“Aunque consigamos llegar a una razonable distribución de los bienes y a una armoniosa organización de la sociedad, no desaparecerá el dolor de la enfermedad, el de la incomprensión o el de la soledad, el de la muerte de las personas que amamos, el de la experiencia de la propia limitación. Ante esas pesadumbres, el cristiano sólo tiene una respuesta auténtica, una respuesta que es definitiva, Cristo en la Cruz, Dios que sufre y que muere, Dios que nos entrega su Corazón, que una lanza abrió por amor a todos. Dios Nuestro Señor no causa el dolor de las criaturas, pero lo tolera porque, después del pecado original, forma parte de la condición humana. Sin embargo, su Corazón lleno de Amor por los hombres le hizo cargar sobre sí, con la Cruz, todas esas torturas; nuestro sufrimiento, nuestra tristeza, nuestra angustia, nuestra hambre y sed de justicia”, escribe Josemaría Escrivá.
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martes, 24 de febrero de 2026
No desaparecerá el dolor
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viernes, 8 de agosto de 2025
Cuando el principio rector de la vida es hacer hacer aquello que produce placer inmediato, el hombre no es distinto de una bestia
Thomas Woods manifiesta que dotado de razón el ser humano no está condenado a actuar por mero instinto. Es capaz de reflexión moral. Si no reflexiona ni evalúa con rigor moral su propio comportamiento, ¿de que le sirve ser humano? Cuando el principio rector de la vida es hacer hacer aquello que produce placer inmediato, el hombre no es distinto de una bestia. Seneca decía: “qué despreciable es el hombre cuando no logra elevarse por encima de su condición humana”.
Una vida buena no es simplemente una vida de actos externos irreprochables. No basta con evitar el asesinato o el adulterio. No solo es el cuerpo quien no debe ceder a tales crímenes; también el alma debe abstenerse de inclinarse hacia ellos. No solo no debemos robar al vecino, sino que tampoco debemos albergar pensamientos de envidia por sus posesiones. Hemos de apartar de nosotros la ira y el odio, que solo envenenan el alma. Es famosa la frase de Sócrates que afirma que el conocimiento es virtud y conocer el bien es hacer el bien. Aristóteles y San Pablo lo entendieron, pues todos recordamos momentos de nuestra vida en la que sabíamos perfectamente qué era bueno, y sin embargo no lo hicimos. Como pecar resulta más fácil cuando nos acostumbramos al pecado, también así, según Aristóteles, más fácil se vuelve esa vida de virtud cuando nos comprometemos con ella y la convertimos en un hábito.
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domingo, 7 de julio de 2024
La realidad existe en tres presentes
Machado decía que “todo pasa y todo queda”. Es un doble juego. “Lo encuentras también con mucha frecuencia en Borges. Y efectivamente, esa es la condición humana. Todo eso viene de San Agustín, del pasaje de las Confesiones, en el que dice que no hay pasado ni futuro, sino que lo que hay es el presente de las cosas pasadas y el presente de las cosas futuras, que la realidad sólo existe en tres presentes. Lo que hay es el presente de las cosas pasadas y el presente de las cosas futuras, que la realidad sólo existe en tres presentes. El presente de las cosas pasadas, que es la memoria. El presente de las cosas en tiempo actual, que es la actualidad y el presente de las cosas futuras, que es el proyecto o la previsión. Claro que todo queda en nuestra memoria. El problema es cómo queda y uno no puede engañarse. O sea, las cosas quedan en la memoria siempre, de algún modo trastocadas, de algún modo recompuestas, de algún modo imaginadas”, dice el filósofo Gabriel Albiac.
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viernes, 6 de mayo de 2022
Aniquilar la autoestima
Existe algo más importante que el empleo o el pan. Hay algo que, en una situación de peligro, es más importante para la mayoría de la gente que cualquier otra cosa que se pueda perder en una gran prueba, la autoestima. Succionar a la víctima todo lo que tuviera de amor propio y dignidad. Como habían hecho los nazis en los campos de exterminio, donde mantenían a sus víctimas en condiciones más propias de bestias, no solamente matándolas y obligándolas a trabajar, sino también procurando que todas perdieran su condición humana mediante la tortura y la humillación. En última instancia, los nazis se contentaron con poco, con la aniquilación física de sus víctimas. Los comunistas querían otra cosa, querían algo más, exigían que la víctima se mantuviera con vida y que festejara y celebrara el régimen que estaba aniquilando su conciencia y su amor propio.
domingo, 7 de junio de 2020
El cultivo de una virtud, sin comprensión, es hipocresía
No es el auto-rebajamiento lo que hace al humilde, sino la profunda toma de conciencia de sus propios límites ontológicos, que son los de la condición humana, dice la filósofa Mónica Cavallé. Y añade que el que ha accedido a esta comprensión (que no es el que tiene, sin más, la información correspondiente) no ha de cultivar la virtud de la humildad. No le hace falta. Su comprensión le hace necesariamente humilde. El cultivo de una virtud, sin comprensión, es hipocresía.
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martes, 21 de agosto de 2018
Se ha inculcado que el mundo es una realidad previsible, de modo que cuando fuerzas imprevisibles vienen la gente se siente frustrada.
Se ha hecho creer que el progreso es algo que sucede de manera automática, lo que no predispone a afrontar obstáculos, y nada sorprendentemente se ha interpretado el derecho a alcanzar la felicidad como el derecho a gozar de ella, como si se tratara del derecho a voto. Las cosas serían distintas si estos presupuestos formaran parte de alguna visión espiritual, pero como se les ha dicho que la felicidad puede alcanzarse en un mundo limitado a lo aparencial. Se ha inculcado que el mundo es una realidad previsible, de modo que cuando fuerzas imprevisibles vienen a romper el idilio que mantienen con él, naturalmente la gente se siente frustrada. Los superiores en la jerarquía tecnológica han abusado de la confianza, por lo que son proclives a padecer crisis periódicas que les sirven para ajustar cuentas. Pensemos en un habitante cualquiera de Megalópolis. La linterna mágica le ha evitado la contemplación del abismo, gracias a lo cual concibe el mundo como una máquina relativamente sencilla que basta un poco de habilidad para ponerlo en marcha. Y al hacerlo, le brinda el mundo comodidades y satisfacciones, ésas mismas que los líderes demagógicos le dicen que le pertenecen por derecho propio. Pero de vez en cuando se puede entrever algún misterio, y por más que se esfuercen los ingenieros, la máquina no logra evitar del todo estas interrupciones. Al igual que sus ancestros, tiene que enfrentarse a dificultades,
pero como esto es algo que no figuraba en el contrato original, sospecha la intervención de una mano maligna y se da a la infantil tarea de culpar a otros individuos de cosas que son inseparables de la condición humana. La verdad es que nunca se le ha enseñado a saber en qué consiste ser un hombre. Nadie le ha dicho que es el producto de la disciplina y la formación, y que debería agradecer el estar sometido a exigencias que lo obligan a crecer; estas son ideas de las que desertaron los libros de texto con la llegada del Romanticismo. El ciudadano actualmente es hijo de unos padres indulgentes que satisfacen todos sus caprichos e inflan el ego hasta incapacitarlo para cualquier forma de lucha, escribe Weaver.
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sábado, 9 de septiembre de 2017
Pensar.
La actividad de pensar es propia de la condición humana y tan necesaria como el aire que respiramos. Pensar nos permite, sobre todo, distinguir entre el bien y el mal. Muchas personas prefieren no pensar y se refugian en los prejuicios. Les es más fácil vivir sin reflexionar.
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