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viernes, 14 de agosto de 2020

Postergar no resuelve los conflictos



Postergar no resuelve los conflictos; es más, los agrava, por eso cuanto antes nos demos cuenta de que no debemos seguir escondiendo nuestros sentimientos por temor a la desaprobación o al juicio crítico de quien se ha apropiado de nuestra identidad, más estaremos cuidando nuestra salud mental y nuestro equilibrio emocional. No hay relación del tipo que sea que no presente conflictos a medida que el tiempo va transcurriendo. Esto está implícito en la naturaleza humana, y hasta cierto punto es positivo y constructivo que los seres humanos tengan posiciones y posturas diferentes frente a un mismo tema. Las cosas se complican cuando uno de ellos se cree el dueño de la verdad y ejerce un poder ilimitado sobre los demás, intentando por todos los medios imponer su criterio a cualquier precio.Los conflictos que no se resuelven generan un alejamiento progresivo entre las personas, que sienten que se abre una brecha cada vez mayor entre ellos en la medida que no logran entenderse. Se sobreentiende que para poder resolver cualquier tipo de conflicto se requiere, en primera instancia, que ambas partes estén dispuestas a revisar su posición y luego a negociar una solución que sea satisfactoria, permitiendo de esa manera tener la sensación de que ha habido un avance en la comunicación que se ha establecido, escribe el médico Walter Dresel.


Una estrategia adecuada, añade Walter Dresel, será no responder en los momentos en que la ira gana nuestra mente, sino esperar a que los ánimos se aplaquen para luego, con mesura y con la serenidad necesaria, tratar de utilizar nuestras mejores habilidades para comunicar y negociar aquellos aspectos en los que nos sentimos avasallados.

jueves, 18 de mayo de 2017

Incompetencia militar.

Contestando a un programa de televisión diré con Dixon que sólo los más ciegos podrían negar que la primera guerra mundial constituye una serie de ejemplos de todos los aspectos posibles de la incompetencia de los niveles militares más altos. Seguramente no hay nada que pueda compararse a esta guerra en cuanto a pura ausencia de imaginación, ineptitud de las decisiones, ignorancia del espionaje militar, subestimación del enemigo, optimismo ilusorio y monumentalidad del despilfarro de recursos humanos. En una época en la que se ha puesto de moda criticar y poner en duda el principio de autoridad, puede parecer extraño que hace apenas sesenta años millones de seres humanos que vivían en condiciones indescriptibles pudieran, con un valor, fortaleza y ánimos que exceden los límites de la comprensión humana, obedecer dócilmente decisiones mortales de generales bien alimentados y confortablemente alojados a muchos kilómetros de los lugares en los que sus decisiones se transformaban en diversas formas de muerte inútil.