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jueves, 13 de agosto de 2026

No quieras para otro lo que no quieres para ti

¿Qué es bien?, ¿qué es mal?, las cosas no están tan claras. Por eso se vio como más intuitiva y cierta la expresión “no quieras para otro lo que no quieres para ti”. Está en el Evangelio y también en libros de otras religiones o cosmovisiones. En la filosofía de Confucio: “¿Hay alguna máxima que deba uno seguir en la vida? Lo que no deseamos que nos hagan no lo hagamos a los demás”. En el Avesta indio: “Es bueno el que se abstiene de hacer a otros lo que no es bueno para uno mismo”. En el Corán: “Ninguno de vosotros será verdadero creyente, a no ser que desee para su hermano lo mismo que desea para sí mismo”. En la tradición hebrea del Talmud: “Lo que no quieras para ti, no lo quieras para tu prójimo; esto es toda la ley; lo demás es comentario”.
En el Antiguo Testamento y por Jesucristo en los Evangelios se manifiesta “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Salvo en casos extremos de desesperación o de graves enfermedades mentales, cada ser humano desea lo bueno para sí mismo, que eso es amar, desear el bien. Y esa es la medida del amor al prójimo, que sería, en positivo, la regla áurea: “quiere para otros lo bueno que quieres para ti”.

viernes, 3 de julio de 2026

El amor nos une sin atarnos

Dirá el filósofo Frédéric Lenoir que “el amor nos une sin atarnos. Nos compromete sin aprisionarnos. Nos hace temblar sin inculcarnos miedo. Llorar sin cerrar nuestro corazón. El amor nos hace desear sin poseer. Nos encadena y nos libera. Nos afianza y nos abre al universo entero”.


jueves, 7 de mayo de 2026

Nuestros deseos no son sueños

Es injusto tomar el abuso por el uso y pensar que las formas inmaduras o agresivas de autoafirmación son las que definen la libertad como tal. Que la libertad incluye dentro de si la responsabilidad nos resulta evidente tan pronto como tenemos en cuenta que los compromisos y los vínculos más fuertes son aquellos que resultan de la propia libertad. 
Hemos de vigilar nuestros deseos tanto o más que nuestros actos, porque nuestros deseos no son sueños, sino nuestra más viva realidad; somos lo que deseamos ser.  

Referencia: Libertad como pasión de Daniel Innerarity


domingo, 3 de mayo de 2026

Como la fresa tiene gusto a fresa, así la vida sabe a felicidad

Richard Easterlin
Richard Easterlin cuenta que la satisfacción que tenemos en la existencia, el grado de felicidad que declaramos, depende en muy gran parte, pues somos seres sociales, de la manera en que nos comparamos con los que están alrededor nuestro. Y un individuo es estadísticamente más feliz, o tiene más posibilidades de serlo, cuando gana 2.000 euros en una empresa en que todo el mundo gana 1.000, que cuando gana 3.000 euros en una empresa donde todo el mundo gana 10.000. En el fondo, miramos siempre a los demás con el deseo de obtener lo que ellos tienen, de modo, dice Easterlin que se suele producir este sorprendente fenómeno, cuanto más ganamos, más ricos nos volvemos, y más frecuentamos a gente que es más rica que nosotros, con una desigualdad de ingresos mucho más importante que si frecuentamos a gente mal pagada. Cuanto más aumenta nuestra remuneración, más ocasiones tenemos de sentirnos frustrados, porque tenemos el sentimiento de que toda la gente que nos rodea tienen más suerte que nosotros, son más felices que nosotros.
San Agustín expresaba que no hay que desear lo que no tenemos aún, sino volver a desear lo que ya tenemos. Dice François-Xavier Bellamy que quizá toda la felicidad consiste en amar lo que hemos recibido como si no lo tuviésemos; y toda la infelicidad, en la única experiencia verdaderamente terrible de la existencia, resulta de conjugar la felicidad solo en el pasado, cuando no se supo disfrutar de su presencia. Mi salud es un bien infinitamente precioso, pero del que no sé su valor más que en el momento en que comienzo a perderla. Somos desgraciados por perder lo que no hemos sido felices por tener. La felicidad perdida es incluso, en realidad, la única desgracia que existe. Prévert dice: “He reconocido la felicidad por el ruido que ha hecho al marcharse”. Una frase como esa define la catástrofe de nuestras vidas.
Epicuro en la Carta a Meneses nos dice que la felicidad puede encontrarse simplemente en nuestro rencuentro con la vida. Pero recolectar con la vida, con el presente, supone una curación que todos necesitamos; liberarnos de nuestros miedos.
Alain escribe que “la vida es buena por encima de todo; es buena por si misma; el razonamiento no le añade nada. No se es feliz por viaje, éxito, placer. No, se es feliz porque se es feliz. La felicidad es el sabor mismo de la vida. Como la fresa tiene gusto a fresa, así la vida sabe a felicidad. El sol es bueno; la lluvia es buena; todo ruido es música. No es que estemos condenados a vivir; vivimos ávidamente. Queremos ver, tocar, valorar; queremos desplegar el mundo. Todo viviente es como un paseante de la mañana.” Y añade Alain que “incluso las penas, la fatiga, las pruebas, todo eso tiene aún un sabor de felicidad, porque todo eso tiene aún un sabor de vida. Existir es bueno; no algo mejor que otra cosa; porque existir es todo, y no existir no es nada. Si no fuese así, ningún viviente nacería, ningún viviente duraría.

