lunes, 9 de febrero de 2026

Trabajo doméstico

Hoy en día, las mujeres han de trabajar a tiempo completo, pero la ayuda doméstica a tiempo completo solo está disponible para aquellas que pueden permitírselo. ¿Quién limpia en casa de la limpiadora? ¿Quién cuida a la niña de la niñera? Estas no son solo preguntas retóricas, sino cuestiones para las que únicamente puede hallarse respuesta siguiendo la complicada red de atención que envuelve a la economía global. Hoy en día, más de la mitad de los inmigrantes del mundo son mujeres. En algunos países la proporción asciende a entre el 80 y el 90 por ciento. Sus vidas consisten en largas jornadas de trabajo a cambio de bajos salarios, ejerciendo un trabajo duro, aislado y no regulado. A menudo viven en el lugar donde trabajan, que es la casa de otra persona. Son parte de la familia, pero no acaban de serlo del todo. La calidad de su trabajo dependerá en gran medida de las relaciones que logren forjar. Si se apegan a la familia a la que sirven, serán mejores niñeras. Los niños van a verlas más a menudo que a sus propias madres y, sobre todo, más que a sus padres. En algunos casos, les cogerán mucho cariño. Pero el que una empleada doméstica se apegue afectivamente a la familia para la que trabaja le pondrá las cosas más difíciles cuando llegue la hora de renegociar el salario y las condiciones laborales. Será casi imposible separar los roles. ¿Trabaja por interés propio, por amor o por ambas cosas? Les tiene tanto afecto a los niños que, ¿cómo va a despedirse así, sin más, cómo van a arreglárselas sin ella? El empleador a menudo se considera legitimado a aprovecharse de esa confusión. Si la niñera hace muy mal su trabajo, malo; pero si lo hace muy bien, malo también. Si los niños se encariñan con ella más que con papá y mamá, eso a estos no les sentará nada bien. La carrera de niñera es un difícil acto de equilibrio, y, por tanto, está destinada a durar poco. La jornada media de las empleadas domésticas en Estados Unidos es de catorce horas y a muchas no se les permite salir de la casa sin permiso, de acuerdo con un estudio realizado por Human Rights Watch. El acoso verbal, físico y sexual es frecuente, pero rara vez se denuncia. A ello se añade que a menudo la trabajadora se encuentra en el país ilegalmente, con el consiguiente miedo a ser deportada. Vive en una constante inquietud, causada sobre todo por los hijos que ha dejado en la otra punta del planeta.
Si el salario por hora de una limpiadora no sigue siendo considerablemente inferior al de la persona que de otra manera se ocuparía de la limpieza (la mujer en la familia occidental), ya no compensará contratar ayuda doméstica. La situación, en otras palabras, implica la perpetuación de la desigualdad entre las mujeres. Al entrar en el mercado de trabajo remunerado, la mujer ha podido pagar para librarse de gran parte de las tareas domésticas. No le quedaba más remedio; si se quiere hacer carrera, es preciso colgar la vida familiar en la puerta al llegar a la oficina. Tiempo para rendir, tiempo para ser egoísta.
La agencia nacional de estadística de Canadá trató de cuantificar el valor del trabajo no remunerado; concluyó que este suponía entre el 30,6 y el 41,4 por ciento del PIB. Para prosperar económicamente, una sociedad debe tener gente, conocimientos y confianza; recursos que en gran medida se producen mediante el trabajo doméstico no remunerado. Los niños felices y saludables son la base de todas las formas de desarrollo positivo; y el económico no es una excepción.
 
Referencia:  ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? (Katrine Marçal)

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