Sola estaba Eva en el Paraíso cuando se atrevió a dialogar con el Tentador, así como solo estaba Judas cuando se desesperó en la noche de la Pasión. Con clara razón concluye san Pablo en su carta a los Corintios que “la tristeza del mundo produce la muerte”. Las contradicciones forman parte de la vida, pero ¡qué mal haríamos si las afrontáramos exclusivamente por nuestra cuenta! Ante esa lucha, puede surgir la tristeza, y la tristeza arrastra consigo hacia el pesimismo, alejándonos así de Dios y de nuestros hermanos. “El abismo llama al abismo”, dice la Sagrada Escritura (Sal, 42:8.).
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martes, 11 de marzo de 2025
sábado, 10 de diciembre de 2022
La condena del suicidio
Para el cristianismo, quizá no por casualidad, se presenta a Judas, el traidor de Jesucristo, como un suicida. Es el extremo de la degradación a la que conduce el pecado. Escribe Vittorio Messori que “la condena del suicidio fue tan explícita que en la cristiandad medieval se castigaba a quien salía vivo del intento de darse muerte igual que a un homicida. Los códigos penales del Occidente moderno han eliminado el intento de suicidio de la lista de crímenes, a excepción del derecho inglés, también aquí la Gran Bretaña permanece anclada en la Edad Media y procesa al frustrado suicida bajo la acusación, de antiguas reminiscencias, de “felonía contra sí mismo”. En resumidas cuentas, de cobarde. En cuanto a aquellos que lamentablemente hubieran logrado llevar a cabo su propósito autodestructivo, la sanción consistía en la privación de todas las exequias religiosas y de otros oficios fúnebres de carácter público. Eso sí, siempre que no quedase probado de manera irrebatible que el suicida era presa de una grave perturbación psíquica en el momento de cometer ese acto desesperado. Pero este factor no se daba por descontado en todos los casos, como ocurre en la actualidad”.
Romano Amerio ve en ello una de las “variaciones” estructurales introducidas por los sacerdotes actuales y recuerda que “la doctrina católica reconocía en el suicidio una triple falta. Un defecto de fortaleza moral, ya que el suicida cede ante la desventura; una injusticia porque pronuncia contra su persona una sentencia de muerte contra su propia causa y sin estar cualificado; una ofensa a la religión, ya que la vida es un servicio divino de cuyo cumplimiento nadie puede eximirse por su cuenta”.
domingo, 19 de diciembre de 2021
Judas razona con demasiada sutilidad
Cuenta Nicolae Steinhardt que Judas se condena porque razona con demasiada sutilidad, es demasiado ingenioso; es sofisticado. En casos difíciles lo mejor es aplicar solución simple, la simplista, la del sentido común, la del obstinado sentido común. Si haces juicios del tipo de “puesto que Jesús vino para salvarnos y puesto que para poder salvarnos tiene que ser crucificado y para ello es necesario que alguien le traicione, entonces me voy a sacrificar y le voy a traicionar”. Si haces juicios así, razonas de manera demasiado sutil y sofisticada. Y demasiado abstracta. Lo mejor es razonar de manera simple, como un hombre de campo, y aplicar la regla de que “pase lo que pase, yo no traiciono a mi amigo y maestro”.
sábado, 3 de julio de 2021
El encuentro
Jan Dobraczynski en su libro Cartas de Nicodemo escribe: “No le hemos encontrado para los demás. Cada uno debe encontrarle por sí mismo, como yo le encontré entonces en el camino de Emaús… ¿Acaso también Judas le encontró cuando se arrancó el dinero del corazón y lo arrojó sobre el empedrado del Templo? Judas… ¿Le hubiera traicionado si yo, a tiempo, hubiese compartido con el mis riquezas? Cada uno de nosotros le encontrará, indudablemente, un día, pero también cada uno de nosotros puede dificultarle este encuentro a otro…”.
sábado, 14 de diciembre de 2019
Compostela
Gonzalo Torrente Ballester hablando del apóstol Santiago cuenta que no le eligió el Señor por sus dotes intelectuales ni por otra razón humana, sino por la virtud de que era capaz su corazón. Fue de espíritu sencillo, como los otros electos, menos Judas. Éste sí que era un genio, éste sí que tenía ideas propias y opiniones personales sobre el Misterio. Por eso no acató las palabras del Señor, ni su Ley; por eso se rebeló contra la Verdad en nombre del talento y traicionó a su Maestro después de haber rechazado su magisterio.
Con respecto a Santiago de Compostela, cuenta el maestro de escritores, que creer que Compostela ha nacido ahora mismo: recibirla con los ojos como un regalo de los ángeles; y si el contemplador es protestante y no cree en ángeles, de Compostela saldrá creyente, entonces recibirla como un regalo de las hadas, si cree en ellas; y si no cree, como regalo de aquel Espíritu a quien se agarra su alma para no volverse loca. Sólo en el caso de que tampoco crea en el Espíritu, debe acudir a la ciencia, pero entonces jamás entenderá a Compostela.
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domingo, 17 de febrero de 2019
No es bueno que el hombre esté solo
Sola estaba Eva en el Paraíso cuando se atrevió a dialogar con el Tentador, así como solo estaba Judas cuando se desesperó en la noche de la Pasión. Con clara razón concluye san Pablo en su carta a los Corintios que “la tristeza del mundo produce la muerte”.
En la vida corriente nadie llama egoísta a un niño porque acuda a su madre en busca de consuelo, y tampoco a un adulto que recurre a un compañero para no estar solo. Lewis dice que dado que realmente nos necesitamos unos a otros (“no es bueno que el hombre esté solo”), el que uno no tenga conciencia de esa necesidad como amor-necesidad, en otras palabras, el ilusorio sentimiento de que es bueno para uno estar solo, es un mal síntoma espiritual, así como la falta de apetito es un mal síntoma médico, porque los hombres necesitan alimentarse.
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domingo, 13 de agosto de 2017
"No penséis que haya venido para traer la paz a la tierra. No la paz, sino la espada."
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| Jesús en Betania |
Jesús ahueca la voz. “No penséis que yo haya venido para traer la paz a la tierra. No la paz, sino la espada. (“¡Enhorabuena!”, piensa Judas.) He venido para provocar la lucha del hijo con su padre, de la hija con su madre, de la nuera con la suegra. Se tendrá por enemigos a las personas de su propia casa. El que quiere a su padre y a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí…” En boca de un hombre estas palabras hubieran sido consideradas como monstruosas.
François Mauriac cuenta que si con una imagen demasiado
osada no temiéramos poner en entredicho la indisolubilidad de ambas naturalezas, diríamos que, una vez más, el Dios levanta su formidable cabeza sobre la superficie de la sangre, y que emerge de la carne. Judas cree comprender esas palabras de odio… En verdad, los demás entrevén cómo sólo el amor encarnado puede gritarles sin que el rayo se precipite sobre ellos. Judas imagina un mundo revuelto por Cristo en donde los elegidos, los escogidos, no se dejarán imponer las trabas de ningún sentimiento humano, en donde ningún lazo de la sangre conservará validez. El triunfo de la fuerza, ¡una soledad triunfadora! A buen seguro que para el hombre de Queriot, sigue narrando Mauriac, hay alternativas en lo que el Maestro le explica. ¡He aquí que ahora habla de una cruz! Al oírle decir que quienquiera que le siga sin tomar su cruz, es indigno de Él… Judas sonríe: ¡como si se tratase de ser digno de Él! Seguirá al Señor y dejará la cruz para los demás.
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| François Mauriac |
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