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lunes, 22 de julio de 2024

Hacer felices a los demás es un acto que ilumina

Los sabios rabinos enseñan que alguien que inspira a otra persona a hacer una buena acción es más digno de elogio que la persona que la hace (Talmud, Bava Batra 9a). Del mismo modo, es más admirable quien hace felices a los demás que quien busca su propia felicidad. Hacer felices a los demás es un acto descrito como “luz directa” que ilumina ( אור שִ י שִ שר ), mientras que la alegría que se refleja en la persona que hizo felices a los demás se denomina “luz que regresa” o “luz reflejada” ( אור חו ר זר ). La luz reflejada penetra el origen de la alegría y por lo tanto tiene una ventaja sobre la luz directa. La alegría vuelve a la persona que la despertó, capacitándola para llevar alegría a los demás, formando un ciclo interminable de regocijo y de alegría.



jueves, 30 de noviembre de 2023

Un elogio al amor y  la  fidelidad  matrimonial

La Sagrada Escritura condena la fornicación, enaltece el amor matrimonial, pero no insiste en el tema más de lo conveniente. De hecho, la Biblia está más preocupada en evitar todo tipo de idolatría o en ayudar al prójimo que en demonizar los pecados sexuales. Si uno lee los cuatro Evangelios enteros, se da cuenta de que el mensaje de Jesus es un elogio de la pureza, de la castidad, del amor y la fidelidad matrimonial. 

lunes, 2 de enero de 2023

Fernando VI,un rey honesto, honrado y amante de la paz

Fernando VI

De 1746 a 1759 hay en España un período de calma. Se debe a un rey pacífico. Como Felipe III, sucede y es sucedido por reyes guerreros. Igual que Felipe III decidió que llamarse Austria no le obligaba a acudir continuamente en apoyo de sus primos de Viena, Fernando VI sostiene que llamarse Borbón tampoco le fuerza a ser el peón de brega de las ambiciones francesas en Europa. Ministros anglófilos y francófilos tiraron de su voluntad para obligarle a una decisión y no lo consiguieron; por ello, el estado de su hacienda fue el mejor de todo el siglo y, por vez primera, el presupuesto pudo presentar un superávit. Porque además, afortunadamente para el país, se diferenció del otro rey pacifista porque no gastó dentro el dinero que ahorraba fuera. Las fiestas cortesanas se notaron por su ausencia y por su ausencia también los cohechos y sobornos. … lo que produjo, por otro lado, un cierto despego en la Corte hacia rey tan aburrido. Su matrimonio con Bárbara de Braganza, fea, pobre y portuguesa, tampoco le granjeó más simpatías y los rumores sobre el dinero que ésta se llevaba a su patria natal no le hacían más popular. Fue honesto, honrado, amante de la paz. Los enviados de otras potencias, los historiadores probos hicieron elogios de su actuación.

sábado, 9 de octubre de 2021

Los amores naturales que se convierten en dioses dejan de ser amores


C. S. Lewis escribe en Los cuatro amores que “podemos dar a nuestros amores humanos la adhesión incondicional que solamente a Dios debemos, podemos convertirlos en dioses, en demonios. De este modo se destruirán a sí mismos y nos destruirán a nosotros; porque los amores naturales que se convierten en dioses dejan de ser amores. Continuamos llamándoles así, pero de hecho pueden llegar a ser complicadas formas de odio. Nuestros amores-necesidad pueden ser voraces y exigentes; pero no se presentan como dioses; no están tan cerca de Dios por su semejanza como para pretenderlo siquiera. De lo dicho se desprende que no debemos imitar ni a los que idolatran el amor humano ni a los que lo ridiculizan. Esta idolatría, tanto la del amor erótico como la de los afectos domésticos, fue el gran error de la literatura del XIX. Browning, Kingsley y Patmore hablan a veces como si creyeran que enamorarse fuera lo mismo que santificarse; los novelistas contraponen el mundo no con el Reino de los Cielos sino con el hogar. Ahora estamos viviendo una reacción en contra de eso. Los que ridiculizan el amor humano califican de sensiblería y de sentimentalismo casi todo lo que sus padres decían en elogio del amor; están siempre escarbando y poniendo al descubierto las raíces sucias de nuestros amores naturales. Pero pienso que no debemos escuchar ni al supersabio ni al supertonto. Lo más alto no puede sostenerse sin lo más bajo. Una planta tiene que tener raíces abajo y luz del sol arriba, y las raíces no pueden dejar de estar sucias. Por otro lado, gran parte de esa suciedad no es más que tierra limpia, siempre que se la deje en el jardín y no se esparza sobre la mesa del despacho. Los amores humanos no pueden sin más ser gloriosas imágenes del amor divino. Son, ni más ni menos, cercanos por semejanza, que en ocasiones pueden ayudar y en otras dificultar la cercanía de aproximación”. 

jueves, 6 de agosto de 2020

Hasta la muerte el artista duda de sí




Los elogios excesivos, cuando son unánimes y escoltan toda una carrera, pueden esterilizar a un artista mucho más que la ducha de agua fría que corresponde a la realidad de la vida. En eso debía estar pensando Jean Paulhan cuando escribió que “los varapalos conservan al autor mejor que el licor las guindas”. El director de cine francés François Truffaut dice que “hasta la muerte el artista duda de sí, en su interior, aunque sus contemporáneos lo cubran de elogios. Buscando protegerse de los ataques o, simplemente, de la indiferencia ¿se defiende a sí mismo o a su obra, a la que considera como un hijo suyo en peligro?” Marcel Proust tiene una respuesta para esta pregunta: “Tengo tal impresión de que una obra es algo que, salido de nosotros mismos, vale mucho más que nosotros, que me parece natural desvivirse por ella, como un padre por su hijo. Pero esta idea no me autoriza a hablar a los demás de algo que quizás sólo me interesa a mí”.

martes, 14 de enero de 2020

Una palabra amable


No hay prácticamente nada en este mundo que cueste menos y valga tanto como una palabra amable. Muchas de las cosas que hacen los hombres, y a un coste mucho mayor, no aportan ni la mitad de las bondades que se derivan de una sola palabra de amabilidad. Unas palabras amables pronunciadas con comprensión no aclararán un malentendido, pero harán innecesarias las explicaciones, evitando así el peligro de reabrir viejas heridas.

La diferencia entre el elogio y el halago es que el primero es sincero, el segundo falso; el primero es desinteresado, el segundo lo dicta el interés; el primero lo admira todo el mundo, el segundo todo el mundo lo condena. El halago suele acompañar a las personas astutas.