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lunes, 9 de marzo de 2026

Cuantos ejercieron el poder dentro del sistema comunista, lo hicieron cruelmente, asesinando y encarcelando a millones de personas

Los obreros y campesinos destruirían los Estados burgueses y los sustituirían por “dictaduras del proletariado” provisionales, hasta alcanzar el fabuloso mundo prometido por los marxistas. Provistos de estas fantásticas ideas, que a ellos les parecían científicas, aunque sólo eran hipótesis dudosas que casi inmediatamente comenzaron a ser desmontadas por otros pensadores (como Eugen von Böhm-Bawerk, quien ya en 1896 pulverizó la teoría del valor de Marx y sus postulados sobre la plusvalía), en diversas partes numerosos reformadores sociales, llenos de buenas intenciones, sin esperar a la crisis final del capitalismo, encontraron una justificación para recurrir a la violencia. Desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX surgieron figuras como Lenin, Trotski, Stalin, Kruschev, Tito, Enver Hoxha, Todor Zhivkov, Fidel Castro, Che Guevara, Georgi Dimitrov, Nicolás Ceaucesu, Mao, Tito, Walter Ulbricht, Kim Il Sung, Pol Pot y otras varias docenas de líderes. Todos ellos, cuando ejercieron el poder dentro del sistema comunista, lo hicieron cruelmente, asesinando y encarcelando a millones de personas.


Los revolucionarios rusos llegaron al poder en 1917, y un año más tarde Lenin ya daba la orden de crear colonias penales y de utilizar una feroz represión contra mencheviques, kadetes o cualquier fuerza acusada de simpatizar con los reformistas de Kerenski, tarea en la que Trotski colaboró con criminal energía. Pero las instrucciones de Lenin iban más allá, era importante castigar indiscriminadamente, incluso a inocentes, para que nadie se sintiera seguro y todos obedecieran. Era el principio del gulag, que luego Stalin continuaría con entusiasmo hasta dejar varios millones de muertos en las cunetas y calabozos.
Daba exactamente igual que el proceso lo dirigiera un abogado cubano como Fidel Castro, educado por los jesuitas, un ex seminarista cristiano como Stalin, un maestro como Mao, un militar como Tito o un afrancesado y tímido burgués como Pol Pot. No era una cuestión de personas, sino de ideas y de métodos, todos no podían ser psicópatas malignos.

sábado, 29 de noviembre de 2025

Barcelona, capital del anarquismo europeo


Desde el primer petardo ante el Fomento del Trabajo Nacional en 1886 hasta la Semana Trágica de 1909, que se saldó con más de un centenar de muertos y en la que ardieron ochenta edificios; y de la bomba en el Gran Teatro del Liceo de 1893, con su veintena de fallecidos, a las pendencias provocadas en la época de la guerra mundial, 1914 - 1918, en ninguna otra ciudad europea llegó el terrorismo anarquista a tener tanta fuerza como en Barcelona, y los sucesivos responsables del orden público que nombraba el gobierno de la nación se vieron, uno tras otro, impotentes para hacer frente a su crecimiento. El rápido y desordenado desarrollo industrial produjo riqueza y empleos, pero también mucha precariedad y condiciones de trabajo insostenibles. Tampoco los industriales supieron amansar mediante el diálogo y la política social las reclamaciones proletarias, a veces justas, pero también a menudo envueltas en fuertes soflamas contra la patria, el orden y la religión, lo que en los momentos más tensos derivaba en la quema de alguna iglesia o convento, ya que, de todos sus supuestos enemigos de clase, estos revolucionarios atacaban a los que menos resistencia oponían y aún no se atrevían a asaltar cuarteles ni comisarías. Ni siquiera el movimiento catalanista, que en sus primeras actuaciones políticas, a fines del siglo XIX, se había alzado como la sensata voz de una activa y triunfante burguesía que apostaba por el progreso en un país, España, en aquel momento muy deteriorado moral y socialmente y desanimado por una deriva de decadencia histórica; ni siquiera el prudente y dialogante catalanismo había podido frenar el incremento de la violencia de los movimientos obreros, y para impedir que ésta desarticulase muchas de sus iniciativas se veía obligado a pedir constante ayuda y soluciones a las autoridades de Madrid, de las que al mismo tiempo despotricaba.
Como en la novela de G. K. Chesterton El hombre que fue jueves, en la capital catalana hubo muchos momentos en que a nadie extrañaba que los anarquistas fueran en realidad policías, y a la inversa. Mientras tanto, las bombas explotaban cada día en plena calle, patronos y obreros eran asesinados a decenas, los asaltos protagonizados por grupos de acción ácratas llenaban las páginas de los periódicos y las amenazas a jueces, testigos y personas indefensas constituían el pan de cada día.

