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lunes, 28 de octubre de 2024

La ópera es, antes que nada, teatro

Lo que se espera encontrar en las óperas de Mozart es la perfección, sea el que fuere el medio que escoja para su obra; tienen en sí una abundancia de recursos mayor que la que se pueda hallar en cualquier ópera anterior a ellas. De La flauta mágica se habla a veces como de la ópera más perfecta que jamás se haya escrito. Su asunto se presta muy bien al tratamiento operístico, por su naturaleza fantástica. Es seria y cómica al mismo tiempo y combina un tesoro de inventiva musical con un estilo popular accesible a todos. Una verdadera contribución de Mozart a esta forma fue el finale operístico. Es un efecto solamente posible en la ópera, esa escena final de acto en la que todas las principales figuras cantan al mismo tiempo, cada una acerca de una cosa distinta, y concluyen con un resonante fortissimo para satisfacción de todos los interesados.
Wagner llevó la orquesta sinfónica al teatro de ópera, de tal manera que el interés principal no está a menudo en la escena, sino en el foso de la orquesta. Con frecuencia hay que escuchar a los cantantes como cosa solamente secundaria, mientras que la atención principal se pone en lo que “dice” la orquesta. Wagner fue por naturaleza un sinfonista que aplicó sus dotes sinfónicas a la forma de la ópera.
Verdi. Sus óperas eran, sin duda, demasiado tradicionales, demasiado fáciles y aun a veces demasiado vulgares; pero conmovían. Verdi fue un hombre nacido para el teatro; la pura eficacia de obras como Aída, Rigoletto, Traviata asegura a éstas un puesto permanente en el repertorio operístico.
Mussorgsky y Bizet fueron capaces ambos de crear óperas dignas de comparación con las mejores de Verdi o Wagner. De los dos, las óperas del ruso son las que han tenido descendencia más copiosa.
Los compositores de ópera de hoy están de acuerdo por lo menos en un punto, la franca aceptación de las convenciones de la escena operística. Puesto que no hay esperanza posible de hacer real la ópera, han renunciado voluntariamente a todo intento de reforma. Parten valientemente de la premisa de que la ópera es una forma no-realista, y en lugar de deplorar ese hecho están decididos a utilizarlo. Tienen la convicción de que la ópera es, antes que nada, teatro y, como tal, exige un compositor que sea capaz de escribir música para la escena, escribe Aaron Copland (Brooklyn, Nueva York, 14 de noviembre de 1900-Peekskill, estado de Nueva York, 2 de diciembre de 1990) que fue un compositor de música clásica y de cine estadounidense. 

jueves, 15 de febrero de 2024

El año de 1600 fue por entonces cuando comenzó la historia de la ópera

Giovanni Bardi (Florencia, 5 de febrero de 1534 - septiembre de 1612)

El año de 1600 fue por entonces cuando comenzó la historia de la ópera. Fue ésta el resultado, por lo menos así lo dicen los historiadores, de las reuniones de ciertos compositores y poetas en el palacio de un tal Conde Bardi, en Florencia. Hasta entonces la música seria había sido casi por entero coral y de naturaleza sumamente contrapuntística e intrincada. De hecho, la música había llegado a ser tan contrapuntística, tan compleja, que era casi imposible entender una palabra de lo que estaban diciendo los cantores.El propósito aparente de los hombres que se reunían en casa del Conde Bardi era la restauración del drama griego. Deseaban volver a crear lo que creían que había sucedido en el teatro griego. Por supuesto que lo que lograron fue una cosa completamente distinta; la creación de una forma nueva que estaba destinada a inflamar la imaginación de artistas y auditorios en las generaciones futuras. 
El primer gran compositor de óperas fue el italiano Claudio Monteverdi.La nueva forma artística, que tan felizmente había comenzado, se extendió gradualmente de Italia a otros países. Primero pasó de Venecia a Viena y de Viena a París, Londres y Hamburgo. Ésos fueron los grandes centros operísticos por los años de 1700. Para entonces la ópera ya había virado con respecto al prototipo monteverdiano. La letra se volvió menos importante cada vez, mientras se ponía todo el énfasis en el lado musical de la ópera. El gran compositor de óperas en el siglo XVII fue Alessandro Scarlatti, padre del clavecinista Domenico. El modelo de ópera que Scarlatti el viejo desarrolló lo enlazamos ahora con las óperas de Händel que habían de venir después. En este tipo de ópera el argumento importa poco, el drama es estático y la acción desdeñable. Todo el interés se centra en el cantante y la parte vocal, y la ópera se justifica solamente por su atractivo musical.

Christoph Willibald Gluck

Gluck trató de hacer más racional la ópera, de que ésta tuviese más sentido. En la vieja ópera, el cantante estaba por encima de todo y la música era la servidora del cantante; Christoph Willibald Gluck, desde 1756 caballero de Gluck (Erasbach, 2 de julio de 1714-Viena, 15 de noviembre de 1787) fue un compositor alemán que puso la idea dramática por encima de todo y escribió una música que era la servidora de las intenciones del texto literario. Cada acto había de ser una entidad en sí mismo, no una colección fantástica de arias más o menos impresionantes. Tendría equilibrio y contraste y una fluidez y continuidad que le darían coherencia en cuanto forma artística. Así, por ejemplo, el ballet no sería un mero divertimiento introducido como tal, sino una parte integrante de la idea dramática de la obra.