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sábado, 5 de septiembre de 2026

Alicia en el País de las Maravillas

Charles Lutwidge Dogdson
El ministro anglicano y profesor de matemáticas del Trinity College de Oxford, Charles Lutwidge Dogdson, acompañó una tarde de verano de 1862 a su colega, el reverendo Duckworth, a una excursión en barca por el Támesis. Llevaban a las tres hijas del deán de la iglesia de Christ Church, Lorina, Alicia y Edith Liddell. Las niñas aburridas, quisieron oír uno de los estrafalarios cuentos que solía narrar el reverendo Dogdson. Ese día decidió que lo protagonizara Alicia, que acababa de cumplir 10 años. Ante su asombroso argumento, el pastor Duckworth le preguntó si estaba improvisando. Dogdson le dijo que sí, pero que lo estaba “inventando paso a paso, más por tener que decir algo, que por tener algo que contar”. La historia original se llamaba Las aventuras de Alicia bajo tierra. La niña le pidió a Carroll que lo pusiera por escrito y las navidades siguientes, se lo regaló copiado de su puño y letra, acompañado de unos encantadores dibujos. Tres años más tarde lo publicó, bajo su nombre. El texto revisado que publicó MacMillan en 1865, omitiendo algunas referencias personales y añadiendo otras narraciones adicionales, junto a las ilustraciones de John Tenniel, se tituló Alicia en el País de las Maravillas.
Decía el cubano Cabrera Infante que “ese modesto clergyman inventó casi él solo, toda la literatura de nuestro siglo”. Antes de que Kafka escribiera una sola línea, ya había gritado la reina de Alicia: “¡No, no! ¡Primero la sentencia… el veredicto después!”. Se ha señalado repetidas veces el parecido entre la obra de Carroll y la de El Castillo, o El Proceso, pero mientras que el mundo del escritor judío de Praga resulta opresivo y deprimente, el de Alicia es tremendamente revolucionario.
Alicia se enfrenta a la aparente insensatez de este mundo (”no puedes evitar andar entre locos”, le dice el Gato de Cheshire, ya que “todos estamos locos aquí”). Como dice su traductor, Jaime de Ojeda, “el mundo del alma es complejo e imprevisible, y la vida nos obliga a atravesar circunstancias no menos complejas e ingobernables”. Es así como “cada uno procura encontrar su propio camino en esa dicotomía laberíntica del propio ser y de la vida”. Pasamos así del asombro y el miedo de la infancia a la indignación ante la idiotez y la hipocresía de la adolescencia, que pone luego en evidencia, como adultos, nuestras infamias y fracasos. 

jueves, 20 de noviembre de 2025

Alicia en el País de las Maravillas


En el libro Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll el mundo de Alicia tiene una fuerza hipnotizante, porque acude a resortes secretos del lector, que reconoce inmediatamente una situación, más por su instinto que por su inteligencia. Sus escenarios, más que lugares, son situaciones emotivas, que provocan el extraño sentimiento de reencontrar algo que uno ha vivido, escribe José de Segovia. 
El pastor y profesor de matemáticas del Trinity College de Oxford, Charles Lutwidge Dogdson, acompañó una tarde de verano de 1862 a su colega, el reverendo Duckworth, en una excursión en barca por el Támesis. Llevaban a las tres hijas del deán de la iglesia de Christ Church, Lorina, Alicia y Edith Liddell. Las niñas aburridas, quisieron oír uno de los estrafalarios cuentos que solía narrar el reverendo Dogdson. Ese día decidió que lo protagonizara Alicia, que acababa de cumplir diez años. Ante su asombroso argumento, el pastor Duckworth le preguntó si estaba improvisando. Dogdson le dijo que sí, pero que lo estaba “inventando paso a paso, más por tener que decir algo, que por tener algo que contar”. La historia original se llamaba “Las aventuras de Alicia bajo tierra”. La niña le pidió al pastor que lo pusiera por escrito y las navidades siguientes, se lo regaló copiado de su puño y letra, acompañado de unos encantadores dibujos. Tres años más tarde lo publicó, bajo el nombre de Lewis Carroll. Hace 150 años nadie podía imaginar que este cuento infantil iba a tener tanto éxito.
Charles Lutwidge Dogdson
Decía Cabrera Infante que “su autor inventó casi él solo toda la literatura de nuestro siglo”. Antes de que Kafka escribiera una sola línea, ya había gritado la reina de Alicia: “¡No, no! ¡Primero la sentencia… el veredicto después!”. Se ha señalado repetidas veces el parecido entre la obra de Carroll y la de El Castillo, o El Proceso, pero mientras que el mundo del escritor judío de Praga resulta opresivo y deprimente, el de Alicia es tremendamente revolucionario. En el mundo de Carroll, lo absurdo se une a lo trágico, como en la vida misma, pero los libros de Alicia, más que enseñar, se burlan de los rituales mismos de la enseñanza, como observa Alberto Manguel. Cuando es examinada por las Reinas Blanca y Roja (“¿cómo se dice turulululú en francés?”), ella contesta con su “nosense” (“Turulululú no es una palabra española”), para exasperación de la Reina Roja (“¿Quién dijo que lo era?”). Denuncia así, la injusticia de la condena del Mensajero del Rey, como la codicia y el despotismo de la Reina (“habrá mermelada ayer y mermelada mañana, pero nunca mermelada hoy”).
Alicia se enfrenta a la aparente insensatez de este mundo (”no puedes evitar andar entre locos”, le dice el Gato de Cheshire, ya que “todos estamos locos aquí”). Como dice Jaime de Ojeda, “el mundo del alma es complejo e imprevisible, y la vida nos obliga a atravesar circunstancias no menos complejas e ingobernables”. Es así como “cada uno procura encontrar su propio camino en esa dicotomía laberíntica del propio ser y de la vida”. Pasamos así, del asombro y el miedo de la infancia, a la indignación ante la idiotez y la hipocresía de la adolescencia, que pone luego en evidencia, como adultos, nuestras infamias y fracasos. 