miércoles, 18 de febrero de 2026

El anhelo natural de felicidad

La película de Fred Zinnemann, Un hombre para la eternidad (1966), está dedicada a los últimos años de la vida de Tomás Moro y sus difíciles relaciones con Enrique VIII. El film está basado en una obra de teatro de Robert Bolt, representada con éxito durante años. La película nos regala una prueba de la existencia de Dios, llamada técnicamente “por el anhelo natural de felicidad”. Ese anhelo natural que hay en todo ser humano supondría la existencia de lo anhelado, pero como el corazón del hombre no puede ser llenado por nada finito, debe existir un ser Infinito que colme sus deseos, que sería Dios. Al final de la película, cuando Tomás Moro va a ser decapitado, le dice a su verdugo a la vez que, como era costumbre, le entrega una moneda: “Haz tu trabajo sin preocuparte, que a mí me llevas junto a Dios”. “Muy seguro estás de ello, sir Thomas”, le contesta burlonamente el alguacil. A lo que Tomás responde con serenidad: “No puede defraudarme Aquel a quien tanto deseo ver”. Al momento, cae el hacha.


sábado, 6 de septiembre de 2025

Desear mucho

“Es buena cosa desear mucho, pero hay que poner orden en los deseos y después llevarlos a cabo, cada uno en su momento oportuno y según vuestras posibilidades”, aconsejaba Francisco de Sales.

viernes, 28 de febrero de 2025

El gozo de la verdad

Agustín de Hipona escribe que la verdadera felicidad, pensando en nuestra vida en la tierra y en la que nos espera en el cielo, es el gozo de la verdad, gaudium de veritate. Vivir en la verdad es mucho más que “saber” algunas cosas. De ahí que el término hebreo émet signifique tanto “verdad” como “fidelidad”. La persona sincera es fiel, y quien desea ser fiel ama la verdad.

martes, 17 de diciembre de 2024

El deseo de felicidad

Pocas cosas también se alcanzan con menos frecuencia, aunque se pongan los ingredientes que a los hombres nos parecen necesarios para conseguirla; quizá la salud, el dinero, el amor, el éxito, el aprecio de los demás… Sin embargo, la felicidad, tal como la desea nuestro corazón, es algo que, si nos descuidamos, se deja para un futuro indeterminado, cada vez más lejano, que se nos escapa de las manos con el paso de los años. Nos parece que este tipo de palabras,felicidad, alegría, gozo, paz,expresan realidades parecidas a raras monedas de coleccionista, de gran valor pero difíciles de encontrar. Cuánto daríamos por un mes, por un día, o al menos por una tarde de alegría verdadera, de amor auténtico. Se cuenta que, a la muerte de Abderramán III, se encontró un billete escrito por el propio califa, que decía “he poseído todo lo que un hombre puede desear en este mundo, he vivido 75 años, he reinado 50…, he sido feliz 9 días”. El deseo de felicidad es tan grande y tan intenso en todos los hombres que no se puede colmar del todo aquí en la tierra ya que “es de origen divino. Dios lo ha puesto en el hombre con el fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer”, dice el Catecismo de la Iglesia Católica.

domingo, 14 de julio de 2024

Hacer bien cada jornada sin entretenernos en desear hacer la última

Francisco de Sales aconsejaba que “para caminar bien, tenemos que poner atención en seguir bien el camino que tenemos más cerca, e ir haciendo bien cada jornada sin entretenernos en desear hacer la última, mientras que debemos hacer la primera”.

