“Aunque consigamos llegar a una razonable distribución de los bienes y a una armoniosa organización de la sociedad, no desaparecerá el dolor de la enfermedad, el de la incomprensión o el de la soledad, el de la muerte de las personas que amamos, el de la experiencia de la propia limitación. Ante esas pesadumbres, el cristiano sólo tiene una respuesta auténtica, una respuesta que es definitiva, Cristo en la Cruz, Dios que sufre y que muere, Dios que nos entrega su Corazón, que una lanza abrió por amor a todos. Dios Nuestro Señor no causa el dolor de las criaturas, pero lo tolera porque, después del pecado original, forma parte de la condición humana. Sin embargo, su Corazón lleno de Amor por los hombres le hizo cargar sobre sí, con la Cruz, todas esas torturas; nuestro sufrimiento, nuestra tristeza, nuestra angustia, nuestra hambre y sed de justicia”, escribe Josemaría Escrivá.

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