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sábado, 25 de abril de 2020

Se nos ha quitado el asombro ante lo inexplicable de la realidad




Cuenta el escritor colombiano William Ospina que nuestro problema es que somos demasiado sensatos, demasiado cuerdos, demasiado precisos. Algo nos ha sido quitado y ese algo es el asombro ante lo inexplicable de la realidad. No asombraría ver flotar un peñasco, pero no nos asombra ver flotar al planeta. Nos inquietaría que una casa no terminara nunca, pero no parece inquietarnos que el universo se prolongue sin fin. Nos parece que una cosa deja de ser misteriosa por el hecho de que se la enmascare en fórmulas matemáticas. Y esto me recuerda una reflexión de Chesterton: “Contra quienes afirman que el universo fue milagrosamente creado de la nada se levanta la teoría científica moderna, que demuestra que no se trató de un hecho súbito sino de un proceso lento y gradual de evolución y complejización de la materia”. Y entonces Chesterton añade: “¿Y a quién se le ocurre que un milagro deja de ser un milagro por el hecho de que se lo difiera en el tiempo?”.

martes, 22 de octubre de 2019

Entre la evaluación de los demás y la de sí mismos se extiende un abismo misterioso


Isaac Bashevis Singer, escritor judío y ciudadano polaco que en 1978 se le concedió el Premio Nobel de Literatura escribe que “a menudo los malos escritores son críticos sagaces de la obra de otros escritores. Su crítica era aguda y exacta, algunos de ellos  son capaces de indicar con toda precisión los errores de los grandes escritores. Esto mismo es aplicable a la manera de juzgar el carácter de los demás. Los ególatras hablan con desprecio de los ególatras, los necios se mofan de la estupidez de los necios, los más toscos se empeñan en demostrar su refinamiento a base de señalar la tosquedad, la tendencia al abuso, la vanidad de otros. Entre la evaluación de los demás y la de sí mismos se extiende un abismo misterioso, como si en algún rincón de su ser cada persona fuese capaz de ver la verdad, sólo con la condición de proponerse no pasarla por alto. Al parecer, la egolatría es la fuerza de mayor poder hipnótico, tal como lo describe el Pentateuco: “Porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos”. El hombre sensato se transforma en ciego y el santo llega a un compromiso con el malvado cuando le convenga, o cuando piense que encaja con sus propósitos”.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Ser sensato


Ser sensato, decía Álvaro Cunqueiro, no supone vivir en el mundo como otro hombre cualquiera, sino que significa vivir en la realidad del mundo, y que algunos de los elementos más importantes del mundo real sólo pueden ser conocidos por la revelación de Dios.