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domingo, 9 de agosto de 2026

Songbun

El conocido como songbun (palabra que significa origen o ingrediente en coreano y es parte de la expresión chulsin songbun u “origen familiar”) condiciona todos los aspectos de la vida de un norcoreano; desde su lugar de nacimiento y las regiones que puede visitar hasta su acceso a comida y medicinas, sus posibilidades de estudiar o el trabajo que le asigna el Estado.
“Songbun es el sistema en el que tu valor se mide por los méritos o las faltas de tus antepasados y familiares”, explica la activista y académica Yeonmi Park, autora del libro autobiográfico “Escapar para vivir, el viaje de una joven norcoreana hacia la libertad”.
El fundador y primer presidente de Corea del Norte, Kim Il-sung (abuelo del actual líder Kim Jong-un) consolidó la dictadura del proletariado bajo un sistema de fuerte influencia estalinista, con una intensa vigilancia ideológica y frecuentes purgas.Y algunas personas y familias eran más sospechosas que otras.Excombatientes que lucharon contra Japón o contra el Sur, miembros del Partido Comunista, antiguos jornaleros sin tierra y obreros, entre otros, pasaron a conformar la dirigencia y la clase privilegiada en el país.Grandes y pequeños terratenientes, comerciantes, religiosos, personas con parientes surcoreanos o que lucharan del otro lado en la guerra eran señalados como posibles traidores.A su manera, Kim Il-sung revivió y adaptó al comunismo el sistema de castas confucianista de la antigua Joseon, como se conocía a Corea entre los siglos XIV y finales del XIX, y el mismo nombre con el que el régimen norcoreano se autodenomina oficialmente hasta hoy (República Popular Democrática de Joseon).
La mayoría de los académicos y norcoreanos que han logrado huir del país distinguen tres estamentos en el songbun, mientras otros reconocen dos adicionales dentro de esa misma clasificación, dividida a su vez en unas cincuenta subcategorías.Los norcoreanos de la “casta” superior se clasifican como haeksim (significa “núcleo”) y se les considera ciudadanos dignos de confianza y leales a los Kim.
Son descendientes de quienes lucharon contra la colonización japonesa y luego contra el Sur en la Guerra de Corea, miembros o autoridades del partido único y familias de origen obrero o campesino con un historial de lealtad intachable durante décadas.
Estos disfrutan de los mayores privilegios en la sociedad norcoreana; viven en los municipios más desarrollados, estudian en la universidad, se les asignan los mejores trabajos y son atendidos en los principales hospitales.Otra prebenda importante para la clase alta es residir en la capital, Pyongyang, cuyos 3 millones de habitantes (aproximadamente un 12% de la población norcoreana) pertenecen en su gran mayoría al estamento haeksim, según expertos.“Pyongyang es el único lugar en Corea del Norte donde realmente se practica el socialismo y la gente recibe servicios del Estado”, asegura Yeonmi Park. Dentro de los haeksim, explica Park, hay una franja superior compuesta por familias cercanas a los círculos de poder de Pyongyang que incluso pueden viajar al extranjero y enviar a sus hijos a estudiar a China, Rusia o Europa.
La antítesis de la clase privilegiada son los ciudadanos considerados “hostiles”, a quienes se llama choktae. Se considera que su sangre está “contaminada” por ser descendientes de terratenientes, comerciantes, cristianos o colaboradores del imperio japonés durante la ocupación o del Sur en la Guerra de Corea. Es decir, los enemigos tradicionales del régimen comunista norcoreano.“En el songbun no hay ascensos, solo degradaciones, por lo que si uno de ellos tenía un estatus más alto, al casarse automáticamente se equiparará al de su cónyuge que lo tenía más bajo”, indica Park.Por eso, asegura, en Corea del Norte es extremadamente inusual un matrimonio entre una persona “confiable” y otra de rango intermedio, o entre intermedia y “hostil”, ya que esto empeoraría las condiciones de vida de la familia de la primera y las siguientes generaciones.
¿Y qué consigue el régimen de los Kim con el songbun? Básicamente, apunta la activista norcoreana, un exhaustivo control social. “Refuerza la idea de que si alguien hace algo mal en tu familia, todos son responsables. Uno no es responsable de sí mismo, de su propio comportamiento, sino del grupo. Así acaban con el individualismo y previenen el menor atisbo de disidencia”.


