Cándido Conde-Pumpido, presidente del Tribunal Constitucional de España actúa con frecuencia como si estuviera entre las funciones de esa alta instancia juzgar los efectos de sus fallos y hacer pronósticos políticos. Como si la Justicia pudiera quitarse con alegre impunidad la venda de los ojos con la que se la simboliza para mirar a quién juzga y calcular las consecuencias sociales de sus decisiones táctica y estratégicamente.
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