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jueves, 4 de abril de 2019

Nadie es inferior por sus orígenes

Boecio
Boecio (480-524) dijo que “si miráis a vuestros orígenes y a Dios como vuestro creador, nadie hay inferior”. Chesterton no podía aceptar que el hallazgo de la democracia consista en que el duque de Norfolk sea como todo el mundo en vez de que todo el mundo sea como el duque de Norfolk.

Cervantes
Shakespeare constata, a través de Tasia, en Pericles de Tiro: “Supón que nació plebeyo, mas su vida demuestra lo contrario; además, tiene virtud, genuino fundamento de nobleza, suficiente para ennoblecerlo”. Y Cervantes escribe que “todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en el número del vulgo”.

martes, 22 de enero de 2019

El nacimiento del derecho de veto y las leyes escritas.

Para los plebeyos, Roma no era su ciudad, y en 494 antes de Cristo decidieron abandonar Roma y fundar una nueva ciudad a cinco kilómetros al este. Los patricios, que no
Menenio Agripa
podían permitirse perder una parte tan grande de la población, tuvieron que negociar. Según la leyenda, los plebeyos fueron llevados de vuelta por las palabras de un patricio romano llamado Menenio Agripa, quien les contó el cuento de la rebelión de las partes del cuerpo contra el vientre. Según esta fábula, los brazos se quejaban de tener que hacer solos toda la tarea de levantar cosas, las piernas de ser las únicas que caminaban, las mandíbulas de tener que masticar ellas solas, el corazón de tener que latir sólo él, etcétera, mientras el vientre, que no hacía nada, recibía todo el alimento. El vientre respondió que, si bien recibía el alimento, lo repartía a través de la sangre a todas las partes del cuerpo, que de otro modo no podría sobrevivir. La analogía consistía en que, si bien los patricios ocupaban todos los cargos, usaban su poder para gobernar juiciosamente la ciudad, de lo cual se beneficiaban todos. Se llegó a un acuerdo por el cual los plebeyos tendrían funcionarios elegidos por el voto de los plebeyos y que representarían solamente a los plebeyos. Esos funcionarios fueron llamados tribunos (nombre dado originalmente a los jefes de una tribu). Su misión era
Tribuno de la plebe.
proteger los intereses de los plebeyos e impedir que los patricios aprobasen leyes que fuesen injustas. Los tribunos obtuvieron el poder de suspender las leyes que desaprobaban gritando «¡Veto!». Ni todo el poder de los cónsules y el Senado podía hacer que se aprobase una ley contra el veto del tribuno.

Los plebeyos pensaron que su propia seguridad exigía que se pusiesen por escrito las leyes romanas. Mientras esto no ocurriese, nunca se sabría con seguridad si los patricios interpretaban las leyes a su favor. Al poner por escrito todos sus puntos, los tribunos tendrían una base para argumentar. Por el 450 a. C. apareció la primera codificación escrita de las leyes romanas. Para elaborar este código se eligieron diez patricios llamados decenviros, que significa “diez hombres”. Ocuparon el poder en lugar de los cónsules hasta que fue elaborado el código escrito. Se suponía que las leyes habían sido grabadas en doce tablas de bronce, por lo que se las llamó las Doce Tablas. Durante siglos, esas Doce Tablas fueron el fundamento del Derecho Romano.

viernes, 5 de mayo de 2017

Nobleza innata.

El hombre verdaderamente noble es anónimo. En la nobleza innata existe una fuerza, que es mayor que la luz que irradia la fama, mayor que el brillo del éxito, que el poder del que vence. La ambición es un atributo del plebeyo. El no tiene tiempo. El no puede esperar para alcanzar el honor, el poder, el prestigio, la fama. Sin embargo, el hombre noble tiene tiempo para esperar, sí, incluso para quedarse rezagado, dice el novelista y periodista austriaco Joseph Roth.
La verdadera nobleza, escribe Roth, no consiste tanto en lo
Joseph Roth.
que uno hace, sino en lo que se abstiene de hacer. Y que por encima de todo consiste en que uno se dé cuenta de lo que podría chocar a los demás, en que uno se dé cuenta a tiempo, aun antes de que haya ocurrido algo.Y añade Roth: Sé que las cosas que callamos nos resulta más fácil expresarlas caminando que estando sentados. No tiene uno que decirlas a los ojos. Tanto el que habla como el que escucha van mirando al suelo. A veces una calle ruidosa libera el corazón de un ser humano tanto como el alcohol. O incluso como esos tranquilos rincones en las iglesias en los que por lo general aguarda el confesionario.