miércoles, 13 de noviembre de 2024

Con Pyongyang se han cumplido los peores augurios

Florentino Rodao escribe en La soledad del país vulnerable que el “problema estrella es Corea del Norte. Con Pyongyang se han cumplido los peores augurios y no solo ha habido sobresaltos y temores, sino que se han traspasado algunos límites. Lo que podía ir mal, fue peor. Al comenzar la década se produjeron los incidentes más graves con Seúl desde que en 1953 se firmó el armisticio. Primero, cuando un buque de guerra surcoreano, el Cheonan, fue hundido mientras navegaba por una zona reclamada por Corea del Norte, con un saldo de 46 tripulantes muertos de un total de 104. Después, cuando Pyongyang bombardeó una isla reclamada por ambos países, Yeonpyeong, y provocó cuatro muertos. Además, Kim Jong-Il, hijo del gran líder de la patria norcoreana, encargó miles de cañones con tecnología moderna para mejorar la puntería y aumentar el rango de sus disparos en caso de ataque directo a Corea del Sur. Desde 2012, Kim Jong-un, el nieto de una sucesión seudomonárquica, ha lanzado más misiles y ha generado más terror que su padre y su abuelo juntos con la intención aparente de ser un país normal, reconocido (y financiado) por otros Estados tras la firma de un Tratado de Paz. En 2017, el estrés estuvo a flor de piel. Tras implicarse por primera vez Beijing en las sanciones, dejando de comprar carbón norcoreano y restringiendo las ventas de gasolina y diésel, la llegada de Donald Trump a la presidencia estadounidense pareció legitimar una escalada de tensión sin límites. Pyongyang no se amilanó, en parte porque ha podido demostrar que su programa de misiles y su proyecto de bomba atómica han dado un salto cualitativo, al menos aparente. Lo primero lo demostró con dos misiles que sobrevolaron Hokkaidō y cayeron al océano Pacífico, el segundo de ellos alcanzando una distancia de 3.700 kilómetros y 770 metros de altura, mil kilómetros más de distancia y 220 metros más de altura que el anterior. Pyongyang demostró que había fabricado sus primeros misiles balísticos intercontinentales (ICBM), capaces de atacar las instalaciones estadounidenses en Guam, pero también de llegar al continente americano. Lo segundo, tras provocar una explosión subterránea equiparable a la que pudiera provocar un terremoto de magnitud 6,3, que multiplicaba por diez las explosiones previas, al parecer por tratarse de una bomba de hidrógeno. Con estos datos, una agresión nuclear norcoreana ha pasado a ser factible. El escenario más probable sería un ataque a Corea del Sur, en particular a los 28.500 militares estadounidenses desplegados en la península, pero también sería posible que Japón sea su objetivo; no es impensable, pues varios de los misiles norcoreanos ya han sobrevolado su territorio. Las relaciones bilaterales con Corea del Norte, el armamento nuclear, las necesidades de dinero y el extremo propagandismo del régimen de Kim Jong-un han formado un mix de difícil solución. En especial por parte de Japón, que ha experimentado vaivenes entre la dureza y las esperanzas de evolución interna del régimen norcoreano, pero que ha sido el país con una postura más beligerante ante lo que parece el objetivo de Pyongyang, el reconocimiento de su régimen. La mejora de la relación entre Seúl y Tokio es la consecuencia más evidente de su mutua tensión con Pyongyang. De hecho, gracias a la mediación estadounidense, en diciembre de 2015 se llegó a una decisión histórica al reconocer Japón de forma fehaciente la implicación del Ejército Imperial en las llamadas “esclavas del placer”, las mujeres coreanas forzadas a prostituirse durante la segunda guerra mundial. La compensación del gobierno japonés de 1.000 millones de yenes (unos 7,7 millones de euros) a un fondo administrado por el gobierno deja claro el comportamiento deshonesto del Estado y contribuyó a que esas mujeres recuperaran la dignidad.”