lunes, 1 de abril de 2024

La libertad, que es un bien tan grande que, perdida, todos los males la siguen

Así como el fuego de una pequeña chispa se hace grande y se refuerza, y cuanta más madera encuentra más dispuesto está a quemar, y sin que se le eche agua para apagarlo, tan sólo con no darle más madera, al no tener nada más que consumir, se consume por sí mismo, y pierde toda su fuerza, y ya no es fuego…, de la misma manera los tiranos, cuanto más pillan, más exigen, cuanto más arruinan y destruyen, más se les da, más se les sirve, tanto más se fortifican y se hacen siempre más fuertes y más vigorosos para aniquilar y destruirlo todo. Pero si nada se les da, si no se les obedece, sin combatir, sin golpear, se quedan desnudos y son derrotados, y ya no son nada, como las ramas que se secan y mueren cuando la raíz se queda sin humores o alimento. Los audaces, para adquirir el bien que desean, no temen el peligro; los avisados no rechazan el esfuerzo. Los cobardes y embotados no pueden soportar el mal ni recobrar el bien, se limitan a desearlo. Y aunque su cobardía les arrebata la fuerza para pretender alcanzarlo, el deseo de poseerlo permanece en ellos por naturaleza. Este deseo, esta voluntad de todas las cosas que, una vez adquiridas, les harían felices y les contentarían, es común a los sabios y a los indiscretos, a los valientes y a los cobardes. Una sola cosa hace la excepción, y no sé cómo la naturaleza abandona a los hombres para desearla, es la libertad, que es no obstante un bien tan grande y tan placentero que, perdida, todos los males la siguen, y los mismos bienes que permanecen tras su pérdida, pierden enteramente su gusto y su sabor, corrompidos por la servidumbre. Lo único que los hombres no desean es la libertad, y no por otra razón, eso parece, que esta; si la deseasen la obtendrían, ¡como si rechazasen esta bella adquisición tan solamente porque es demasiado fácil! ¡Pobres y miserables pueblos insensatos, naciones obstinadas en vuestro mal y ciegas a vuestro bien! Os dejáis arrebatar ante vosotros lo mejor y lo más claro de vuestros bienes, saquear vuestros campos, robar vuestras casas y despojarlas de los muebles antiguos y paternales. Discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie

viernes, 18 de noviembre de 2022

Cuando amamos

Enseña Tomás de Aquino que amamos a alguien cuando queremos el bien para él; si, en cambio, intentamos sacar provecho del otro porque nos agrada o nos es útil para algo, entonces propiamente no lo amamos, lo deseamos. Cuando amamos, cuando queremos el bien para el otro, toda nuestra persona se entrega a ese amor, con independencia de gustos y de estados de ánimo. “La paga y el jornal del amor es recibir más amor”, escribe San Juan de la Cruz. Lo principal del amor no es el sentimiento, sino la voluntad y las obras; y exige esfuerzo, sacrificio y entrega. El sentimiento y los estados de ánimo son mudables y sobre ellos no se puede construir algo tan fundamental como es la felicidad.

domingo, 16 de febrero de 2020

La cultura de masas y la publicidad han liberado la conciencia individual y colectiva de cualquier sentimiento de culpa o pudor



Enrique González Duro, psiquiatra y profesor universitario dice que “la cultura de masas y la publicidad han liberado la conciencia individual y colectiva de cualquier sentimiento de culpa o pudor, tradicionalmente asociado a cualquier forma de placer inmediato, antes la satisfacción de los deseos e impulsos únicamente se consideraba buena si respondía a objetivos duraderos y socialmente aceptables, para que el hombre contemporáneo se sienta libre de desear todo cuanto invasivamente se le presenta y libre de conseguirlo lo antes posible y al precio que sea. En este sentido, puede decirse que se ha producido cierta liberación de la libido, antes reprimida o sublimada hacia fines idealizados, para lograr una mejor adaptación social del individuo, para hacer innecesaria cualquier forma de protesta o rebelión. Ahora, el ideal de felicidad no se sitúa a largo plazo en un mundo mejor, y tampoco precisa de la solidaridad colectiva o la liberación social, pues la felicidad es como un señuelo que está al alcance de la mano, de casi cualquier mano, mediante la adquisición continuada y dirigida de los bienes de consumo. El individuo está plenamente convencido de que comprando mercancías será feliz, y consumiendo se concilia con la sociedad y se muestra conforme con el tipo de existencia que él ha elegido, aunque en realidad le ha sido impuesta. Ya no se ha de preguntar qué es la felicidad, porque la felicidad es aquello que se ofrece a diario de un modo insistentemente repetitivo y presentado como muy apetecible. Y, sin embargo, el consumismo no proporciona otra cosa que meros placeres sustitutivos fugaces e incompletos que siempre frustran las expectativas generadas por la oferta de los productos. Por eso, el consumidor está permanentemente insatisfecho, pese a lo cual consume una y otra vez, de forma compulsiva. Acertadamente, se ha dicho que el consumo no satisface el deseo, sino que lo genera o incluso lo aumenta, de tal modo que el individuo no es capaz de liberarse o renunciar al deseo”.

