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miércoles, 19 de junio de 2024

El imperio digital, que borra la distinción entre lo verdadero y lo falso, se ofrece como guía

Monseñor Argüello,en una entrevista manifiesta cómo “el nihilismo crece” y, “en consecuencia, se hacen muy difíciles los compromisos estables y la vivencia de la fe”. De este modo, “la vida humana queda desarraigada, sin ningún anclaje divino ni verdad absoluta; la norma suprema del comportamiento llega a través del consenso social positivista, y todo queda a merced de los intereses de quienes pueden imponer su voluntad”.

“Los más débiles y pobres quedan excluidos y no son tenidos en cuenta y los jóvenes experimentan un extraño malestar, pero no saben bien por qué”. Y en mitad de “esta incertidumbre, el nuevo imperio digital, que quiere borrar la distinción entre lo verdadero y lo falso, la realidad y la ficción, el bien y el mal, se ofrece como guía que perfila nuestro rostro y calcula nuestras decisiones”….“Todo este proceso de transformación no ocurre solo de manera automática como consecuencia de transformaciones tecnológicas y económicas, sino que es impulsado por un intento deliberado de deconstrucción o desmontaje, en concreto, de la cosmovisión cristiana”, señala monseñor Argüello. “Pareciera que hay un guión bien trazado con calendario y finalidades tremendas, puesto que emerge, teledirigida, una propuestas neopaganas que pretenden construir una sociedad nueva, para lo cual es preciso deconstruir”……“Asistimos a un constructivismo antropológico en las muy extendidas corrientes ideológicas de género y en la aceptación social del aborto y la eutanasia; un constructivismo histórico y también pedagógico, reforzado con el dominio de la escuela”. Y “todo ello ocurre de manera indolora, pues la cultura de masas, basada en emociones y sensaciones, está logrando que este proceso de derribo se viva de manera casi indiferente, más aún como un logro de la libertad”.

domingo, 16 de febrero de 2020

La cultura de masas y la publicidad han liberado la conciencia individual y colectiva de cualquier sentimiento de culpa o pudor



Enrique González Duro, psiquiatra y profesor universitario dice que “la cultura de masas y la publicidad han liberado la conciencia individual y colectiva de cualquier sentimiento de culpa o pudor, tradicionalmente asociado a cualquier forma de placer inmediato, antes la satisfacción de los deseos e impulsos únicamente se consideraba buena si respondía a objetivos duraderos y socialmente aceptables, para que el hombre contemporáneo se sienta libre de desear todo cuanto invasivamente se le presenta y libre de conseguirlo lo antes posible y al precio que sea. En este sentido, puede decirse que se ha producido cierta liberación de la libido, antes reprimida o sublimada hacia fines idealizados, para lograr una mejor adaptación social del individuo, para hacer innecesaria cualquier forma de protesta o rebelión. Ahora, el ideal de felicidad no se sitúa a largo plazo en un mundo mejor, y tampoco precisa de la solidaridad colectiva o la liberación social, pues la felicidad es como un señuelo que está al alcance de la mano, de casi cualquier mano, mediante la adquisición continuada y dirigida de los bienes de consumo. El individuo está plenamente convencido de que comprando mercancías será feliz, y consumiendo se concilia con la sociedad y se muestra conforme con el tipo de existencia que él ha elegido, aunque en realidad le ha sido impuesta. Ya no se ha de preguntar qué es la felicidad, porque la felicidad es aquello que se ofrece a diario de un modo insistentemente repetitivo y presentado como muy apetecible. Y, sin embargo, el consumismo no proporciona otra cosa que meros placeres sustitutivos fugaces e incompletos que siempre frustran las expectativas generadas por la oferta de los productos. Por eso, el consumidor está permanentemente insatisfecho, pese a lo cual consume una y otra vez, de forma compulsiva. Acertadamente, se ha dicho que el consumo no satisface el deseo, sino que lo genera o incluso lo aumenta, de tal modo que el individuo no es capaz de liberarse o renunciar al deseo”.

lunes, 30 de enero de 2017

Proletarización intelectual.

proletarización intelectual 
Los periódicos hablan del bajo nivel de nuestros universitarios .Bastaría tan sólo con aplicar el oído a lo que se habla y se lee y al modo como se habla y se escribe. Su abandono viene desde la escuela, que no sabe responder a los desafíos que lanza una cultura de masas, y desde una sociedad que mide la educación con haremos de productividad parecidos a los que miden el rendimiento industrial. 

No se promueve al agente reflexivo, sino al autómata obediente; no se debate de la verdad, sino que se emiten opiniones; no se procura tanto enseñar como entretener. Allí se programa un analfabetismo complacido, se fomenta la proletarización intelectual de los más.



No se promueve al agente reflexivo, sino al autómata obediente