Cualquier estrategia de seguridad nacional que se base en el poderío militar es cuestionable. Los grandes ejércitos lo han comprendido y están intentando adaptarse. Una directiva emitida a finales de 2008 por las fuerzas armadas estadounidenses anunció que la guerra irregular debía considerarse “tan importante desde el punto de vista estratégico como la guerra tradicional”. Esta afirmación tiene vastas repercusiones en todo el ámbito de la planificación militar, desde el personal hasta el equipo y el entrenamiento. Para Estados Unidos, centrarse en la guerra irregular significa dar más importancia a las operaciones especiales, la adquisición de inteligencia, la contrainsurgencia y lo que los militares llaman “operaciones de baja visibilidad”, además de una mayor atención a la colaboración con aliados y fuerzas locales.
Señalaba un estudio de la Universidad Nacional de la Defensa de Estados Unidos, que los movimientos insurgentes de hoy suelen estar menos vinculados a una ideología y un liderazgo establecido (como el Vietcong) y ser más bien “coaliciones de indignados” que pueden surgir casi de forma espontánea.
Referencia: El fin del poder (Moisés Naím)

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