sábado, 21 de diciembre de 2019

El amor demanda un interés en esa vaga complejidad que denominamos otra persona


Cuando una mujer es simplemente un medio de satisfacción sexual, puede que se diga que un hombre la desea, pero no que la ama. Para que el deseo sexual de él llegue a ser parte del amor, debe funcionar como manera de responder al carácter y a las propiedades especiales de esa mujer en particular. El deseo quiere lo que quiere en aras de alguna gratificación privada, en tanto que el amor demanda un interés en esa vaga complejidad que denominamos otra persona, escribe el profesor de filosofía Irving Singer.

Puede ser que todos los hombres de una sociedad admiren a una “belleza oficial”, como Ortega la denomina. Todo hombre, dice Singer, puede rendir homenaje a sus cualidades excepcionales como si la dama fuera una gran obra de arte y algunos querrán poseerla, como quisieran robar las joyas de la corona. Pero eso no es lo mismo que el amor, ya que éste implica un tipo diferente de respuesta, más íntima, más personal y más creativa.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Epicuro

Busto de Epicuro.
Es muy distinto al significado que la palabra epicúreo tiene hoy en día. De hecho, es casi lo opuesto. Un epicúreo es alguien que adora la buena comida y que se entrega al lujo y al placer sensual. Los gustos de Epicuro eran mucho más sencillos. Él predicaba la necesidad de ser moderado. Sucumbir a la avaricia de los apetitos no haría sino crear más deseos y al final provocaría la angustia mental del deseo no satisfecho. Este tipo de vida debe evitarse. 

La dieta de Epicuro y sus seguidores consistía en pan y agua, no en comidas exóticas. Si uno comienza a tomar vino caro, pronto querrá beber otro vino todavía más caro y finalmente quedará atrapado en la trampa de desear cosas que no puede conseguir. A pesar de ello, sus enemigos aseguraban que en la comuna de El Jardín los epicúreos se pasaban la mayor parte del tiempo comiendo, bebiendo y manteniendo relaciones sexuales entre sí en una orgía sin fin. Así es como se inició el significado moderno de epicúreo. Si los seguidores de Epicuro realmente hubieran hecho todo eso, habría ido en contra de las enseñanzas de su líder.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Amamos a alguien cuando queremos el bien para él.

Enseña Santo Tomás de Aquino que amamos a alguien cuando queremos el bien para él; si, en cambio, intentamos sacar provecho del otro porque nos agrada o nos es útil para algo, entonces propiamente no lo amamos: lo deseamos.Lo principal del amor no es el sentimiento, sino la voluntad y las obras; y exige esfuerzo, sacrificio y entrega. El sentimiento y los estados de ánimo son mudables y sobre ellos no se puede construir algo tan fundamental como es la felicidad.



Cuando el amor, escribe Fernandez Carvajal, ha pasado ya por el período de mayor sentimiento, lo que queda no es lo menos importante, sino lo esencial, lo que da sentido a todo.

jueves, 8 de febrero de 2018

Quien sólo desea y espera no interviene en el curso de los acontecimientos ni en la plasmación de su destino.

Ludwig von Mises
La acción no consiste simplemente en preferir. El economista, filósofo y escritor austriaco Ludwig von Mises escribe que el hombre puede sentir preferencias aun en situación en que las cosas y los acontecimientos resulten inevitables o, al menos, así lo crea el sujeto. Se puede preferir la bonanza a la tormenta y desear que el sol disperse las nubes. Ahora bien, quien sólo desea y espera no interviene activamente en el curso de los acontecimientos ni en la plasmación de su destino. El hombre, en cambio, al actuar, opta, determina y procura alcanzar un fin. De dos cosas que no pueda disfrutar al tiempo, elige una y rechaza la otra. La acción, por tanto, implica, siempre y a la vez, preferir y renunciar.