Tras una breve disminución de la violencia en los meses terminales de la guerra mundial, el triunfo de la Revolución rusa había lanzado una señal de aviso internacional de que por fin la subversión del sistema era posible. Esa señal había sido captada en Barcelona, una devastadora huelga general en el invierno de 1919, provocada por la caída de salarios y la pérdida de empleos que trajo consigo el fin de la guerra, había dejado a la ciudad paralizada y el ejército tuvo que sacar las tropas a la calle para restablecer mínimamente el orden.

 

Referencia: Una heredera de Barcelona (Sergio Vila-Sanjuán)

sábado, 20 de abril de 2024

Cuando dicen que el pueblo está en el poder o el proletariado está en el poder, se trata de mitología

Raymond Aron considera que la realidad no puede ser aprehendida de manera global y las verdades en economía, en sociología y en ciencia política siempre son parciales y reflejan tan solo una parte de la complejidad social. “Al tratar de explicar la actitud de los intelectuales, despiadados con las debilidades de las democracias, indulgentes con los mayores crímenes, siempre y cuando estos se cometan en nombre de las doctrinas correctas, me encontré en primer lugar con las palabras sagradas: izquierda, revolución, proletariado. La crítica de estos mitos me llevó a reflexionar sobre el culto de la historia y, posteriormente, a interrogarme sobre una categoría social a la que los sociólogos no han prestado aún la atención que merece: la intelligentsia. Si observamos la realidad, si nos proponemos objetivos concretos, comprobaremos lo absurdo de estas amalgamas político-ideológicas con las que juegan los revolucionarios de gran corazón y cabeza ligera, así como los periodistas ávidos de éxito. Dejemos la superioridad del fanatismo para los fanáticos sin remordimientos. Si la tolerancia nace de la duda, enséñese a dudar de los modelos y de las utopías, a rechazar a los profetas de la salvación, a los heraldos de las catástrofes. Apelemos, pues, al advenimiento de los escépticos, si ellos han de extinguir el fanatismo.” Una obra en general destinada a mantener el combate filosófico contra los mitos de la izquierda, el historicismo y, en suma, la alienación a la que conducían ambas cosas.
Raymond Aron
En su obra Introducción a la Filosofía Política. Democracia y revolución. Su punto de partida era bien concreto: “En el fondo, el problema central que quiero abordar en el presente curso es exactamente el planteado por Tocqueville: siendo un hecho el camino hacia la igualdad, ¿conservan nuestras sociedades la libertad política como un anacronismo o cabe la posibilidad de combinar una sociedad igualitaria con una liberal?”. Su respuesta principal consiste en una cerrada defensa de la democracia contemporánea, entendida como un régimen no revolucionario, o antirrevolucionario, donde la competencia por el poder se hace de modo pacífico y según las reglas del juego. Dado que los actores del Gobierno no están compuestos por una masa uniforme, sino por individuos concretos, para Aron la democracia es sobre todo una oligarquía, renovable por el voto, pero una oligarquía al final. Por eso para él expresiones grandilocuentes como las usadas desde la izquierda pertenecían más a una especie de religión que a la realidad: “Cuando dicen que el pueblo está en el poder o el proletariado está en el poder, se trata de mitología”, afirma. De ahí la necesidad de asegurar por todos los medios un sistema electoral honesto, asegurándose de que existirá siempre una nueva elección al final del mandato. De este modo, para Aron la Libertad es “el derecho a la participación en la competencia por el poder”. El filósofo galo no duda que la democracia es el sistema que mejor preserva las libertades. Afirma que democracia y liberalismo van unidos. “Las democracias occidentales desean salvaguardar los derechos de las personas, dejar un margen a la acción espontánea de cada cual. Se prohíben a sí mismas la ambición de edificar el orden social según un determinado plan y de someter el porvenir a su voluntad. Democráticos, los liberalismos occidentales reconocen en la voluntad del pueblo un principio de legitimidad y en la elección disputada la aplicación de su principio.” De este modo, la libertad subsiste definida como la elección de los gobernantes, si bien no de forma completa, pero ¿lo ha sido alguna vez? En su defensa de los principios y reglas del juego democrático, Raymond Aron se encontrará frente a la izquierda marxista que tildaba todas aquellas libertades de meramente formales. Compañero de pupitre en la École Normale de Jean Paul Sartre, era casi inevitable que la polémica surgiese entre ellos “El comunismo es una versión degradada del mensaje occidental. Retiene su ambición de conquistar la naturaleza y mejorar el destino de los humildes, pero sacrifica lo que fue y tiene que seguir siendo el corazón mismo de la aventura humana: la libertad de investigación, la libertad de controversia, la libertad de crítica, y el voto” afirma Aron ante el natural disgusto de Sartre.

martes, 12 de marzo de 2024

Una revolución de las expectativas allana el camino para una revolución de los hechos

