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domingo, 12 de abril de 2026

El islam nunca habría existido sin el cristianismo

G. K. Chesterton escribe en su libro Por qué soy católico que “el cristianismo no es una religión, es una Iglesia. Puede que exista una religión musulmana, pero a nadie se le ocurriría hablar con naturalidad de una Iglesia musulmana. Es posible que el budismo sea una religión, pero nadie lo llamaría la Iglesia budista. Incluso cuando se evita el término se está confirmando su validez; nadie que odie a la Iglesia carece de una idea sobre lo que es una iglesia. Esa idea es una combinación de cosas que, sin embargo, constituyen realmente una sola, y esa sola cosa en realidad es una, sólo hay una especie, ilustrada por un único individuo.”….“Cuanto más sabemos sobre el gran movimiento musulmán, mejor comprendemos que originalmente fue una revisión del cristianismo que desembocó en una simplificación, bastante parecida a la del arrianismo. De las otras religiones llamadas orientales, muchas de ellas existían ya antes de la aparición del cristianismo, y prácticamente todas hubiesen podido existir sin él. Considero innegable, en cambio, que el islam nunca habría existido sin el cristianismo, del mismo modo que es una obviedad decir que el calvinismo o el lolardismo o el luteranismo jamás habrían existido sin el cristianismo. De igual modo, tampoco puede decirse que el movimiento musulmán haya sido anticristiano, en el sentido actual del término. Los musulmanes pusieron a Cristo en un sitial moralmente tan alto como el que le asignaron los unitarios.”
“Es perfectamente posible ser pagano y odiar a la Iglesia, como es igualmente posible ser pesimista y odiar el universo. Pero que Iglesia hay una es tan cierto como que uno es el universo, y no es de sabios andar por ahí buscando su réplica.”

miércoles, 11 de enero de 2023

Constantino resulta trascendental en la historia occidental

La figura de Constantino resulta trascendental en la historia occidental por las consecuencias que tuvo su conversión al cristianismo, herramienta unificadora que contrarrestaba las tendencias disgregadoras del imperio. A través del Edicto de Milán, Constantino acabó con el culto estatal pagano en Roma y decretó el fin de las persecuciones contra los cristianos, a los que se les devolvió los bienes expropiados. No llegó a convertir el cristianismo en religión oficial del Estado, pero concedió importantes privilegios y donaciones a la Iglesia, financió la construcción de grandes templos y dio preferencia a los cristianos a la hora de seleccionar a sus colaboradores. Temeroso de que las disputas teológicas rompieran la unidad que representaba la religión cristiana, apoyó a la jerarquía eclesiástica para combatir las numerosas herejías de la época. En este contexto, convocó y presidió el Concilio de Nicea    que tuvo lugar entre el 20 de mayo y el 19 de junio de 325 en el que se condenó el arrianismo. Constantino reconstruyó y amplió la ciudad griega de Bizancio, a la que llamó Constantinopla y convirtió en capital cristiana del imperio, en sustitución de Roma, con lo que desplazó el centro político del imperio hacia el Este. En el terreno económico, Constantino intentó poner freno a la grave crisis que arrastraba el imperio desde el siglo anterior, reformando el sistema monetario, que basó enteramente en el oro. Decretó el carácter hereditario de los oficios y completó el proceso de vinculación de los colonos a la tierra que cultivaban, poniendo así las bases de la institución medieval de la servidumbre. Bajo el imperio de Constantino se dieron pasos decisivos hacia la configuración de la Edad Media europea.

miércoles, 24 de enero de 2018

"Si ese hombre ha traicionado a su Dios, no tardará en traicionarme a mí, que sólo soy un hombre".

Teodorico el Grande
Teodorico el Grande, que en el siglo V reinó sobre los ostrogodos de Italia, era arriano. Pero tenía un ministro católico en quien depositaba toda su confianza. Este ministro, creyendo que ello agradaría al rey, se convirtió al arrianismo. Teodorico lo mandó decapitar diciendo que "si ese hombre ha traicionado a su Dios, no tardará en traicionarme a mí, que sólo soy un hombre".