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viernes, 13 de marzo de 2026

Famoso por ser famoso

En las redes sociales, el antiguo vinculo entre excelencia y prestigio puede romperse más fácilmente que nunca, por lo que, al seguir a las influencers que han cobrado fama por lo que hacen en el mundo virtual, los jóvenes suelen aprender formas de hablar, comportarse y exteriorizar sus sentimientos que pueden ser contraproducentes en una oficina, en casa o en otro entorno del mundo real. El auge de los medios de comunicación de masas en el siglo XX inicio esta disociación entre excelencia y prestigio. La expresión “famoso por ser famoso” se popularizó en la década de 1960, cuando fue posible que una persona corriente fuese conocida por el gran público, no por haber hecho algo importante, sino porque la habían visto millones de personas en televisión y después se habló de ella en unos cuantos ciclos de noticias.
Las redes sociales basadas en el prestigio han hackeado uno de los mecanismos de aprendizaje más importantes para los adolescentes, al distraer su tiempo, atención y comportamiento imitativo de una variedad de modelos de conducta con los que podrían desarrollar una relación de tutoría que los ayudaría a prosperar en sus comunidades del mundo real. En su lugar, desde el principio de las década de 2010, millones de chicas de la generación Z dirigieron colectivamente sus sistemas de aprendizaje más potentes a un pequeño número de mujeres cuya excelencia parece residir en acumular seguidores sobre los que ejercer su influencia.
Los trece años, la edad mínima actual para abrir una cuenta en las redes sociales (criterio que no siempre se cumple), es demasiado baja. Los niños de trece años no deberían ver infinitas publicaciones de influencers y otros desconocidos cuando su cerebro es tan receptivo y está buscando ejemplos en los que fijarse. Deberían estar jugando, sincronizándose y pasando el rato con sus amigos en persona, y así dejar espacio en los que les entra por los ojos y los oídos el aprendizaje social proporcionado por sus padres, profesores y otros modelos de conducta de su comunidad, escribe Jonathan Haidt, profesor de Liderazgo Ético en la Universidad de Nueva York.

viernes, 26 de julio de 2024

Con la familiaridad, otras personas se convierten en parte de nosotros mismos

La capacidad de las personas para ponerse en el lugar de otro depende de si la persona es un extraño o alguien conocido. El cerebro humano separa a la gente conocida de los demás, de modo que la gente del entorno social se entrelaza con el sentido de uno mismo a un nivel neurológico. En este sentido, James Coan, profesor de la Universidad de Virginia, afirma que “con la familiaridad, otras personas se convierten en parte de nosotros mismos”. Los seres humanos han evolucionado para tener una identidad propia en la que los seres queridos forman parte del propio entramado neural. Por eso necesitamos tener amigos y aliados.
Las regiones del cerebro responsables de la respuesta a la amenaza entran en actividad cuando un amigo corre peligro de forma básicamente idéntica a la actividad que se muestra cuando la amenaza es propia. Sin embargo, cuando la amenaza se refiere a un extraño estas áreas del cerebro apenas muestran actividad. Según Coan, el cerebro tiene una gran capacidad para integrar a los demás, de tal modo que las personas cercanas se convierten en una parte de uno mismo. Esto provoca que realmente una persona se sienta bajo amenaza cuando un amigo o una persona amada está en peligro. En palabras del propio Coan, “si un amigo está en peligro, se hace lo mismo que si nosotros mismos estuviéramos bajo amenaza. Podemos entender el dolor o la dificultad que pueden estar pasando del mismo modo que podemos entender nuestro propio dolor.”
Teniendo en cuenta lo anterior resulta inevitable hacer las siguientes pregunta: ¿Por qué, entonces, algunas veces hacemos daño a las personas que queremos? ¿Por qué se producen arrebatos de ira? La contestación estaría según este estudio en que  cuando las personas no se aman a sí mismas, proyectan esta aversión hacia los demás. En particular, si este desprecio por sí mismos se debe a un comportamiento abusivo que han experimentado en el pasado, se involucrarán en comportamientos hirientes hacia las personas que aman.Cuando las personas se valoran poco a sí mismas, que es esencialmente lo que es la baja autoestima, es posible que no se den cuenta de lo hirientes que son sus acciones para otras personas. Algunas personas disfrutan lastimar a otras personas. Esto puede deberse a una infancia profundamente perturbada y potencialmente abusiva. El hecho de no ser empático con los seres queridos refleja la falta de amor propio. Comprender que ese odio hacia uno mismo es neurobiológico y que por eso hacemos daño a los seres queridos debe servir para darse cuenta y no continuar con ese ciclo de ira hacia el otro.