La clásica teoría conductista sobre los orígenes de la revolución la formuló Alexis de Tocqueville en 1856 al observar que “era precisamente en esas partes de Francia en las que se habían registrado más mejoras donde el descontento popular era mayor. Puede que esto parezca ilógico, pero la historia está llena de paradojas…”. Tocqueville explica que el deterioro de las condiciones no siempre provoca la revolución, sino que más bien las quejas suelen incrementarse una vez que las condiciones han comenzado a mejorar. “El régimen destruido por una revolución es casi siempre mejor que el inmediatamente anterior y la experiencia nos enseña que el momento más peligroso para un mal gobierno suele ser aquel en el que comienza a reformarse”. El régimen absolutista de Luis XIV provocó mucho menos resentimiento que el reinado moderado, semiliberal de Luis XVI. Es más posible que se registre una revolución una vez que las cosas han comenzado a mejorar que cuando están empeorando. Fundamentales son las revoluciones de las expectativas crecientes y de la acentuación de la conciencia, más importantes que las propias condiciones objetivas. Cuando esas actitudes han calado, una nueva crisis o un retroceso, no necesariamente profundo, puede desatar la revolución. James C. Davies manifiesta que “cuando más posibilidades hay de que se produzca una revolución es en el momento en que, después de un prolongado periodo de desarrollo económico y social, se llega a otro caracterizado por un acusado revés… El desarrollo económico real es menos relevante que la expectativa de que el progreso anterior, ahora bloqueado, pueda y deba continuar en el futuro”. Theodore S. Hamerow: «La privación económica no es más clave para la caída de una autoridad establecida que la represión política… Lo que hace intolerable la situación económica no es el deterioro de las condiciones, sino el incremento de las expectativas”. Hamerow señala que “León Trotski, la mente política más perspicaz alumbrada por los movimientos revolucionarios del siglo XX, reconocía abiertamente la primacía de la percepción sobre la realidad en el declive de la autoridad establecida… En consecuencia, una revolución de las expectativas allana el camino para una revolución de los hechos”. 
Casi todas las interpretaciones de la revolución coinciden en señalar ciertos requisitos previos comunes, como la pérdida del apoyo de las élites, la presencia de una intelectualidad levantisca, la aparición de expectativas radicales, y la existencia de un antiguo régimen débil y dividido que ha perdido su empuje. Es importante que haya grupos revolucionarios muy bien organizados, pero no indispensable. Según la expresión acuñada por Jonathan Israel, el factor realmente crucial es la presencia de “una revolución mental”.
Cuenta Stanley Payne que “a menudo sucede que la revolución que logra derribarlo inicialmente resulta comparativamente fácil y con frecuencia no va acompañada de grandes desórdenes o derramamiento de sangre. A veces tampoco es fruto de grandes esfuerzos por parte de los revolucionarios, pero la caída del antiguo régimen solo es el comienzo del proceso revolucionario, que suele conducir a una mayor radicalización y a crecientes derramamientos de sangre, que a menudo forman parte de guerras civiles y, en ocasiones, también de grandes conflagraciones internacionales. Es frecuente que la revolución no solo suscite oposición, sino, en algunos casos, la aparición de un movimiento contrarrevolucionario opuesto que puede ser casi tan radical como el revolucionario”.

martes, 27 de febrero de 2024

El radicalismo prospera cuando existe un desajuste entre unas expectativas crecientes y unas oportunidades en declive

El atractivo de una muerte gloriosa y cargada de sentido era especialmente fuerte en los casos en que la opresión estatal y las privaciones económicas frustraban los placeres y alicientes de la vida. Desde Irak hasta Marruecos, los gobiernos árabes habían asfixiado la libertad y habían fracasado claramente a la hora de crear riqueza en un momento en que la democracia y los ingresos personales se disparaban en prácticamente todas las demás zonas del planeta. Arabia Saudí, el más rico de todos, era un país tan claramente improductivo que la extraordinaria abundancia de petróleo no había logrado generar ninguna otra fuente significativa de ingresos; de hecho, si se restaban los ingresos procedentes del petróleo de los países del Golfo, quedaba un balance de doscientos sesenta millones de árabes que exportaban menos que los cinco millones de finlandeses. El radicalismo normalmente prospera cuando existe un desajuste entre unas expectativas crecientes y unas oportunidades en declive. Esto es en particular válido en lugares con una población joven, inactiva y aburrida, donde el arte se empobrece y el entretenimiento (las películas, el teatro, la música) está bajo control o no existe en absoluto, y donde se mantiene apartados a los muchachos de la confortante y socializadora presencia de las mujeres. El analfabetismo adulto seguía siendo habitual en muchos países árabes y la tasa de desempleo era una de las más elevadas de los países en vías de desarrollo. La ira, el resentimiento y la humillación incitaban a los jóvenes árabes a buscar soluciones drásticas. El martirio constituía para aquellos jóvenes una alternativa ideal a una vida con tan escasos alicientes. La posibilidad de una muerte gloriosa atraía al pecador, que sería perdonado, según se decía, en cuanto su sangre comenzara a brotar e incluso vería el lugar que ocuparía en el paraíso antes de morir. Setenta miembros de su familia podrían salvarse de las llamas del infierno gracias a su sacrificio. El mártir que sea pobre será coronado en el cielo con una joya más valiosa que la propia tierra. Y para aquellos jóvenes que procedían de culturas en las que las mujeres estaban encerradas y resultaban inalcanzables para los que carecían de porvenir, el martirio ofrecía los placeres conyugales de setenta y dos vírgenes: “las huríes de ojos oscuros, puras como perlas ocultas”, como las describe el Corán. Aguardaban al mártir con banquetes de carne y fruta y copas del más puro de los vinos.
Aunque obedecían a diferentes motivaciones, compartían la creencia de que el islam, puro y primitivo, sin influencias de la modernidad y no condicionado por la política, sanaría las heridas que el socialismo o el nacionalismo árabe no habían logrado curar. Estaban furiosos, pero no podían hacer nada en sus propios países. No se consideraban a sí mismos terroristas, sino revolucionarios que, al igual que todos los hombres de estas características a lo largo de la historia, se habían visto obligados a actuar por la simple necesidad humana de justicia. Algunos habían sufrido una brutal represión; a otros simplemente les atraían el caos y la sangre. Desde sus inicios, en al-Qaeda había reformistas y había nihilistas. La dinámica entre ellos era irreconciliable y autodestructiva, pero los hechos se sucedían con tanta rapidez que era casi imposible distinguir a los filósofos de los sociópatas.
Referencia: La torre elevada de Lawrence Wright

