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jueves, 6 de octubre de 2022

Una civilización se tambalea, impotente y sin recursos morales

Mons. Escrivá de Balaguer

"Las tres concupiscencias(1Jn2,16) son como tres fuerzas gigantescas que han desencadenado un vértigo imponente de lujuria, de engreimiento orgulloso de la criatura en sus propias fuerzas, y de afán de riquezas" (Mons. Escrivá de Balaguer, Carta 14-III-974, n. 10).Vemos, sin pesimismo ni apocamientos, que estas fuerzas han alcanzado un desarrollo sin precedentes y una agresividad monstruosa, hasta el punto de que "toda una civilización se tambalea, impotente y sin recursos morales".


domingo, 6 de marzo de 2022

Unamuno siente una prevención anhelante de Dios

Miguel de Unamuno

“Nadie, dice Miguel de Unamuno, ha logrado convencerme de la existencia de Dios; pero tampoco de su inexistencia. Los razonamientos de los ateos me parecen de una superficialidad y futileza mayores aún que los de sus contradictores. Y si creo en Dios, o, por lo menos, quiero creer en Él, es ante todo porque quiero que Dios exista, y, después, porque se me revela por vía cordial en el Evangelio y a través de Cristo y de la Historia. Es cosa del corazón.”



Comenta uno de sus biógrafos que lo que le faltaba a Unamuno, y él mismo lo reconoce repetidas veces, es humildad, entrega, que es el camino seguro de la gracia. Y él lo sabía bien. Pero estaba poseído de sí mismo y no renuncia a su engreimiento, a su postura beligerante ante Dios y ante la razón y la vida. En el fondo de su corazón y de su pensamiento, aun en las crisis de sus más rotundas negaciones, siente una prevención anhelante de Dios. Lo que le sucede es que no da un margen de confianza, de crédito suficiente a Dios; y le apremia, pero con orgullo; quiere desentrañarle, interrogarle contradictoriamente, polemizar con él y hacerle a imagen y semejanza de él, Miguel de Unamuno. Dialoga con Él y le arguye, como Job; pero no se le rinde fácilmente como Job, que, al fin, reconoce y acata sus designios ocultos. Él, Unamuno, quiere que Dios tenga razón, pero quiere que la tenga porque se la da él, Miguel de Unamuno.



martes, 2 de noviembre de 2021

Sin donación y sacrificio, la libertad se vuelve ilusoria


Sin donación y sacrificio, la libertad se vuelve ilusoria, se escurre entre los dedos como el agua y se convierte en una palabra vacía con la que se puede llenar sólo la boca. Quienes así actúan “son almas que hacen barricadas con la libertad. ¡Mi libertad, mi libertad! La tienen, y no la siguen; la miran, la ponen como un ídolo de barro dentro de su entendimiento mezquino. ¿Es eso libertad? ¿Qué aprovechan de esa riqueza sin un compromiso serio, que oriente toda la existencia? Un comportamiento así se opone a la categoría propia, a la nobleza, de la persona humana. Falta la ruta, el camino claro que informe los pasos sobre la tierra. Esas almas (...) se dejarán arrastrar luego por la vanidad pueril, por el engreimiento egoísta, por la sensualidad, decía Josemaría Escrivá.