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viernes, 9 de diciembre de 2022

Cualquier novela contemporánea es heredera de la Odisea, la Ilíada o la Divina Comedia

“El idioma no se inventa, se hereda”, escribe el colombiano Fernando Vallejo. Este ensayista y novelista muestra cómo el lenguaje literario de cualquier novela contemporánea es heredero de la Odisea, la Ilíada o la Divina Comedia… aunque el autor del que se trate ni siquiera haya leído estas obras; cómo las fórmulas del estilo y la belleza se transmiten entre los novelistas al través de los siglos, en una multitud de influencias y conexiones. El poeta Luis Rosales dibujó esa misma idea, pero con estas letras: “La palabra que decimos / viene de lejos, / y no tiene definición, / tiene argumento. / Cuando dices: ‘nunca’, / cuando dices: ‘bueno’, / estás contando tu historia / sin saberlo”.



jueves, 30 de junio de 2022

Siempre que el catolicismo se ha visto apartado, se las ha ingeniado para volver como novedad

Cuenta G. K. Chesterton que “siempre que el catolicismo se ha visto apartado por considerarse que es cosa anticuada, se las ha ingeniado para volver como novedad. Como si se tratara de una parábola en la que, expulsado del hogar, un anciano se ve obligado a vagar en la tormenta, como Lear, pero al cabo regresa, transformado en un joven que encabeza una revuelta y llama a la puerta, como Laertes. Es una parábola que excede cualquier tragedia humana, aun una tragedia de Shakespeare, y que sólo puede ser, en el sentido más riguroso de la expresión, una divina comedia”.

“A estas alturas, dice Chesterton, debería de estar claro que todas y cada una de las cosas de las que el mundo moderno ha hallado culpable a la Iglesia católica han sido adoptadas por ese mismo mundo, pero siempre en una forma degradada. Los puritanos rechazaron el arte y el simbolismo, que los decadentes volvieron a traer al mundo con toda su vieja carga sensorial y la adicional de la sensualidad. Los racionalistas rechazaron la curación sobrenatural, que han vuelto a traernos los charlatanes yanquis, que no sólo la proclaman, sino que se sirven de ella para prohibir la curación natural. Los moralistas protestantes abolieron el confesionario, mas los psicoanalistas se han encargado de restaurarlo, con todos su supuestos peligros y ni una sola de sus reconocidas garantías. Los patriotas protestantes aborrecieron la intervención de una fe internacional, y tuvieron que dedicarse a resolver los problemas de un imperio enredado en la madeja de las finanzas internacionales. Tras mucho denunciar que las reglas monásticas eran un insulto para la familia, hemos asistido a su desmembramiento por la burocracia; tras no poco quejarse de que cualquiera pudiera ayunar sólo durante periodos excepcionales, ha habido que soportar que vegetarianos y abstemios quieran imponernos a todos un ayuno sin pausas y sin remisión.”



miércoles, 21 de marzo de 2018

La cultura de Dante era la de Europa.

Dante.
En su ensayo sobre Dante de 1929 escribe Eliot que “Dante es el poeta más universal que ha escrito en una lengua moderna. Dante, aun siendo italiano y un hombre de partido, es ante todo un europeo”. Dante, precisa Eliot, “pensaba igual que cualquier otra persona de su misma cultura en Europa”. Leía y expresaba las ideas de los pensadores que formaban la cultura europea, Tomás de Aquino, italiano; Alberto Magno, alemán; Abelardo, francés, Hugo y Ricardo de San Víctor, escoceses. Por consiguiente, “la cultura de Dante no era la de un país europeo, sino la de Europa”. En un ensayo de 1950, Eliot afirma que Dante es sin duda el mayor poeta religioso, aunque esto no limita su “universalidad, sino que más bien la refuerza”. “La Divina Comedia expresa en el ámbito de la emoción todo aquello que, entre la desesperación de la depravación y la visión de la beatitud, el hombre es capaz de experimentar”; y, precisamente debido a esta universalidad, “Dante es con
mucho el más europeo de todos los poetas de nuestro continente”. Y sigue diciendo, “el italiano de Dante se convierte en cierto modo en nuestra lengua desde el momento en que comenzamos a esforzarnos por leerlo; y las lecciones de experiencia, de lenguaje y de exploración de la sensibilidad son lecciones que todo europeo puede hacer suyas e intentar aplicarlas a su propia lengua”.

Son afirmaciones que dan mucho que pensar, sobre todo en un momento en que la escuela apenas se estudia a Dante, porque se considera que ya no conmueve a la juventud de hoy.

lunes, 22 de enero de 2018

El historiador representa la memoria organizada de la humanidad, y esa memoria, como historia escrita, es enormemente maleable.

Don Julian Herranz.
Don Julian Herranz escribe que para valorar un período de la historia, hay que situarse a cierta distancia cronológica y crítica. Esto garantiza una mayor frialdad intelectual y una menor emotividad en el sujeto que enjuicia, aunque al mismo tiempo haya que acercarse lo más posible al conjunto de circunstancias sociales, políticas y culturales en que se produjeron los acontecimientos, para intentar comprenderlos. A pesar de todo, siempre resulta difícil ser objetivo, ya decía Unamuno que él no podía dar juicios objetivos, porque era un sujeto y no un objeto. Un ejemplo de distancia demasiado corta: en la Divina Comedia, Dante sitúa en el infierno a Celestino V, el eremita del monte Morrone elegido Papa, por su gran rechazo a ese pontificado. Sin embargo, hoy le veneramos como san Celestino V.


La tarea esencial del historiador consiste en mantener completo el archivo humano; pero ésta es, verdaderamente, una simple y engañosa declaración de propósitos. Dice Wright Mills que el historiador representa la memoria organizada de la humanidad, y esa memoria, como historia escrita, es enormemente maleable. Cambia, algunas veces radicalmente, de una generación de historiadores a otra, y no sólo porque una investigación más detallada aporte al archivo hechos y documentos nuevos, sino que cambia también porque cambian los puntos de interés y el armazón dentro del cual el archivo se ordena.
No necesitamos la proyección imaginativa de George Orwell para saber cuán fácilmente puede falsearse la historia en el proceso de su constante reelaboración, aunque su 1984 lo señaló dramáticamente y, esperémoslo, asustó con razón a algunos historiadores.