martes, 19 de diciembre de 2023

La desaparición del Estado de derecho en 1936 permitió alcanzar una virulencia que antes no había sido posible

Escribe el profesor e historiador Ángel David Martín Rubio que “algunos historiadores niegan rotundamente que a partir de febrero de 1936 y por parte del Frente Popular hubiese el propósito de pasar a la dictadura del proletariado, es decir, de implantar un régimen marxista. Se trata de una opinión y nada más, pues los documentos, los discursos y los artículos de la prensa izquierdista demuestran lo contrario. En julio de 1936, España se encontraba en un proceso revolucionario similar al soviético, si bien con la peculiaridad de que su principal motor no era el Partido Comunista sino el PSOE, dispuesto a llegar hasta donde no había podido en 1917 y 1934, haciendo ahora un uso combinado de la acción directa y de los cauces legales. Al tiempo, los comunistas se estaban sirviendo del Partido Socialista para llevar adelante sus propósitos, tal como hicieron antes en la URSS con los mencheviques y seguirían haciendo en España durante la guerra….. La propia evolución política de la República y de la España en guerra iba a provocar la marginación de los republicanos y la persecución directa a los anarquistas, desembocando en el protagonismo decisivo de las organizaciones marxistas de inspiración soviética. Primero, por la seducción que lo ocurrido en Rusia desde 1917 causaba en los fanáticos seguidores del socialista Largo Caballero, apodado por sus correligionarios como el Lenin español, y después porque la intervención soviética en la guerra acabará provocando una total dependencia de la zona llamada republicana”.

“Un análisis objetivo nos revela que el inicio de la persecución a los católicos se remonta a la primavera de 1931, cuando llegó al poder una coalición que coincidía en considerar a la religión como un obstáculo al progreso y un instrumento del régimen derrocado. La definitiva desaparición del Estado de derecho entre febrero y julio de 1936 lo que permitió a ese laicismo alcanzar una virulencia que antes no había sido posible. Los artículos de la Constitución de 1931 y las medidas tomadas con posterioridad demostraron que se pretendía elaborar un marco legal negando la existencia política, social y cultural de un amplio sector de la sociedad española y, además, consagrando esta exclusión en el plano jurídico. El paso siguiente sería la invasión de la esfera de la intimidad y hasta de la vida. La quema de conventos, la persecución religiosa legislativa y la eliminación masiva de eclesiásticos y seglares en la Revolución de octubre de 1934 y, sobre todo, a partir de julio de 1936.”


miércoles, 13 de diciembre de 2023

¿En que consiste una revolución?

¿En que consiste una revolución? Los expertos en Derecho político afirman que una revolución consiste en alterar una constitución a través de medios no previstos en ella. Basado en esta definición, Sebastian Haffner escribe que por ejemplo la revolución nazi de 1933 no fue tal, pues todo transcurrió dentro de la más estricta legalidad, a través de medios que si estaban previstos en la constitución. Lo esencial en una revolución es que la gente ataque con violencia el orden establecido y a sus representantes, policía, ejercito etc, y los venza. Esto suele ir acompañado de disturbios, actos violentos, masas embrutecidas, saqueos, asesinatos e incendios. Lo que se espera de los revolucionarios es que ataquen, que demuestren valor y que arriesguen su vida. Tal vez, dice Haffner, las barricadas estén un poco anticuadas, pero cualquier manifestación de espontaneidad, alzamiento, entrega y rebeldía parece ser parte esencial de una autentica revolución.

