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viernes, 1 de septiembre de 2023

No tenía el menor reparo en mentir, y por eso esperaba de los demás un comportamiento similar

“Todos los que estábamos en torno a Stalin éramos provisionales, diría Nikita Jrushchov, futuro dirigente de la Unión Soviética. Mientras mantuviese cierto grado de confianza en nosotros, se nos permitía seguir viviendo y trabajando; pero bastaba que dejara de fiarse de alguien para que desatase todo su recelo”. Stepán Mikoián, quien por ser hijo de Anastás Mikoián, integrante del Politburó, creció en el complejo arquitectónico del Kremlin durante la década de 1930, corrobora la opinión de Jrushchov.“Miraba a la gente a los ojos cuando le hablaba, recuerda, y si uno apartaba la mirada, daba en sospechar que lo estaba engañando. En ese caso, era capaz de hacer cosas muy desagradables… Era un hombre muy suspicaz, y ése era su rasgo más sobresaliente… No tenía escrúpulos… No tenía el menor reparo en mentir si lo consideraba necesario, y por eso esperaba de los demás un comportamiento similar… Cualquiera podía resultar ser un traidor”.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Todo el mundo obtiene lo que quiere de verdad

Todo el mundo obtiene lo que quiere, pero lo que quiere de verdad, no lo que dice que le gustaría tener. Lo que obtiene mediante un sacrificio sin reservas, con la obstinación infatigable, venciendo la pereza y sin detenerse en escrúpulos. Las circunstancias no pueden servir como excusa más que para los fracasados. Los fracasados son los que se rinden, los que no han recibido ningún mensaje o no lo han considerado lo suficientemente valioso, escribe Nicolae Steinhardt.

El consuelo es otro. Lo expresa el dicho inglés que dice que no es importante vencer, lo importante es luchar hasta el final. Sin embargo, dice Steinhardt, en el cristianismo tienes que vencer. En el cielo solo entran los que han vencido en la guerra contra Satanás.

lunes, 14 de noviembre de 2022

Romain Rolland habla de Miguel Angel

Miguel Angel

Miguel Angel estuvo solo. Odió; fue odiado. Amó; no fue amado. Se le admiraba y se le temía. Por último inspiró un respeto religioso, dominaba su siglo. Entonces se apacigua algún tanto. Ve a los hombres desde arriba; los hombres le contemplan desde abajo. Pero nunca se confunde con ellos. Jamás el sosiego, la calma gustosa que disfruta el ser más humilde; poder en un instante de su vida reposar en un afecto humano. No le fue dado el amor de una mujer. Sólo un instante luce en su cielo desierto la estrella fría y pura de la amistad de Vittoria Colonna. Todo en torno, la noche, rasgada por los ardientes meteoros de su pensamiento, sus deseos, sus sueños delirantes. Beethoven no conoció nunca noche tan cerrada. Y es que aquella noche estaba en el mismo corazón de Miguel Ángel. Beethoven fue triste por culpa del mundo, él era naturalmente jubiloso, aspiraba a la alegría. Miguel Ángel tenía dentro de sí la tristeza que asusta y aleja a los hombres. Hacía el vacío en torno suyo. Y no era esto todo. Lo peor no era estar solo. Lo peor era estar solo consigo, y no poder vivir consigo, no ser dueño de sí, renegarse, combatirse, destruirse a sí mismo. Su genio había emparejado con un alma que le traicionaba. Se suele hablar de la fatalidad que se encarnizó con él y le impidió realizar algunos de sus grandes designios. La tal fatalidad lo fue él mismo. La clave de sus desventuras, lo que explica íntegramente la tragedia de su vida,y lo que menos se ha visto o menos se ha osado ver, en su falta de voluntad y su flaqueza de carácter. Era irresoluto en arte, en política, en todos sus actos, en todos sus pensamientos. Entre dos obras, dos proyectos, dos soluciones, no acertaba a decidirse a escoger. La historia del monumento de Julio II, o de la fachada de San Lorenzo o de los sepulcros de los Médicis, son otras tantas pruebas. Comenzaba, comenzaba, no llegaba al término. Quería y no quería. Apenas se había decidido le asaltaba la duda. En sus últimos años no acababa nada, se hastiaba de todo. Se alega que sus tareas le eran impuestas, se intenta atribuir a sus amos la responsabilidad de aquel perpetuo fluctuar de uno a otro proyecto, olvidando que sus amos no tenían medio alguno de imponérselos si él hubiese resuelto resistir. Pero no se atrevía. Era débil. Lo era en todos los sentidos, por virtud y por timidez. Lo era por conciencia. Se atormentaba con mil escrúpulos que un carácter más enérgico hubiera desechado. Creíase, siguiendo un sentido exagerado de su responsabilidad, en el caso de emprender tareas mediocres que cualquier contramaestre hubiera realizado en su lugar y mejor que él. Ni sabía cumplir sus compromisos, ni olvidarlos. Era débil por prudencia y por temor. El mismo hombre al que Julio II llamaba “el terrible”, era calificado por Vasari de “prudente”, demasiado prudente y el que “atemorizaba a todos, incluso a los Papas” por todos se sentía atemorizado. Era débil con los príncipes, y, sin embargo, ¿quién más que él despreciaba a los débiles con los príncipes, a “los asnos albardados de los príncipes”, como él los llamaba?. Se proponía alejarse de los Papas y permanecía a su lado y los obedecía. Soportaba cartas injuriosas de sus amos y les contestaba humildemente. A veces se rebelaba, hablaba altivamente, pero acababa cediendo. Luchó hasta su muerte sin fuerzas para luchar. Clemente VII, que, contra la opinión más general, fue de todos los Papas el más bondadoso con él, conocía su endeblez y tenía compasión de ella. Cuando amaba perdía toda dignidad. Se humillaba ante bellacos como Febo di Poggio. Calificaba de “genio potente” a un sujeto desagradable, pero adocenado como Tommaso de’ Cavalieri.

lunes, 13 de agosto de 2018

Los resultados políticos y religiosos de la Cruzada fueron efímeros.

Los resultados políticos y religiosos de la Cruzada fueron efímeros. Cuenta el historiador belga Henri Pirenne que el reino de Jerusalén y los principados de Edessa y Antioquía fueron reconquistados por los musulmanes en el siglo XII, pero el mar ha quedado en manos de los cristianos. Y son ellos los que ahora ejercen la preponderancia económica. Toda la navegación en las “escalas del levante” les pertenece. Sus establecimientos comerciales se multiplican con sorprendente rapidez en los puertos de Siria, Egipto y en las islas del mar Jónico. Mediante la conquista de Cerdeña (1022). Córcega (1091) y Sicilia (1058-1090) arrebatan a los sarracenos las bases dé operación que, desde el siglo IX, les habían permitido mantener a occidente bloqueado.


Por otro lado hay que contar según manifiesta Pirenne que no existía ningún tipo de escrúpulo que afectase a los venecianos en aquella epoca. Su religión es una religión propia de gentes de negocios. Les importa poco que los musulmanes sean los enemigos, si el comercio con ellos puede ser rentable. En el curso del siglo IX consiguen relacionarse, cada vez más asiduamente, con Alepo, Alejandría, Damasco, Keruán y Palermo. Tratados, comerciales le garantizan una situación privilegiada en los mercados del Islam. A comienzos del siglo XI, el poderío de Venecia ha progresado tan increíblemente como su riqueza.