China viene penetrando en África.África posee recursos, en forma de materias primas y fuentes de energía. De hecho, el petróleo, del que china, aunque país productor, es deficitario, fue el principal acicate de la presencia china. Además, África dispone de mano de obra barata y, además, se prevé que, dentro de unas décadas, sea un gran mercado, de unos 2.500 millones de habitantes. Esto, tomado en su conjunto, puede sonar a algún tipo de proyecto neocolonial. Y es verdad, poniendo el prefijo donde corresponde. Porque es tan obvio que ya no se trata del viejo colonialismo decimonónico, como que China va a lo que va, que no hace obras de caridad y que eso va a generar una dependencia de esos países hacia China.
China penetre en África. Las tres vías de avance son desde el Magreb occidental, a partir de sendos acuerdos estratégicos firmados con Argelia, y con Marruecos; desde Angola; y desde el Cuerno de África, con Yibuti como símbolo, pero, sobre todo, pensando en Sudán y en Etiopía. En Angola y Sudán hay petróleo. El Magreb y Etiopía son empleados para invertir, también, en el sector secundario, además de convertirlos en nodos de la cada vez más ambiciosa red de transportes y comunicaciones chinas. La inversión china en el gran hub empresarial de Tánger (automóviles, textil y aeronáutico) conecta con el puerto de Tánger-med. China está logrando llevar a buen puerto ese viejo sueño imperial británico, consistente en conectar sus dominios africanos, de Norte a Sur y de Este a Oeste. Al ferrocarril que une Yibuti con Addis Abeba, se une el que, tras conectar Zambia y Tanzania, va a hacer lo propio con Port Lobito, en Angola. Suele ser conocido como el ferrocarril de Katanga-Benguela. Todo ello pasando por Tenke (República Democrática del Congo) y enlazando, igualmente, con Ciudad del Cabo. Se trata de un entramado que ya forma parte de la AGENDA 2063, uno de cuyos objetivos es la integración de un futurible mercado único africano, que está siendo apoyado por los BRICs, con China y Rusia a la cabeza.
China se encarga de proveer a esos países de redes de ferrocarriles, de hospitales y de escuelas, generando la sensación de ser un país que coopera en su desarrollo. No es falso. Si acaso, es una verdad a medias. Los beneficios se los llevan los bancos y las empresas chinas. Bien es verdad que a un precio más barato que el que se deduciría de pedir ayuda al FMI y/o al Banco Mundial.
China se ahorra el gasto derivado de tener que construir y mantener una administración colonial clásica, y ni siquiera envía tropas (salvo a Yibuti) pero se garantiza gobiernos afines y los recursos que necesita para su propia economía. Al revés, el discurso oficial chino, que, por supuesto, tiene mucho de ideológico (en el sentido de mercadotecnia) enfatiza que los principios que mueven a China son el “ascenso pacífico”, la “No injerencia en los asuntos internos de los demás países”.
Referencia: Global Strategy. Josep Baqués. Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona
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