sábado, 2 de diciembre de 2023

Walther Rathenau

Walther Rathenau

Walther Rathenau fue un político, escritor y empresario alemán, así como ministro de Exteriores en la República de Weimar. Fue asesinado el 24 de junio de 1922. Fue un revolucionario aristocrático, un gestor idealista, como judío un patriota alemán, como patriota alemán un hombre de mundo liberal a su vez un quialista y un estricto servidor de la ley. Se notaba que de no haber sido ministro de asuntos exteriores de Alemania en1922 podría haber sido un filósofo alemán en 1800, un magnate financiero en 1850, un gran rabino o un anacoreta. 
Rathenau y Hitler fueron las dos presencias que lograron estimular al máximo la imaginación de la masa alemana; uno gracias a su increíble cultura y otro gracias a su increíble maldad. Ambos, y esto es lo decisivo, procedían de regiones inaccesibles, de algún “más allá”. El uno del ámbito de la máxima espiritualidad, donde la cultura de tres milenios y dos hemisferios celebran su simposio; el otro de una jungla situada muy por debajo del nivel de la peor literatura, de un submundo en el que emergen demonios a partir del olor rancio fermentado en los cuartos interiores de pequeños burgueses, en los asilos de los mendigos, en las letrinas cuarteleras y en los patios de ejecución. Una vez fuera de su entorno, ambos tuvieron verdaderos poderes mágicos, independientemente de cual fuese su política.
Resulta difícil aventurar adónde habría conducido la política de Rathenau a Alemania y a Europa en caso de que este hubiera tenido tiempo de ejecutarla. Fue asesinado medio año después de haber comenzado a desempeñar su cargo. Rathenau despertaba verdadero amor y auténtico odio entre las masas. Este odio era salvaje, irracional, un odio primigenio, cerrado en banda a cualquier discusión tal y como el que, desde entonces, solo se ha grajeado un político alemán, Hitler.

sábado, 19 de agosto de 2023

No se es radical en política porque se sea radical en política, sino porque antes se es radical en pensamiento

Escribía Ortega y Gasset que no se es radical en política porque se sea radical en política, sino porque antes se es radical en pensamiento. Bajo su aspecto de vana sutileza, esta distinción es decisiva para la comprensión del fenómeno histórico propiamente revolucionario. Las escenas que siempre en él se producen ostentan un cariz tan patético, que nos sentimos inclinados a buscar el origen de la revolución en un estado pasional. Unos verán en la explosión de cierto heroísmo civil el motor del gran acontecimiento. Napoleón, en cambio, decía que la vanidad ha hecho la revolución, la libertad fue sólo el pretexto. Yo no niego, dice Ortega y Gasset, que una y otra pasión sean ingredientes de las revoluciones. Pero en todas las grandes épocas históricas abundan el heroísmo y la vanidad, sin que la subversión estalle. Para que ambas potencias afectivas fragüen una revolución, es preciso que funcionen dentro de un espíritu saturado de fe en la razón pura.
Ahora se va a hacer que la vida se ponga al servicio de las ideas. Este vuelco radical de las relaciones entre la vida e idea es la verdadera esencia del espíritu revolucionario.



miércoles, 26 de abril de 2023

La corrupción mata a Venezuela

Rafael Ramírez, quien estuvo al frente de la compañía petrolera estatal PDVSA mas de 10 años y fue denunciado por los propios despachos del chavomadurismo, desde donde también se emitieron las órdenes de captura contra el sucesor de Ramírez en la presidencia de PDVSA, Eulogio Del Pino, que aun permanece preso por ordenes de “la revolución”, con mejor suerte que Nelson Martínez que terminó muriendo en la cárcel en la que lo habían metido sus compañeros de revolución.Todo por pleitos por los botines, por los dólares y estafas que se imputan unos a otros, que involucran a muchos dirigentes encumbrados que terminaron desplomándose de sus atalayas de poder.Comenzaron instalando el Plan Bolívar 2.000 a cargo de militares, programa gubernamental que, naciendo, se contaminó del fatal virus de la corrupción. Ese hecho, al igual que innumerables estafas a costas del erario público venezolano, fueron suficientemente denunciados en un libro llamado El Gran Saqueo escrito y muy bien documentado por el exgobernador Carlos Tablante y el experto en seguridad Marco Tarre Briceño.En ese texto están detalladas todas esas irregularidades que se cometieron muchísimo antes de que se hablara de aplicaciones de sanciones al régimen madurista. La tragedia social, económica y el desmadre de la infraestructura del país se debe a la más descarada y descomunal corrupción, sin parangón, en la historia de la humanidad.El propio exministro Jorge Giordano, reputado como el gurú planificador de la revolución, aseguró el año 2013, públicamente, de la existencia de un esquema de fraude en conexión con las llamadas "empresas de maletín" a las cuales se les otorgaron, por lo menos, 25 millardos de dólares.