martes, 14 de enero de 2025

Poner toda la vida sensible fuera de la verdad, dio a la moral un carácter neurótico

Henri Hude.
El filósofo francés Henri Hude, ex profesor en el Instituto Juan Pablo II, publica en la revista La Nef que “el racionalismo duro del Occidente moderno, al poner toda la vida sensible fuera de la verdad, dio a la moral un carácter neurótico. A esto siguió una explosión inmoralista a partir de los años 60: primero en sexualidad, con etapas (libertinaje, feminismo a la antigua, homosexualidad, transexualidad y después Dios sabe qué); segundo en economía, con una desregulación neoliberal cada vez más absoluta; tercero en política, con una oligarquía cada vez más férrea. ¿Qué hay de verdad en lo woke y en su denuncia de los poderes (salvo el del Leviatán)? La cultura humanista moderna, por anteponer la libertad a la bondad, la amistad, el amor, la justicia y la verdad, se convierte en una cultura de guerra. Esta cultura traumatiza sobre todo a los más débiles, que se sienten víctimas. Y como todos, incluso los que se creen fuertes, son martirizados por esta cultura, todos se sienten víctimas y buscan la salvación en la insensatez”.
“Lo woke da testimonio de la crisis del humanismo occidental, que se entrega al desenfreno del antihumanismo sin renunciar a la libertad. A principios de la posmodernidad, la gente seguía siendo racional, se apoyaba en estructuras sólidas. Todavía se trataba de "Libertad". Pero cuanto más se desvanecían de la conciencia la fe cristiana y el humanismo moderno, más caía el sexo liberado en la banalidad del mal. Perdía su aura de modernidad corriendo hacia la Libertad y la Igualdad, sobre todo porque es claramente cómplice de la proletarización y la destrucción de las soberanías políticas. La absurda contradicción entre sexo y vida engendra inconscientemente una nueva culpa, neurótica y más profunda. Esta vez, para encontrar la Libertad y recuperar el equilibrio, hay que descender a los infiernos. Esto no está al alcance de todos. Muchos concluyen que la carne es infernal y sueñan con un ideal ascético, aunque pocos están preparados para el ascetismo. Es así como la época de lo woke es la época del método puritano-libertario. Se comprende entonces que la demonización de la carne parezca purificada por la fe woke en una separación total entre carne y espíritu, que vuelve (en teoría) la carne tan ineficaz sobre el espíritu que ésta puede vivir totalmente libre, paralelamente a la serenidad de un espíritu puro y desencarnado, ajeno a la vida, al matrimonio, al parto. Nada de esto es muy nuevo. En eso consistía la religión gnóstica (entre otras muchas) en el siglo III."
“Si un manicomio fuera una democracia y tuviera una religión oficial, elegiría la religión woke. Esto se debe a que, incluso entre las élites, la verdad y la realidad se han convertido en un sufrimiento intolerable para una conciencia individual enamorada de la libertad absoluta y arbitraria. No saldremos de esto sin un replanteamiento profundo del humanismo, dejando de arraigar la razón en la "duda". Solo así encontraremos, no sin ayuda del Cielo, la naturaleza tras los "objetos", las personas tras los "sujetos", el Dios-Absoluto tras el "Sujeto". Y también, la falta detrás de la culpabilidad; detrás de la utopía, la salvación; detrás del superhombre y sus infrahombres esclavos, al único Dios-hombre real, Cristo.”


viernes, 22 de abril de 2022

La paciencia para en seco cualquier controversia

A nadie le gusta estar cerca de una persona impaciente. Hace que reacciones exageradamente con enojo, insensatez y de manera lamentable. El enojo frente a una acción injusta, irónicamente, genera nuevos agravios. El enojo casi nunca mejora las cosas. Es más, en general produce problemas adicionales. Por el contrario, la paciencia para en seco cualquier controversia. Más que morderte el labio, más que taparte la boca con la mano, la paciencia es un suspiro profundo. La paciencia permanece a la puerta, allí donde el enojo hace todo lo posible por entrar, y espera a tener una visión completa de la situación antes de juzgar. La Biblia dice en el libro de los Proverbios que “el lento para la ira tiene gran prudencia, pero, el que es irascible ensalza la necedad” y que “el hombre irascible suscita riñas, pero el lento para la ira y apacigua contiendas”.

miércoles, 11 de marzo de 2020

¿Por qué quienes ocupan altos puestos actúan en contra de los dictados de la razón?



En cuestiones de gobierno la humanidad ha mostrado peor desempeño que casi en cualquiera otra actividad humana. En esta esfera, la sabiduría, que podríamos definir como el ejercicio del juicio actuando a base de experiencia, sentido común e información disponible, ha resultado menos activa y más frustrada de lo que debiera ser. ¿Por qué quienes ocupan altos puestos actúan, tan a menudo, en contra de los dictados de la razón? ¿Por qué tan a menudo parece no funcionar el proceso mental inteligente? La historiadora y escritora norteamericana Barbara W. Tuchman contesta que el mal gobierno es de tres especies y a menudo en combinación. Son: 1) tiranía u opresión, 2) incompetencia o decadencia 3) insensatez o perversidad.