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viernes, 22 de mayo de 2026

Siembra esa semilla que tu hijo tendrá que cultivar toda la vida

“Ya sabrás que el trabajo del agricultor es abnegado, pero cuando llega el tiempo de la cosecha la satisfacción resulta maravillosa. Solo imagina cosechar todo ese amor que sembraste en ese corazón tan puro como el de tu hijo.Todo buen agricultor sabe que antes de sembrar es necesario preparar la tierra, limpiarla de malas hierbas, piedras, plagas, entre otros factores que puedan impedir, que una semilla germine; por fortuna no hay tierra más pura y fértil que el corazón de un niño, por eso no lo dudes más, siembra ya esa semilla que tu hijo tendrá que cultivar toda la vida.”
“La pureza del corazón de un niño es indiscutible, está presta para cualquier enseñanza y son sus padres y allegados quienes deben ser conscientes de elegir las mejores semillas; la de la verdad, la de la justicia, la de la compasión, la de la igualdad, la de la solidaridad, la de la ternura, la del amor….Y así como hay semillas buenas, en esa tierra tan fértil también pueden caer semillas malas como la de la mentira, la envidia, la injusticia, el egoísmo. A veces esas semillas, tal como la mala hierba, no necesitan de mucho cuidado para crecer y hacerse de la tierra que hay en el corazón de un niño, así que hay que estar atentos a los ejemplos de comportamiento que recibe tu hijo y a los ambientes y antivalores a los que está expuesto.Nadie está exento de la exposición a los antivalores.” (Zuleyvic Adriana)


sábado, 14 de junio de 2025

Entre las grietas del suelo, tan pequeño y humilde que casi no se le veía, estaba el arbolito de la Cristiandad

D. H. Lawrence escribe en su libro El amor es la felicidad del mundo: 
Saben que nuestra civilización va a reventar, tarde o temprano. Y dicen: “¡Sea! Pero primero, déjenme vivir mi vida”. Y eso está muy bien, pero es una actitud cobarde. Dicen sin ningún empacho: “Ya, bueno, pero es que a toda civilización le llega su hora. ¡Fijaos en Roma!”. En efecto, fijaos en Roma. ¿Qué veis? Un montón de romanos supuestamente “civilizados” que proclamaba a los cuatro vientos sus ideas de vive y deja vivir. Y una legión de bárbaros, hunos, etcétera, que venían a aniquilarlos, y a morir en el empeño. Los años oscuros, ¿qué pasó con ellos? ¿Qué pasó con los años oscuros, cuando los campos en Italia se asilvestraron tanto que parecían las grandes extensiones salvajes del nuevo mundo aún no descubierto, y las bestias llegaron a entrar en la gran ciudad de Lyon? ¡Muy bonito! Pero ¿qué otra cosa podía pasar? Mirémoslo por el lado de lo inevitable. Roma no cabía en el tiesto, el tiesto reventó en mil pedazos, y el árbol romano de la vida, tan desarrollado, rodó por el suelo y murió. Pero no sin que antes germinara una nueva semilla. Allí, entre las grietas del suelo, tan pequeño y humilde que casi no se le veía, estaba el arbolito de la Cristiandad. Las fieras aullaban en el monte, cundían las matanzas y debacles, y entre todo ello, en monasterios diminutos, tan remotos y pobres que no merecía la pena saquearlos, los monjes avivaban la llama eterna de la conciencia, y el imperecedero empeño humano por que no sucumba. Un puñado de obispos andrajosos se aventuraba entre el caos para que no decayera el valor de estos hombres entregados al pensamiento y la oración. Una reducida minoría de hombres desperdigados que habían hallado un nuevo camino hacia Dios, a la fuente de la vida, felices de haber dado de nuevo con el Gran Dios, felices de saber el camino y de ser los guardianes de la llama del conocimiento. He aquí la historia, reducida a la esencia, de los años oscuros, con la caída de Roma. Hablamos como si la llama del valor y del discernimiento humanos hubiera desaparecido de la faz de la Tierra en aquel tiempo; como si hubiera brotado de milagro nuevamente, salida de la nada, siglos más tarde.

viernes, 2 de septiembre de 2022

Hay algo más en el desarrollo de la mente que la experiencia sensible


Aristóteles enseña que hay algo más en el desarrollo de la mente que aquello que proviene de la experiencia sensible. La mente en estado embrionario recibe una “semilla que entra del exterior”; una semilla eternamente activa y divina. Este intelecto divino, del cual todo el mundo tiene una parte potencial, es inmortal y trascendente. Este intelecto es lo que distingue a los seres humanos del resto de los animales.Este intelecto activo dota por sí solo a la mente humana de la capacidad de aprehender la verdad final y universal. A través de este poder del pensamiento humano, uno puede comprender la verdad eterna y que la más alta felicidad de un ser humano consiste en la contemplación de la verdad eterna. Aristóteles enseña que, para dar cuenta del orden y el movimiento del universo, debía haber una Forma Suprema, una realidad ya existente, eterna y absoluta en su perfección. Esta Forma Suprema es la causa primera del universo y se caracteriza por la actividad del pensamiento. Dios es, por tanto, espíritu puro. Desde la perfección absoluta, Dios mueve toda la creación dirigiéndola hacia sí. Dios es la meta de todas las aspiraciones y movimientos del universo. Dios es el fin último de todos los seres humanos. Todo individuo puede intentar imitar al Ser Supremo, esforzándose por cumplir su propio fin; crecer, madurar y alcanzar la realización de su forma. Dios “mueve como objeto de deseo”.

jueves, 5 de septiembre de 2019

La edad de los grandes inventos


El escritor colombiano Ospina dice que tendemos a pensar que los grandes inventos de la humanidad se dan en nuestra época; por eso está bien que alguien nos recuerde que la edad de los grandes inventos fue aquella en que encontramos o inventamos el lenguaje,en que domesticamos el fuego y las semillas, en que convertimos en compañeros de la aventura humana al caballo y al perro, a la vaca y a la oveja, en que inventamos la amistad, el hogar y la cocción de los alimentos, en que descubrimos el consuelo y la felicidad del arte tallando gruesas Venus de piedra, pintando bisontes y toros y nuestras propias manos en las entrañas de las grutas.