Antonio Ledezma escribe que en Venezuela hay constantes fallos en el suministro de luz, porque los miles de millones de dólares que se destinaron para reparar turbinas, instalar termoeléctricas y adquirir plantas eléctricas fueron robados.¿Y qué paso?, que Venezuela está a oscuras y los falsos revolucionarios muy ricos, a expensas del dinero de los venezolanos. Antonio Ledezma en su libro De Dónde Venimos y Hacia Dónde Vamos ofrece datos que confirman que en esta etapa de Chávez-Maduro, nada más, entre los años 2010 y 2013, se destinaron 120.000 millones de dólares para proyectos de electricidad. No rinden cuentas ni se castiga a los responsables de semejante asalto al erario público. Escalofriante orgía de corrupción da lugar a bautizarla como el “Robo del Milenio”, se estima que la cifra oscila entre los 400 mil y 600 mil millones de dólares. Pero además que es parte del entramado de narcotráfico, terrorismo y crímenes de lesa humanidad que tienen a Maduro y a su banda en la mira de la Corte Penal Internacional.

viernes, 30 de diciembre de 2022

Lenin era esa combinación de autocastigo con el castigo a otras personas expresado en un odio social y en una crueldad política

“Lo terrible de Lenin,manifiesta Struve, era esa combinación en una persona del autocastigo, fuente de todo verdadero ascetismo, con el castigo a otras personas expresado en un abstracto odio social y en una fría crueldad política”. Incluso como dirigente del Estado soviético, Lenin mantuvo el estilo de vida espartano de la clandestinidad revolucionaria. Hasta marzo de 1918, él y Krupskaya ocuparon una habitación escasamente amueblada en el Instituto Smolny, que anteriormente había sido un internado para chicas, durmiendo en dos estrechas camas de campamento y lavándose con agua fría de una palangana. Más parecía la celda de una prisión que la suite del dictador del país más grande del mundo. Cuando el Gobierno se trasladó a Moscú, vivían con la hermana de Lenin en un modesto apartamento de tres habitaciones en el interior del Kremlin y comían en la cafetería. Como Rajmetev, Lenin se entrenaba con pesas para fortalecer sus músculos. Lenin no fumaba y prácticamente no bebía. Krupskaya le llamaba «Ilich», su mote en el partido, y él la llamaba «camarada». Era más su secretaria personal que su esposa, y probablemente no fue mala suerte que no nacieran hijos de su matrimonio. Los sentimientos no tenían cabida en la vida de Lenin. “No puedo escuchar música con mucha frecuencia,reconoció una vez después de escuchar la Sonata apasionada de Beethoven. Me provoca deseos de decir cosas agradables y estúpidas, y de acariciarle la cabeza a la gente. Pero ahora hay que apalearles la cabeza, apalearles sin piedad”. Los intereses literarios de Lenin estaban, como todo lo demás, determinados por su contenido social y político. Sólo se preocupaba de leer libros que pudieran serle de utilidad. Admiraba a Pushkin por lo que de manera simplista supuso que era su oposición a la autocracia, y le gustaba Nekrasov por su representación realista de las masas oprimidas. Había leído Fausto, de Goethe, mientras aprendía de forma autodidacta alemán en Siberia, e incluso había aprendido de memoria algunos discursos de Mefistófeles; pero nunca mostró ningún interés por cualquier otra obra de Goethe. Se negó a leer a Dostoyevsky, rechazando su novela Los demonios, donde el autor intenta exponer la naturaleza psicótica del revolucionario, por considerarla “una inmundicia reaccionaria. No tengo, en absoluto, ningún deseo de malgastar mi tiempo en ella. Hojeé el libro y lo tiré. Yo no leo semejante literatura, ¿de qué me sirve?”. La raíz de este planteamiento mediocre de la vida era una ardiente ambición de poder.

Buena parte del éxito de Lenin en 1917 se explica, sin duda, por su dominio imponente sobre el partido. Ningún otro partido político había estado tan íntimamente ligado a la personalidad de un único hombre.El dominio de Lenin sobre el partido tenía más que ver con la cultura del partido que con su propio carisma. Su oratoria era gris. Le faltaba brillantez, el pathos, el humor, las metáforas vívidas, el color o el drama de un discurso de Trotsky o de Zinoviev. Además, Lenin no podía pronunciar las erres correctamente. No obstante, sus discursos tenían una lógica de hierro, y Lenin tenía facilidad para encontrar lemas fáciles, que metía en la cabeza de sus oyentes a fuerza de repetirlos constantemente.


Fuente: La Revolución rusa (1891-1924) de Orlando Figes


sábado, 17 de septiembre de 2022

La revolución es un estado de espíritu

Escribe Ortega y Gasset que la revolución no es la barricada, sino un estado de espíritu. Este estado de espíritu no se produce en cualquier tiempo; como las frutas, tiene su estación….Es curioso advertir que en todos los grandes ciclos históricos suficientemente conocidos (mundo griego, mundo romano, mundo europeo) se llega a un punto en que comienza, no una revolución, sino toda una era revolucionaria, que dura dos o tres siglos, y acaba por transcurrir definitivamente. El hombre medieval, cuando se rebela,se rebela contra los abusos de los señores. El revolucionario, en cambio, no se rebela contra los abusos, sino contra los usos.


