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jueves, 12 de septiembre de 2024

La crisis económica también ha alcanzado a algunas personas y familias ricas

Según Emmanuel Saez, profesor de Economía en Berkeley, la crisis de 2008 provocó una caída del 36,3 por ciento en las rentas de ese 1 por ciento frente a una caída del 11,6 por ciento para el 99 por ciento restante. Steven Kaplan, de la Universidad de Chicago, ha calculado que la proporción de rentas correspondiente al 1 por ciento más rico pasó de su máximo del 23,5 por ciento de las rentas totales en 2007 al 17,6 por ciento en 2009, y siguió cayendo en los años posteriores, según demuestran los datos de Saez. Y tal como Robert Frank escribió en The Wall Street Journal, “los que ganan más dinero también son los que sufren las caídas más fuertes. El número de estadounidenses que ganaron 1 millón de dólares o más se redujo un 40 por ciento entre 2007 y 2009 para quedarse en 236.883, y el conjunto de sus ingresos cayó casi un 50 por ciento, mucho más que la reducción de las rentas totales de quienes ganan cincuenta mil dólares o menos, inferior al 2 por ciento, según las cifras de Hacienda”. Todo esto no quiere decir, por supuesto, que la concentración de rentas y riqueza en muchas democracias avanzadas, y en especial en Estados Unidos, no haya aumentado de forma espectacular. El crecimiento de las desigualdades ha sido brutal. Pero ese hecho no debe impedirnos ver que la crisis económica también ha alcanzado a algunas personas y familias ricas que, como consecuencia, han experimentado un declive considerable de su fortuna y su poder económico.
En 1992, el consejero delegado de una empresa de las quinientas más grandes según la revista Fortune tenía un 36 por ciento de probabilidades de conservar su puesto durante cinco años; en 1998, esa probabilidad había bajado el 25 por ciento. En 2005, la permanencia media de un consejero delegado estadounidense había descendido de diez a seis años. Y es una tendencia mundial. En 2012, el 15 por ciento de los consejeros delegados de las dos mil quinientas mayores empresas con cotización en bolsa de todo el mundo dejaron sus puestos. Hasta en Japón, famoso por su relativa estabilidad corporativa, la sucesión forzosa de los directivos de las grandes empresas se cuadruplicó en 2008. Lo mismo sucede con las empresas. En 1980, una compañía estadounidense que estuviera entre el 5 por ciento de las mejores de su sector no tenía más que un 10 por ciento de riesgo de perder esa posición en un plazo de cinco años. Veinte años después, la probabilidad había ascendido al 25 por ciento.

miércoles, 4 de octubre de 2023

Un hombre que se afilia a un partido somete su pensamiento a la autoridad del partido

Stanley G. Payne decía que, “la situación política en España es desastrosa”; José T. Raga: “cualquier relato de la España actual, hecho a alguien ajeno a nuestra tierra, seguramente provocará el mayor de los asombros”; Alfonso Ussía: “hoy España es una nación gobernada por sinvergüenzas y traidores, y con una oposición que no sirve”; “la desvergüenza política y la gandulería mental generalizadas se han hecho crónicas”, dice J. van Halen. Etc. “Es lo normal, escribe Dalmacio Negro, cuando los partidos políticos no subordinan o, por lo menos, combinan sus intereses con el bien común. Entonces, la política interior se convierte en un espectáculo que puede ser hasta cómico. Como en la España convertida a la fe socialista durante la transición a la Monarquía y la democracia sexual”. J. García Isaac dice que “han convertido España en un mercado persa”, Agapito Maestre, que “la política española está muerta, porque al político español no le interesa nada que no sea él mismo” y España es para los políticos “una dehesa convertida en corral”, Juan Abreu, que la “situación es psiquiátrica”.
Decía Simone Weil: “Un hombre que se afilia a un partido seguramente ha percibido, en la acción y la propaganda de ese partido, cosas que le han parecido justas y buenas. Pero jamás ha estudiado la posición del partido respecto a todos los problemas de la vida pública. Al entrar en el partido, acepta posiciones que ignora. De esa manera somete su pensamiento a la autoridad del partido”.

domingo, 7 de agosto de 2022

Las razones de que Franco perdurara


Cuenta el profesor Javier Tusell que parte de las razones de que Franco perdurara residen, como sugirió Madariaga, en que la oposición estaba en permanente expectativa de lo que él hiciera y su secreto consistía en no hacer nada. No se aferraba a los principios a no ser que atentaran de modo grave a la mentalidad que había heredado de la Guerra Civil. El propio Arrese cuenta que, después de hablar con él, era incapaz de saber si le había convencido o se había aburrido de discutir. La razón estribaba en que no le parecía dispuesto a ceñirse a una posición precisa en contra o a favor de nada. Dejaba en la práctica un amplio campo para la iniciativa de los ministros, tal como hubiera actuado un general en jefe con sus mandos militares inferiores. “Mi experiencia,ha escrito Fraga, es que los ministros dispuestos a jugar fuerte tenían un marco amplísimo de maniobra”.



