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jueves, 15 de diciembre de 2022

Para ser comprensivo y para perdonar se necesita carácter

Todos los necios son capaces de criticar, condenar y lamentarse, y la mayoría lo hace. Pero para ser comprensivo y para perdonar se necesitan carácter y autodominio, cuenta Lawrence G. Lovasik.



domingo, 8 de marzo de 2020

El ateísmo está más en los labios que en el corazón de los hombres



El filósofo Francis Bacon escribe: “La Escritura dice: Dijo el necio en su corazón: no hay Dios, pero no se ha dicho: Pensó el necio en su corazón, pues más bien lo dice de memoria, como algo que ya supiera, que como algo que pudiera creer completamente o de lo que estuviera plenamente convencido; pues nadie niega que hay Dios sino aquellos a quienes les parece que no tenía que haberlo. No parece más sino que el ateísmo está más en los labios que en el corazón de los hombres, y esto porque los ateos siempre están hablando de su opinión como si no se sintieran seguros de ella y se alegraran de fortalecerla con el asentimiento de los demás; aún más, veréis ateos que se esfuerzan en conseguir discípulos, como ocurre con otras sectas; y, sobre todo, les veréis que sufrirán por el ateísmo y no se retractarán; siendo así que si ellos creyeran sinceramente que no hubiera tal cosa como Dios ¿por qué se iban a preocupar?” 
Y añade Francis Bacon que “los que niegan a Dios destruyen la nobleza humana, pues en verdad, el hombre es análogo a las bestias por su cuerpo; y si no fuera análogo a Dios por su espíritu, sería una criatura baja e innoble. Análogamente destruyen la magnanimidad y elevación de la naturaleza humana”.

martes, 22 de octubre de 2019

Entre la evaluación de los demás y la de sí mismos se extiende un abismo misterioso


Isaac Bashevis Singer, escritor judío y ciudadano polaco que en 1978 se le concedió el Premio Nobel de Literatura escribe que “a menudo los malos escritores son críticos sagaces de la obra de otros escritores. Su crítica era aguda y exacta, algunos de ellos  son capaces de indicar con toda precisión los errores de los grandes escritores. Esto mismo es aplicable a la manera de juzgar el carácter de los demás. Los ególatras hablan con desprecio de los ególatras, los necios se mofan de la estupidez de los necios, los más toscos se empeñan en demostrar su refinamiento a base de señalar la tosquedad, la tendencia al abuso, la vanidad de otros. Entre la evaluación de los demás y la de sí mismos se extiende un abismo misterioso, como si en algún rincón de su ser cada persona fuese capaz de ver la verdad, sólo con la condición de proponerse no pasarla por alto. Al parecer, la egolatría es la fuerza de mayor poder hipnótico, tal como lo describe el Pentateuco: “Porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos”. El hombre sensato se transforma en ciego y el santo llega a un compromiso con el malvado cuando le convenga, o cuando piense que encaja con sus propósitos”.

domingo, 28 de enero de 2018

Son más nefastos los necios que los pecadores.

Felipe II y María Tudor.
La católica María Tudor había conseguido la vuelta del reino inglés a la fe católica. Naturalmente los primeros pasos había que darlos con tiento, y uno de los temas más conflictivos era el de los bienes eclesiásticos, repartidos por Enrique VIII. Julio III había adoptado el sabio acuerdo de no urgir su devolución, pero Pablo IV entró en el tema como un elefante en una cacharrería, declaró que era urgente la devolución de los bienes so pena de condenación eterna. Mandó recolectar el dinero de san Pedro, combatió apasionadamente a Felipe II, marido de María Tudor, y despojó de su dignidad al legado cardenal Pole, a quien odiaba y a quien persiguió. Es decir, hizo todo lo que pudo para impedir la conciliación de Inglaterra con Roma. En este papa se comprobó la veracidad del juicio de que, con frecuencia, son más nefastos los necios que los pecadores.