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miércoles, 26 de agosto de 2026

El nacionalismo tiende por naturaleza a abultar diferenciaciones, a profundizar en antagonismos y cultivar rencores

Valls Taberner determina que “en todos los lugares donde se contagian las ideas nacionalistas, suelen producir éstas un desvarío exaltado, un furor imperante, una pasión revolucionaria, responsable a veces de crímenes execrables, de agitaciones convulsivas o de conflagraciones trágicas. El nacionalismo degenera fácilmente, casi diría fatalmente, en extremismo y violencia; es de por sí estridente y megalómano, tiende por naturaleza a abultar diferenciaciones, a profundizar en antagonismos, a cultivar rencores entre las regiones integrantes de un mismo Estado”.
Para Ignacio Agustí “el catalanismo es un comodín. Solo, no significa nada; balbucea, al margen de la baraja política, su romanticismo solitario. Pero con él pueden jugarse y ganarse partidas políticas”. Agustí quiere significar que el catalanismo aborrece España, pero necesita de España, no desearía convivir con otros partidos, pero los necesita para generar su discurso. Estas interrelaciones, no deseadas, pero necesarias para tener cierta identidad, hacen del catalanismo una ideología, o una actitud, profundamente cambiante en función de las circunstancias y la fuerza de otras corrientes políticas.
“El catalanismo suele acabar moviéndose en función de sentimientos irracionales y estados emocionales procurados por circunstancias ajenas a él. Por eso, siempre que los grupos catalanistas han intentado consensuar qué tipo de Cataluña desean, los acuerdos han sido imposibles”, dice Javier Barraycoa. Joaquín Samaruc ya advertía, en la década de los veinte del siglo XX, que “no hay catalán bien nacido que no ame a Cataluña pero al pretender dar forma a este sentimiento, al quererle traducir en aspiraciones más o menos factibles, se han manifestado en el catalanismo, desde el primer momento, las más profundas y enconadas diferencias”.

jueves, 19 de febrero de 2026

La invención de la tradición

Torras i Bages

El nacionalismo en general, debido al ambiente romántico y decimonónico en el que nació, ha sido un experto en elaborar lo que Eric Hobsbawm ha denominado la “invención de la tradición”. El propio autor advierte que “el término “tradición inventada” es usado en un sentido amplio, pero no de forma imprecisa. Incluye tanto “tradiciones” realmente inventadas, construidas y formalmente instituidas, como aquellas emergentes de una manera menos fácil de trazar, dentro de un periodo breve y fechable (una cuestión de pocos años quizá) y que se han establecido con gran rapidez”. Las “tradiciones inventadas” crean imaginarios en los pueblos y suelen asentarse en ellos como si constituyeran su esencia.
El propio catalanismo, con apenas un siglo de historia, pretende encarnar el alma de una Cataluña casi milenaria. Torras i Bages (el llamado Patriarca de Cataluña, por su influencia y ascendencia espiritual) cuando avisaba del peligro de construir una Cataluña de papel. Se refería Torras i Bages a los intentos de erigir una Cataluña moderna, desarraigada de su tradición, de su historia real y de su herencia espiritual que a nada podían llevar, sino a extinguir la verdadera Cataluña.

sábado, 26 de febrero de 2022

El nacionalismo no ha sido nunca el monopolio de la derecha

El nacionalismo no ha sido nunca el monopolio de la derecha. En el País Vasco coinciden el PNV de sotana y misa diaria con el terrorismo marxista de ETA, ahora proyectado políticamente en el partido Bildu. Lo mismo ha ocurrido históricamente en Cataluña, donde la bandera nacionalista la han compartido Esquerra Republicana y Convergencia. De hecho, el fenómeno político más relevante de la última década es la desaparición del catalanismo colaborador y pragmático, y su sustitución por un movimiento típicamente revolucionario, en el que confluyen elementos burgueses y antisistema; las corbatas del expresidente Mas y las chanclas del antisistema. Basta escarbar con la yema de un dedo para descubrir entre los separatistas y Podemos un entramado de similitudes.Lo resumió la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en junio de 2015: “Si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen”. Populismo en estado puro.


miércoles, 16 de diciembre de 2020

Aquest home no ens entén

Cuenta Jordi Pujol en sus Memorias que cuando en 1982 Juan Pablo II visitó Montserrat, su esposa le dijo:“Aquest home no ens entén, (…) no ens estima”. Se parece a “Espanya no ens entén”. ¿Por qué el catalanismo parece alimentarse de una supuesta incomprensión? ¿Por qué parece recrearse atribuyendo desamor a los que no comparten su ideología? ¿Por qué cualquier gesto de comprensión,lengua, financiación, autonomía, policía, nunca parece suficiente?



sábado, 24 de marzo de 2018

Laicismo y anticlericalismo en el siglo XIX.

El historiador Jordi Albertí cuenta que la revuelta federalista catalana de 1869 y las insurrecciones cantonalistas de Murcia, Valencia y Andalucía en 1873 y 1874 representaron la vinculación de los partidarios del federalismo intransigente con el republicanismo en expansión. La convergencia de las dos corrientes del pensamiento político consolidaron el predominio del laicismo no sólo en los ambientes obreristas sino también en los culturales e intelectuales, dando lugar a la proliferación de amplias campañas anticlericales en la prensa y en el teatro.

Por otro lado en Cataluña los obispos Josep Morgades y
Josep Torras i Bages, titulares de las sedes de Barcelona y Vic, favorecieron el compromiso de la Iglesia en Cataluña con la Renaixença con la voluntad de facilitar la superación de las heridas derivadas de la guerra carlista. La publicación, en 1892, de La tradición catalana del obispo Torras i Bages dio lugar a la conversión de muchos carlistas, entre ellos numerosos clérigos, a la causa regionalista, y marcó los límites doctrinales del catalanismo confesional y conservador y en clara oposición a la corriente laica y republicana del catalanismo radical.

El carlismo fue un movimiento importante para el País Vasco y Navarra durante el siglo XIX.
En la segunda mitad del siglo XIX en el Pais Vasco se desarrolló una doctrina nacionalista íntimamente relacionada con la defensa de la religión como factor aglutinante y determinante de la personalidad colectiva que dará lugar a la fundación, en 1895, del Partido Nacionalista Vasco (PNV).

La sociedad española durante el último tercio del siglo XIX, dice Albertí, implantó un sistema bipartidista que derivó en una alternancia en el poder a partir de pactos ajenos a los procesos electorales. El sistema favoreció al caciquismo y marginó a los partidos carlistas, republicanos y socialistas. En este ambiente políticamente corrupto el anarquismo encontró un hábitat ideal para su propagación y en él se fraguaron las peores tempestades para la sociedad española en general y, de una forma particular, para la Iglesia.