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sábado, 5 de febrero de 2022

La desdicha de nuestros nietos



Apenas alcanzamos a imaginar la desdicha y la angustia de nuestros nietos cuando de pronto se dan cuenta de que su herencia consiste en un volumen, jamás imaginado hasta el momento, de deuda nacional que exige ser restituida. No estamos aún preparados para visualizarlo, ni siquiera ahora, cuando por cortesía de nuestro propio Gobierno se nos ha ofrecido la oportunidad de probar la primera cucharada de la amarga medicina que ellos, nuestros nietos, se verán forzados a tomar a calderos enteros.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Edith y Ronald Tolkien, un matrimonio que tenía tiempo para sentarse y conversar


Matrimonio de J.R.R. Tolkien y Edith Bratt
Cuenta el escritor y biógrafo Humphrey Carpenter, como Ronald Tolkien y su esposa eran personas muy diferentes con intereses muy distintos. Como ocurriera a lo largo de toda su vida, padecían ocasionales momentos de irritación, a pesar de lo cual el afecto que los unía continuaba siendo entrañable y notorio. Tenían tiempo para sentarse a conversar, cosa que hacían con frecuencia, especialmente las noches de verano, en los bancos de la galería de Sandfield Road, o en el jardín, entre las rosas, él con su pipa y ella fumando un cigarrillo, hábito que había adquirido muy tarde en su vida. Como era inevitable, gran parte de su conversación se refería a la familia, una fuente continua de interés para ambos. Siempre les había preocupado el concepto de familia, algo que apenas conocieron cuando niños; ahora les complacía su papel de abuelos, y gozaban de la visitas de sus nietos. Sus bodas de oro, celebradas en 1966 con gran ceremonia, fueron también un motivo de placer para ambos. 



Los impuestos se llevaban gran parte de las ganancias de los Tolkien, pero soportaban esto con filosofía, aunque en cierta ocasión Ronald Tolkien cruzó un cheque por una gran suma destinada a las autoridades impositivas con las palabras «Ni un penique para el Concorde». Fue generoso con su recién adquirida riqueza, adquirida por los derechos de autor de sus libros, y entregaron una suma importante a la iglesia parroquial de Headington. Pero lo que más les alegraba era poder ayudar a los miembros de su familia. Regalaron una casa a uno de sus hijos, un coche a otro, un violonchelo a un nieto, la matrícula escolar a una nieta. Sin embargo, a pesar de la abundancia, no perdieron el hábito de cuidar cada moneda. 

martes, 29 de noviembre de 2016

Son los abuelos quienes aseguran la transmisión de los grandes valores.

“No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones” (Sal 71,9). Es el clamor del anciano, que teme el olvido y el desprecio.

Los ancianos ayudan a percibir la continuidad de las generaciones, con “el carisma de servir de puente”. Muchas veces son los abuelos quienes aseguran la transmisión de los grandes valores a sus nietos, y muchas personas pueden reconocer que deben precisamente a sus abuelos la iniciación a la vida cristiana. Sus palabras, sus caricias o su sola presencia, ayudan a los niños a reconocer que la historia no comienza con ellos, que son herederos de un viejo camino y que es necesario respetar el trasfondo que nos antecede. Quienes rompen lazos con la historia tendrán dificultades para tejer relaciones estables y para reconocer que no son los dueños de la realidad.


Una familia que no respeta y atiende a sus abuelos, que son su memoria viva, es una familia desintegrada; pero una familia que recuerda es una familia con porvenir. Por lo tanto, “en una civilización en la que no hay sitio para los ancianos o se los descarta porque crean problemas, esta sociedad lleva consigo el virus de la muerte”, ya que “se arranca de sus propias raíces”.

Una familia que no respeta y atiende a sus abuelos, que son su memoria viva, es una familia desintegrada

una civilización en la que no hay sitio para los ancianos o se los descarta porque crean problemas, esta sociedad lleva consigo el virus de la muerte

domingo, 24 de julio de 2016

Abuelos y nietos.


Recuerdo las tardes de verano cuando yo y mis primos íbamos a pasear con nuestro abuelo hasta la plaza de Caldetas  y nos compraba un helado. Siempre nos decía, mientras nosotros poníamos cara de cómplice: “No se lo digas a  vuestra madre, que nos reñirá”. 

Nos sentíamos felices porque era nuestro secreto con el abuelo. Por supuesto, nuestras madres estaban enteradas de todo.No había más que ver las manchas en nuestra ropa después de haberme comido el helado. 

Así debe ser, porque si el abuelo ejerce de padre, los nietos se quedan sin abuelo y, por supuesto, sin su verdadero padre. Los abuelos son muy importantes en la vida de los niños. Son la voz permisiva de la vida, con enseñanzas que, por su tono, son difíciles de olvidar.


Los niños que han tenido abuelo mantienen siempre una relación con ellos muy especial.