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lunes, 16 de enero de 2023

La dictadura del proletariado en realidad significaba la dictadura de los líderes bolcheviques


La revolución proletaria fracasó en todas partes menos en el Imperio ruso, que fue reconstruido por los bolcheviques tras una brutal guerra civil. Ningún otro líder socialista se mostró tan despiadado como Lenin a la hora de adoptar el “centralismo democrático” (que era lo opuesto a la democracia), rechazando el parlamentarismo y utilizando el terrorismo contra sus opositores. Algunas de las cosas que hicieron los bolcheviques (la nacionalización de la banca, la confiscación de tierras) emanaban directamente del Manifiesto de Marx y Engels. Otras (la mayor ferocidad y salvajismo de la represión… los mares de sangre) le debían más a Robespierre. La “dictadura del proletariado”,que en realidad significaba la dictadura de los líderes bolcheviques, era una aportación original de Lenin. Esta fue aún peor que la resurrección de Bazárov, el nihilista de Padres e hijos de Iván Turguénev (1856); fue aquello contra lo que su distanciado amigo Fiódor Dostoievski había advertido a Rusia en el epílogo de Crimen y castigo (1866), la pesadilla del asesino Raskolnikov de “una epidemia espantosa y sin precedentes” procedente de Asia; las personas afectadas perdían la razón al punto. Sin embargo, jamás los hombres se habían creído tan inteligentes, tan seguros de estar en posesión de la verdad; nunca habían demostrado tal confianza en la infalibilidad de sus juicios, de sus teorías científicas, de sus principios morales. Aldeas, ciudades, naciones enteras se contaminaban y perdían el juicio… Se reunían y formaban enormes ejércitos para lanzarse unos contra otros… las tropas se dividían, se rompían las formaciones, y los hombres se estrangulaban y devoraban unos a otros. Al este casi no hubo nada que parara la epidemia bolchevique; al oeste no pudo ir más allá del Vístula, ni al sur pudo pasar del Cáucaso, gracias a un hábil trío de emprendedores políticos que diseñaron aquella síntesis de nacionalismo y socialismo que era la auténtica manifestación del Zeitgeist: Józef Piłsudski en Polonia, Kemal Atatürk en Turquía y Benito Mussolini en Italia. La derrota del Ejército Rojo en las afueras de Varsovia (agosto de 1920), la expulsión de los griegos de Anatolia (septiembre de 1922) y la Marcha fascista sobre Roma (octubre de 1922) marcaron el advenimiento de una nueva era, escribe el historiador Niall Ferguson.



martes, 13 de septiembre de 2022

Los comunistas ven la democracia como un sistema de dominación de clase

“La democracia es uno de los últimos recursos a que ha recurrido la burguesía para su sostenimiento y su supervivencia;los partidos demócratas, al alcanzar el gobierno de una nación, continúan esclavizando al pueblo y manteniéndolo en la más espantosa miseria”; es “esta farsa de gobierno del pueblo por el pueblo creación de la burguesía para contener y desviar los avances de las organizaciones proletarias”; “los Gobiernos, por izquierdistas que sean, dependen de la alta banca y de los grandes capitalistas. Por eso es mentira la democracia” (ÁLVAREZ JUNCO, 1991, pp. 231-234; GILABERT, 1932, p. 5; R. FORNELLS, CL, 7 de diciembre de 1932. Editorial, SO, 24 de junio de 1931.) “El sufragio universal es la esclavitud de los pueblos», se leía en La Revista Blanca; los obreros al votar «forjan sus propias cadenas”. Votando, “el individuo elige a sus verdugos” decía Cultura Libertarla. El faísta Aláiz explicaba que los ciudadanos al votar no deciden nada, porque los programas de los partidos están “elaborados sin la asistencia de los interesados y sin su consentimiento”.

Los comunistas ven la democracia como un sistema de dominación de clase. No existe democracia a secas, solo democracia burguesa o democracia proletaria. La primera, con todas las libertades que la acompañaban, era un fraude destinado a enmascarar el dominio que ejercía la burguesía sobre el proletariado gracias a su propiedad de los medios de producción. Frente a ella, y al “cretinismo parlamentario” de los demócratas europeos, los comunistas defendieron desde el principio un ideal distinto de democracia. La “democracia proletaria”, que, como le había explicado Lenin al social-demócrata alemán Kautsky poco después de tomar el poder, era “un millón de veces más democrática que cualquier democracia burguesa”. Este segundo tipo de democracia era superior porque representaba a los trabajadores, y por tanto a la mayoría de la población, a través de unos organismos surgidos durante la revolución rusa de 1905, y que jugaron un papel decisivo en la de 1917: los consejos de obreros, campesinos y soldados, más conocidos como soviets. La dictadura del partido comunista, considerado por Lenin como “vanguardia del proletariado” representaría así el Gobierno de la inmensa mayoría del pueblo organizado en soviets.