sábado, 26 de febrero de 2022

El nacionalismo no ha sido nunca el monopolio de la derecha

El nacionalismo no ha sido nunca el monopolio de la derecha. En el País Vasco coinciden el PNV de sotana y misa diaria con el terrorismo marxista de ETA, ahora proyectado políticamente en el partido Bildu. Lo mismo ha ocurrido históricamente en Cataluña, donde la bandera nacionalista la han compartido Esquerra Republicana y Convergencia. De hecho, el fenómeno político más relevante de la última década es la desaparición del catalanismo colaborador y pragmático, y su sustitución por un movimiento típicamente revolucionario, en el que confluyen elementos burgueses y antisistema; las corbatas del expresidente Mas y las chanclas del antisistema. Basta escarbar con la yema de un dedo para descubrir entre los separatistas y Podemos un entramado de similitudes.Lo resumió la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en junio de 2015: “Si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen”. Populismo en estado puro.


domingo, 19 de mayo de 2019

Fidel Castro consideraba la homosexualidad una aberración

Fidel Castro.
“Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condiciones y requisitos de conducta que nos permita considerarlo un verdadero revolucionario, un verdadero comunista. Una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debe ser un militante comunista, seré sincero y diré que los homosexuales no deben ser permitidos en cargos donde puedan influenciar a los jóvenes” declaró Fidel Castro, quien además en 1968 dictó la siguiente disposición en el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura en La Habana: “Los medios culturales no pueden servir de marco a la proliferación de falsos intelectuales, que pretenden convertir el snobismo, la extravagancia, el homosexualismo y demás aberraciones en manifestaciones de arte revolucionario, alejado de las masas y del espíritu de nuestra revolución”. Fue así como en 1965 y bajo el aludido nombre de UMAP (“Unidades de Ayuda a la Producción”), se forjaron de manera institucionalizada y organizada numerosos establecimientos afines, que tenían el propósito de encerrar y someter a extenuante trabajo por el lapso no menor de un año a todo el que se apartase de los estereotipos impuestos por la Revolución.

 Fidel Castro recluía a los homosexuales en campos de trabajos forzados

martes, 18 de diciembre de 2018

Los socialistas del Siglo XXI.

Evo Morales.
Evo Morales expresa la idea de la democracia totalitaria cuando sostiene que él, como presidente que representaba al pueblo, no tiene por qué someterse a ninguna ley que le limite. Morales dice que: Por encima de lo jurídico, es lo político. Quiero que sepan que cuando algún jurista me dice: “Evo, te estás equivocando jurídicamente, eso que estás haciendo es ilegal”, bueno, yo le “meto”, por más que sea ilegal. Después les digo a los abogados: “si es ilegal, legalicen ustedes, ¿para qué han estudiado?”. Lo que Morales está diciendo, en otras palabras, es que, para él, democracia y dictadura son la misma cosa. En efecto, pues si él encarna al pueblo y debe hacerse todo lo que el pueblo quiere, entonces debe hacerse todo lo que él quiere.

Pablo Iglesias, líder de Podemos, apoyaría esta misma tesis.
Pablo Iglesias.
 Según Iglesias, la idea de democracia real es aquella que propusiera Maximiliano Robespierre en tiempos de la Revolución francesa, quien diría que “la democracia es un Estado en el que el pueblo soberano, guiado por leyes que son de obra suya actúa por sí mismo siempre que le es posible, y por sus delegados cuando no puede obrar por sí mismo”. Para Iglesias, “la democracia es el movimiento dirigido a arrebatar el poder a quienes lo acaparan para repartirlo entre el pueblo, que es el llamado a ejercerlo por sí mismo o por sus delegados”. Iglesias reconoce que la idea de democracia del socialismo del siglo XXI se remonta a la tradición de los jacobinos en la Revolución francesa, pues fueron ellos los primeros que vieron en la democracia un instrumento de poder para igualar, pero no ante la ley, sino para igualar las condiciones materiales del pueblo.

Para los jacobinos, la democracia real tenía que ver con la igualdad material. Cuando Robespierre declaró que “todo lo que es necesario para mantener la vida debe ser propiedad común, y sólo el superávit puede ser reconocido como propiedad privada”, estaba reflejando el ideal socialista
Che Guevara.
intrínseco de la Revolución francesa. Esta era la misma idea que expresaría el Che Guevara, cuando dijo que debía rescatarse la función social de la propiedad privada y que sólo los excedentes podían ser conservados por los dueños. Según la filósofa alemana Hannah Arendt, fue precisamente el foco en las necesidades materiales lo que llevó a la Revolución francesa a terminar en una dictadura sangrienta, mientras que la Revolución norteamericana, con su foco en la libertad individual, resultó un éxito. Para Arendt, el cambio de foco revolucionario desde los abstractos “Derechos del Hombre” a los derechos sociales, desató el régimen del Terror en la Revolución francesa, llevándola al fracaso. Y sería ese mismo énfasis en derechos sociales, dice Arendt, lo que llevaría a todas las revoluciones que siguieron a fracasar en su intento de conseguir la libertad.