lunes, 24 de enero de 2022

La influencia de la cultura popular surcoreana y los estándares de vida es una amenaza para el sistema norcoreano


En los últimos 10 años,  Corea del Norte ha llevado a cabo al menos 27 ejecuciones públicas. El dato se desprende de un informe publicado por la ONG surcoreana Transitional Justice Working Group (TJWG), que traza un mapa de los asesinatos ocurridos bajo el régimen de Kim Jong-un. La organización humanitaria entrevistó a 683 refugiados norcoreanos que llegaron al Sur entre 1990 y 2019. Según sus testimonios, desde 2011 hasta 2018, siete personas fueron ejecutadas por ver o distribuir vídeos surcoreanos, cinco por delitos de drogas, otras cinco por prostitución, cuatro por tráfico de personas, tres por homicidio o intento de homicidio y tres por actos obscenos. Según el informe, un pelotón ejecutó la mayoría de las sentencias de muerte, con tres soldados que dispararon tres veces cada uno a los prisioneros.



"Pyongyang considera que la influencia de la cultura popular surcoreana y su representación de estándares de vida más elevados es una amenaza existencial para el sistema norcoreano", comenta Kevin Gray, profesor de la Universidad de Sussex. En consecuencia, el consumo de los medios de comunicación surcoreanos "puede poner a prueba los fundamentos del régimen”. Un notable cambio bajo el régimen de Kim Jong-un, continúa el informe de TJWG, es el creciente uso de los indultos: "De 2012 a 2015, algunos testigos indicaron que Kim trató de crear una imagen pública de líder benévolo a través de la concesión de indultos", afirma el documento. En los últimos años, Pyongyang ha puesto fin a las ejecuciones en sus fronteras y en instalaciones detectables por los satélites. Esto no quiere decir que no se hayan producido ejecuciones desde 2018, al contrario, los analistas coinciden en que el número de asesinatos podría ser mucho mayor. "Los resultados sugieren que el régimen de Kim Jong-un está prestando más atención a la creciente vigilancia internacional sobre la situación de los derechos humanos en el país", dice el investigador de TJWG Pak Ahyeong."Pero esto no implica un mejoramiento de la situación de los derechos humanos en Corea del Norte. Las ejecuciones privadas deben ser monitoreadas de cerca".

miércoles, 17 de junio de 2020

Corea del Norte amenaza con acciones aterradoras durante las elecciones presidenciales en los Estados Unidos




El periódico del gobierno norcoreano, Rodong Sinmun escribió que el pueblo de Corea del Norte está “airado” con sus primos del Sur, a quienes culpa por no haber impedido que grupos de disidentes norcoreanos hicieran caer del aire, al otro lado de la frontera, volantes en los que se difama al régimen de Kim Jong-un.  Pyongyang interrumpió las comunicaciones militares y diplomáticas con el Sur, como represalia por el lanzamiento, mediante globos aerostáticos , de material de propaganda. Para Corea del Norte, con ello, Seúl ha violado los acuerdos de paz del 2018 y debe ser tratada como un “enemigo”. Kim Yo-jong, hermana del hombre fuerte de Pyonyang, ha prometido ulteriores represalias. Los norcoreanos podrían desmantelar el área industrial intercoreana de Kaesong, que se encuentra clausurada desde el 2016, tras comprobarse un ensayo con misiles. 


Si la administración Trump no deja de inmiscuirse en los asuntos intercoreanos, Corea del Norte está dispuesta a tomar acciones “aterradoras” durante las elecciones presidenciales de noviembre en los Estados Unidos. Fueron las declaraciones de Kwon Jong-gun, el director del Departamento de asuntos americanos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Pyongyang, sin brindar ulteriores detalles. En su amenaza, el alto funcionario norcoreano aludió al disgusto expresado por Washington por la decisión de Corea del Norte, de interrumpir las comunicaciones militares y diplomáticas con el Sur.