El hombre es libre de situarse ante el pasado en una actitud fatalista o de aprender de él
El hombre es libre de situarse ante el pasado en una actitud sencillamente fatalista o, por el contrario, de aprender de él. Nunca es demasiado tarde para aprender; nunca es tampoco demasiado temprano, lo que vale tanto como decir que “se está siempre a tiempo” para ello. Quien lo pierda de vista se parecerá a aquel borracho que, a quienes trataban de convencerle de que dejara la bebida, les replicó que era ya demasiado tarde para ello y que, acuciado con el argumento de que nunca es demasiado tarde, añadió: “Entonces, no hay por qué darse prisa”, escribe Viktor Frankl en Psicoanálisis y existencialismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario