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viernes, 2 de enero de 2026

El deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria

Decía Séneca que en la misma sociedad crecen las manadas de glotones entregados a la disipación y el lujo, hunden sus hocicos en nauseabundos platos extravagantes, como cerdos en el estiércol: “ya no agrada tomar los alimentos por separado, los sabores se mezclan, se realiza durante la comida que debería realizarse en el estómago…No resultaría más confuso el alimento vomitado”. Escribe el filósofo Volker Spierling que “el deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria. El placer es la consigna de cualquier afán humano, mientras que la virtud parece haber caído en el olvido. La abundancia y los excesos causan enfermedades propias de la vida acomodada, como el hastío, el tedio y el vacío interior. El natural amor propio, la preocupación por la propia vida, degeneran en egoísmo desaforado”.

sábado, 18 de abril de 2020

Restar importancia a los problemas



San Agustín, nos instan a regocijarnos y estar contentos porque la vida es corta, el sufrimiento es temporal y nuestro verdadero hogar es el cielo, donde nuestra recompensa será grandiosa. Muchos filósofos seculares, como el estoico Marco Aurelio, nos exhortan a ser valerosos y serenos, porque desde el punto de vista de la eternidad los afanes humanos son insignificantes y no hay recuerdo o dolor que nos acompañe en el olvido de la tumba. Independientemente de cuál sea nuestro punto de vista en cuestiones tan trascendentales, podemos al mismo tiempo admirar la fortaleza íntima y apreciar la sabiduría de quienes consiguen restar importancia a sus problemas, pues al hacerlo no sólo mejoran y alegran su vida sino también las vidas de quienes les rodean.

viernes, 29 de marzo de 2019

El misterioso afán del capital.

Ernesto Cardenal
Ernesto Cardenal, en uno de esos poemas dice que hay empresas que hoy se venden como las celosas guardianas de la salvación del hombre, y que en otros momentos se han mostrado menos gentiles, como cierta productora de preservativos que también fabricaba otra sustancia sintética, napalm. Lo más importante es que ya no sabemos muy bien dónde están los amigos del género humano. La industria, dice William Ospina, tan generosa a veces en cosas gratas y útiles, es completamente ciega de corazón a la hora de tomar sus decisiones. Hace el bien y el mal con la misma pasmosa intensidad, porque lo único que la gobierna es el misterioso afán del capital que, como el cáncer, sólo sabe crecer y proliferar a expensas del organismo que lo nutre.