera al caso, le dijo: “Hemos perdido todo lo que teníamos, salvo el sentido del humor”. La calle estaba atestada con partes de casas, con cables y postes de teléfono caídos. Cada dos o tres casas les llegaban las voces de gente enterrada y abandonada que invariablemente gritaba, con cortesía formal: “Tasukete kure! ¡Auxilio, si son tan amables!”. Los sacerdotes reconocieron varias ruinas: eran hogares de amigos, pero debido al fuego era ya demasiado tarde para ayudar.

Para un occidental como el padre Kleinsorge, el silencio en el bosquecillo junto al río, donde cientos de personas gravemente heridas sufrían juntas, fue uno de los fenómenos más atroces e imponentes que jamás había
vivido. Los heridos guardaban silencio; nadie lloraba, mucho menos gritaba de dolor; nadie se quejaba; de los muchos que murieron, ninguno murió ruidosamente; ni siquiera los niños lloraban; pocos hablaban siquiera. Y cuando el padre Kleinsorge dio a beber agua a algunos cuyas caras estaban cubiertas casi por completo por las quemaduras, bebían su ración y enseguida se levantaban un poco y hacían una venia de gratitud.

El señor Tanimoto leyó en voz alta un pasaje de una Biblia de bolsillo en japonés: “Pues mil años en Tu presencia son como el ayer cuando han pasado, como un centinela en la noche. Te llevas a los hijos de los hombres como un diluvio; ellos son como el sueño; en la mañana son como la verde hierba que crece. En la mañana florece y crece; en la tarde es cortada, y se marchita. Pues Tu ira nos consume y por Tu ira nos inquietamos. Ante Ti has llevado nuestras iniquidades; ante la luz de Tu rostro, nuestros pecados secretos. Pues en Tu ira pasan nuestros días todos: vivimos nuestros años como un cuento…”. El señor Tanaka murió mientras Tanimoto leía el salmo.

Dos minutos después de las once de la mañana del 9 de agosto, la segunda bomba atómica cayó, esta vez sobre Nagasaki.


*Hiroshima (John Hersey)

sábado, 31 de marzo de 2018

Lluvia negra.

Lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima
El 6 de Agosto de 1945 una bomba atómica de uranio enriquecido explotó a una altura de 600 metros sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. La explosión, equivalente a 16.000 toneladas de TNT, creó una onda de calor de unos 300.000 grados centígrados, una potente onda de choque y un estallido de radiación gamma. Los edificios de madera de la ciudad entraron en combustión, y casi todas las personas que estaban dentro de un radio de un kilómetro y medio del centro de la explosión (el hipocentro) murieron inmediatamente. Los potentes incendios que devoraron la
ciudad crearon corrientes de aire caliente que elevaron a la atmósfera algunos de los 200 isótopos radiactivos que creó la detonación. El resultado fue una lluvia radiactiva que esparció la contaminación, la llamada “lluvia negra”. Con aquella explosión, se cree que murieron unas 100.000 personas. Otras 10.000 lo harían en los dos años siguientes.

Masuji Ibuse en su libro “Lluvia negra” cuenta que los heridos estaban tumbados de cualquier forma sobre el tatami, pero era imposible identificarlos porque no había ni uno solo que no tuviera el rostro totalmente desfigurado por las quemaduras. Uno de ellos tenía el cráneo pelado como un huevo, y apenas le quedaba en él más que una leve tira de piel normal; al parecer, había tenido una toalla de algodón enrollada en su frente y sus mejillas colgaban como los senos de una anciana.

Los propios médicos, dice Masuji Ibuse, eran reacio a
arriesgarse a tratar a los pacientes de una enfermedad cuyos orígenes desconocía. Sin poder explicarse la causa de sus sufrimientos más que por el dolor de las quemaduras, inyectó a seis de los heridos un medicamento llamado Pantopon, que les alivió temporalmente de los dolores. Los síntomas de la enfermedad de la radiación empezaban normalmente con una sensación de adormecimiento y pesadez de los miembros, cuyo origen era desconocido. Al cabo de unos días, el pelo se caía a puñados y los dientes se aflojaban y terminaban por caerse también. Por último, se declaraba un paro respiratorio y el paciente moría. Cuando se sentía el adormecimiento en los primeros estadios de la enfermedad, lo primero que había que hacer era descansar y comer bien. Quienes seguían trabajando se iban poniendo mustios, como los pinos transplantados por jardineros torpes, hasta que finalmente fallecían.

Las fotografías fueron tomadas los días posteriores al estallido de la bomba atómica en Hiroshima.
La enfermedad se manifestaba en una parte concreta del cuerpo, y se caracterizaba por provocar dolores atroces. El dolor que se sentía en los hombros y la espalda era, también, incomparablemente peor que el de cualquier otra enfermedad.

sábado, 2 de julio de 2016

En la segunda guerra mundial se atacaron por primera vez en la historia objetivos civiles.

Por primera vez en la historia se atacaron objetivos civiles (Londres).
Una de las novedades que nos trajo la segunda guerra mundial fue que por primera vez en la historia se atacaron objetivos civiles que se encontraban alejados de los frentes bélicos. Tal vez todos los países enfrentados cometieron delitos de lesa humanidad.

Nagasaki el día después.
En Japón, Hiroshima fue reducida a polvo por la primera bomba atómica, y parte de Nagasaki lo fue también por la segunda. Tokio no fue bombardeada sino por medios convencionales, pero gran parte de sus edificios quedaron destruidos. También en el bando contrario hubo grandes destrucciones. La primera ciudad en ser borrada del mapa fue Coventry, centro industrial británico, arrasada por los aviones alemanes en 1.940. También Londres sufrió grandes daños, lo mismo que Rotterdam. Stalingrado, la ciudad rusa donde se registró la más tremenda batalla urbana de la guerra, quedó convertida en un montón de ruinas. 
Roma, declarada “ciudad abierta”.

De las grandes capitales, solo París, por un milagro de última hora, y Roma, declarada “ciudad abierta” por intercesión del papa Pío XII, quedaron prácticamente incólumes.