viernes, 12 de abril de 2024

Soberbio

Uno de los motivos por los que los soberbios tratan de buscar alabanzas con avidez, de sobreestimarse a sí mismos y se resienten ante cualquier cosa que pueda rebajarles en su propia estima o en la de otros, es la falta de firmeza interior, no tienen más punto de apoyo ni más esperanzas de felicidad que ellos mismos. Por esto son, con mucha frecuencia, tan sensibles a la menor crítica, tan insistentes en salirse con la suya, tan deseosos de ser conocidos, tan ansiosos de consideraciones. Se afianzan en sí mismos como el náufrago se agarra a una débil tabla, que no puede sostenerlo. Y sea lo que fuere lo que hayan logrado en la vida, siempre se encuentran inseguros, insatisfechos, sin paz. El soberbio se encuentra sin frutos, insatisfecho y sin la paz y felicidad verdaderas. En la conversación, el orgullo conduce al hombre a hablar de sí mismo y de sus propios asuntos y a buscar la estimación a toda costa. Algunos se empeñan en mantener su propia opinión, con razón y sin ella; no dejan pasar cualquier descuido ajeno sin corregirlo, y hacen difícil la convivencia. La forma más vil de resaltar la propia valía es aquella en la que se busca desacreditar a otros; a los orgullosos no les gusta escuchar alabanzas de los demás y están prontos a descubrir las deficiencias de quienes sobresalen. Tal vez su nota más característica estriba en que no pueden sufrir la contradicción o la corrección, escribe E. Boylan.
Quien está lleno de orgullo parece no necesitar mucho de Dios en sus trabajos, en sus quehaceres, incluso en su misma lucha por mejorar; exagera sus cualidades personales, cerrando los ojos para no ver sus defectos, y termina por considerar como una gran cualidad lo que en realidad es una desviación del buen criterio. Se persuade, por ejemplo, de tener un espíritu amplio y generoso porque hace poco caso de las menudas obligaciones de cada día, y se olvida de que para ser fiel en lo mucho es necesario serlo en lo poco. Y llega por ese camino a creerse superior, rebajando injustamente las cualidades de otros, escribe Francisco Fernández Carvajal.

jueves, 18 de febrero de 2021

Te habré transmitido una parte de mí



Escribe Edna O’Brien que todos vivimos con nuestra sentencia de muerte. Morimos, cambiamos (sobre todo esto último), “dejamos de sentir afinidad con nuestros mejores amigos; pero, aunque te abandone algún día, te habré transmitido una parte de mí; serás una persona distinta por el hecho de haberme conocido; es inexorable”.

miércoles, 9 de octubre de 2019

No se abrirá el horizonte de España mientras no haya una decisión de establecer el imperio de la veracidad

Julián Marías.
Escribía Julián Marías en ABC que “la voluntad de mentir se concentra especialmente en la presentación del pasado cercano. No se abrirá de verdad el horizonte de España mientras no haya una decisión de establecer el imperio de la veracidad”. 
Revel

El filósofo francés Jean-François Revel decía: “¿Qué es la ideología? Es una triple dispensa: dispensa intelectual, dispensa práctica y dispensa moral. La primera consiste en retener sólo los hechos favorables a la tesis que se sostiene, incluso en inventarlos totalmente, y en negar los otros, omitirlos, olvidarlos, impedir que sean conocidos”.

Un número muy elevado de los estudios publicados cae en enfoques y métodos típicos de la propaganda ideológica.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Ser sensato


Ser sensato, decía Álvaro Cunqueiro, no supone vivir en el mundo como otro hombre cualquiera, sino que significa vivir en la realidad del mundo, y que algunos de los elementos más importantes del mundo real sólo pueden ser conocidos por la revelación de Dios.