Rousseau.
Según Isaiah Berlin, la doctrina según la cual la libertad de las personas se consuma en el Estado fue la de la “servidumbre absoluta”, lo que convierte a Rousseau en uno de los “más siniestros y formidables enemigos de la libertad en toda la historia del pensamiento moderno”. Pues bien, ese es el referente de Pablo Iglesias y los socialistas del siglo XXI.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Los terroristas tienden a salir de familias con buena educación, de clase media o con altos ingresos.

Alan Krueger
El economista Alan Krueger estudió una circular de noticias de Hezbollah titulada Al-Ahd (El Juramento) y reunió datos biográficos de 129 shahids (mártires) muertos. A continuación, los comparó con hombres de la misma franja de edad de la población general del Líbano. Descubrió que era menos probable que los terroristas pertenecieran a una familia pobre (el 28 por ciento frente al 33) y más probable que tuvieran al menos educación secundaria (el 47 por ciento frente al 38). Krueger descubrió que, en general, “los terroristas tienden a salir de familias con buena educación, de clase media o con altos ingresos”.

Señala Krueger, el delito tiene como principal impulso la ganancia personal, mientras que el terrorismo es fundamentalmente un acto político. En su análisis, el tipo de persona con más probabilidades de convertirse en terrorista
es similar al tipo de persona con más probabilidades de votar. El perfil del terrorista de Krueger se parece bastante al del revolucionario. Fidel Castro y el Che Guevara, Ho Chi Minh, Mohandas Gandhi, León Trotsky y Vladimir Lenin, Simón Bolívar y Maximilien Robespierre. No encontrará entre ellos ni un solo chico de clase baja y sin educación.

Krueger cita más de cien definiciones académicas diferentes de terrorismo. “En una conferencia en 2002, escribe, los ministros de Asuntos Exteriores de más de cincuenta estados islámicos acordaron condenar el terrorismo, pero no pudieron ponerse de acuerdo en una definición de lo que estaban condenando”. 



El terrorismo es efectivo porque impone costes a todos, no solo a sus víctimas directas. El más importante de estos costes indirectos es el miedo a un futuro atentado, aunque este miedo sea sumamente desproporcionado.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Los rebeldes exigen progreso, mientras los revolucionarios exigen destrucción.

Cuenta la Premio Nobel Pearl Buck que una de las características del pueblo japonés es la de aceptar la fatalidad sin rebelarse, cuando está convencido de que se trata de la fatalidad y procurar sacar alguna enseñanza de sus propias faltas. Así fue como en el siglo XIX, cuando resultaba evidente que el antiguo aislamiento no podía ser mantenido más tiempo ante un mundo en continua
período Meiji
transformación, se había encaminado rápida y firmemente hacia las reformas del período Meiji. De la misma manera aceptó la derrota cuando se empleó dos veces la bomba atómica, resolviendo utilizar la derrota como una lección para alcanzar su objetivo más inmediato, el de llegar a una pacífica edad de oro para el Japón e incluso para el mundo entero. Su grandeza ha quedado demostrada por su aptitud para reconocer la derrota como demostración de sus errores de juicio, para llevar a cabo en lo sucesivo una acción constructiva. 
Templo budista de Byōdō-in, Japón.
Que fuera capaz de poner de manifiesto semejante autodisciplina yo lo achaco, dice Pearl Buck, a su inquebrantable unidad nacional, basada en la estructura de su Gobierno. El pueblo japonés puede cambiar de dirección con rapidez y perfección cuando se convence de que es esencial el cambio. Los japoneses han sido y son rebeldes, pero no revolucionarios. Los rebeldes exigen progreso, mientras los revolucionarios exigen destrucción. Dentro de la firme estructura de la sociedad japonesa, los rebeldes son una fuerza permanente y efectiva, pero nadie quiere una revolución en el país.

El pueblo japonés puede cambiar de dirección con rapidez y perfección cuando se convence de que es esencial el cambio.

miércoles, 5 de abril de 2017

El bolivarianismo es un populismo de izquierdas.

El Ejército venezolano publicó 30.000 ejemplares del libro “La guerra periférica y el islam revolucionario”. Es un panfleto que elabora desde dentro un creciente fenómeno, que es la alianza de los principales enemigos de la democracia occidental, como son los regímenes izquierdistas obedientes al Foro de São Paulo y el islamismo. Esa alianza que hoy se ve en Madrid con Pablo Iglesias como máximo beneficiario de una televisión que funciona con dinero de Venezuela e Irán. 
Verstrynge afirma:“Cuando dicen que el arma de destrucción masiva de Venezuela es el petróleo yo digo que no. El arma de destrucción masiva de Venezuela es el bolivarianismo. Lo que preocupa realmente a los norteamericanos es ese planteamiento político, económico y social que pone en solfa literalmente a la totalidad de las clases dominantes al sur del Rio Grande. A mis amigos bolivarianos no les va a gustar lo que voy a decir ahora pero el bolivarianismo es un populismo de izquierdas”.