jueves, 21 de octubre de 2021

Los poemas no ocupan el mismo plano que la vida real


Helen Vendler, profesora de Harvard e importante crítica de poesía, dice que “los poemas son especulaciones hipotéticas, no documentos de posición. No ocupan el mismo plano que la vida real; no son votos, ni pronunciamientos desde un podio o un púlpito, ni ensayos. Son el producto de un ensueño”.

sábado, 29 de agosto de 2020

Clase marginal



Para Zygmunt Bauman el único significado que acarrea el término clase marginal es el de quedar fuera de cualquier clasificación significativa, es decir, de toda clasificación orientada por la función y la posición. La clase marginal puede estar en la sociedad, pero claramente no es de la sociedad; no contribuye a nada de lo que la sociedad necesita para su supervivencia y su bienestar; de hecho, la sociedad estaría mejor sin ella. El estatus de la clase marginal, tal como sugiere su denominación, es el de emigrados internos o inmigrantes ilegales o forasteros infiltrados. Personas despojadas de los derechos que poseen los miembros reconocidos y reputados de la sociedad; en pocas palabras, esta clase es un cuerpo extraño que no se cuenta entre las partes naturales e indispensables del organismo social. Algo que no se diferencia mucho de un brote cancerígeno, cuyo tratamiento más sensato es la extirpación.

viernes, 14 de agosto de 2020

Postergar no resuelve los conflictos



Postergar no resuelve los conflictos; es más, los agrava, por eso cuanto antes nos demos cuenta de que no debemos seguir escondiendo nuestros sentimientos por temor a la desaprobación o al juicio crítico de quien se ha apropiado de nuestra identidad, más estaremos cuidando nuestra salud mental y nuestro equilibrio emocional. No hay relación del tipo que sea que no presente conflictos a medida que el tiempo va transcurriendo. Esto está implícito en la naturaleza humana, y hasta cierto punto es positivo y constructivo que los seres humanos tengan posiciones y posturas diferentes frente a un mismo tema. Las cosas se complican cuando uno de ellos se cree el dueño de la verdad y ejerce un poder ilimitado sobre los demás, intentando por todos los medios imponer su criterio a cualquier precio.Los conflictos que no se resuelven generan un alejamiento progresivo entre las personas, que sienten que se abre una brecha cada vez mayor entre ellos en la medida que no logran entenderse. Se sobreentiende que para poder resolver cualquier tipo de conflicto se requiere, en primera instancia, que ambas partes estén dispuestas a revisar su posición y luego a negociar una solución que sea satisfactoria, permitiendo de esa manera tener la sensación de que ha habido un avance en la comunicación que se ha establecido, escribe el médico Walter Dresel.


Una estrategia adecuada, añade Walter Dresel, será no responder en los momentos en que la ira gana nuestra mente, sino esperar a que los ánimos se aplaquen para luego, con mesura y con la serenidad necesaria, tratar de utilizar nuestras mejores habilidades para comunicar y negociar aquellos aspectos en los que nos sentimos avasallados.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Hay datos que muestran que el tener menos que los otros hace a la gente infeliz.

Hay datos que muestran que el tener menos que los otros hace a la gente infeliz. En un famoso experimento llevado a cabo en la Facultad de Salud Pública de Harvard en 1995 (S. Solnick y D. Hemenway, “Is More Always Better? A Survey on Positional Concerns”) se pedía  a un grupo formado por estudiantes y por integrantes del claustro que eligieran entre ganar cincuenta mil dólares al año mientras que todos los demás ganaban veinticinco mil y ganar cien mil dólares al año mientras que otros ganaban doscientos mil. Los investigadores estipularon que los precios de los productos y los servicios serían los mismos en ambos casos, de manera que tener un salario más alto realmente significaba poder poseer una vivienda mejor, comprarse un coche mejor o hacer cualquier otra cosa que quisieran con el dinero extra. Los resultados aclaran que todos esos incentivos materialistas le importan poco a la mayoría de la gente. El 50 por ciento eligió la primera opción, privarse hipotéticamente de cincuenta mil dólares al año tan sólo para mantener una posición de relativa opulencia.

La encuesta Maxwell de 2005 sobre compromiso cívico y
desigualdad le preguntó a la gente si estaba de acuerdo con la siguiente afirmación: “Mientras que en Estados Unidos es posible que las personas comiencen con diferentes oportunidades, el trabajo duro y la perseverancia normalmente son capaces de superar esas desventajas”. Ocho de cada diez estadounidenses estuvieron de acuerdo (trabajo de campo realizado por investigadores de la Universidad de Syracuse),

sábado, 18 de noviembre de 2017

Nada tiene que ver con la pobreza o la riqueza.


Pearl Buck escribe en Otros dioses: “Poseía casi todas las cosas por las cuales la gente luchaba loca de deseo; dinero, posición, cultura, todo. No obstante, poseyendo todas estas cosas, no conseguía apreciarlas; le faltaba algo esencial, una fundamental y necesaria compañía, este bien que nada tiene que ver con la pobreza y la riqueza”.