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miércoles, 27 de noviembre de 2024

George Washington puso la primera piedra del Capitolio vistiendo un delantal masónico

La francmasonería fue introducida en Francia hacia 1725 por los jacobitas ingleses, la francmasonería había conocido, tras un impulso inicial, años difíciles.Un alto príncipe de sangre, el duque de Chartres, fuera elegido como gran maestro. La elección de un primo del rey ponía a la Grande Loge de France “casi a la sombra del trono”. En la década de 1770 la masonería francesa se impuso como fenómeno social, despojándose de su carácter secreto, abriéndose a las mujeres y lanzándose a las iniciativas más variadas. En 1775 entró a formar parte de la misma, si bien discretamente, el mismo soberano, afiliándose con sus dos hermanos a la logia militar de los Trois Frères Unis, mientras que los salones parisinos se apasionaban por los debates entre la Grande Loge, la logia madre de rito escocés, y la prestigiosa logia de las Neuf Sœurs, compuesta fundamentalmente por literatos y eruditos. Con ocasión del conflicto angloamericano, los masones franceses demostraron su influencia sobre la opinión pública contribuyendo a orientarla a favor de los insurgentes y estrechando vínculos duraderos con los hermanos del otro lado del océano.
Mientras Benjamin Franklin, llegado a París en enero de 1777, era admitido, entre el entusiasmo general, en la logia de las Neuf Sœurs, una carta suya anunciaba al Congreso la llegada del marqués de La Fayette, un masón francés que, sin pedir la autorización del rey, había ido a luchar por la causa americana. El mismo George Washington acogió al oficial francés en la logia de la Unión americana y el 18 de septiembre de 1793 puso la primera piedra del Capitolio vistiendo un delantal masónico de seda blanca bordado para él por la mujer de La Fayette. El marqués no fue por lo demás el único oficial francés en partir voluntario para combatir junto a los hermanos americanos. En la expedición de Lauzun, por ejemplo, eran de probada fe masónica su superior en grado, el conde de Rochambeau, el conde de Ségur, el vizconde de Noailles, el caballero de Chastellux, Alexandre y Charles de Lameth. Y, si es bien cierto que "fue seguramente gracias a algunos de ellos por lo que la ideología liberadora penetró mejor en las logias americanas", también lo es que los masones franceses que participaron en la guerra de la Independencia "tuvieron la posibilidad de asistir al primer experimento histórico de las grandes ideas ya debatidas en sus logias".
Referencia:Los últimos libertinos (Benedetta Craveri)

martes, 10 de mayo de 2022

Cincinato y George Washington

Cincinato

Cincinato vivía frugalmente, trabajaba él mismo sus tierras y era un patriota completo. Cincinato se había retirado disgustado a su finca, negándose a intervenir en la política, porque su hijo había sido exiliado por usar un lenguaje violento contra los tribunos. 

En 458 a. C., los romanos estaban fuertemente acosados por los ecuos, y un cónsul y todo su ejército se vieron amenazados por el desastre. Entonces se llamó a Cincinato. Se le nombró dictador. Según la ley romana, éste era un funcionario dotado de poder absoluto que se designaba en momentos muy difíciles, pero sólo por un lapso de seis meses. La palabra proviene de una voz latina que significa decir, porque todo lo que el dictador decía era ley. Cuando se le informó de su designación, Cincinato estaba arando su campo. Dejando el arado donde estaba, se marchó al foro, reunió un nuevo ejército, avanzó rápidamente hacia el lugar de la batalla, atacó a los ecuos impetuosamente, los derrotó, rescató al cónsul y su ejército y volvió a Roma. De vuelta en Roma, Cincinato renunció inmediatamente a la dignidad dictatorial, sin ningún intento de usar su poder absoluto ni un momento más de lo necesario, y volvió a su finca. Este ejemplo de virtud, del uso del poder sin abuso, impresionó mucho a las posteriores generaciones. Al final de la Guerra de la Independencia Norteamericana, George Washington pareció un nuevo Cincinato. Por ello, los oficiales del Ejército Revolucionario formaron “La Sociedad de los Cincinnati”, usando el plural latino del nombre, una vez terminada la guerra. En 1790, una ciudad de orillas del río Ohio fue reorganizada y ampliada por un miembro de la Sociedad, y fue llamada Cincinnati en su honor.