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viernes, 3 de noviembre de 2023

Si a los niños no se les enseña a controlarse se vuelven desorganizados mentalmente y en su conducta

Escuela de pueblo, de Morgan Weistling

El psicólogo Silveira subraya que la falta de disciplina, es decir, el escaso interés por instalar buenas costumbres en el niño, conlleva una serie de problemas. La disciplina es la base del equilibro mental futuro del joven porque predispone para la responsabilidad. Las buenas costumbres, además, están relacionadas con la aceptación de límites; un joven que no entiende el concepto de límite se vuelve insolente e insoportable. Silveira denuncia como una idea falsa la alternativa entre educar al niño con cariño o con disciplina. Es necesario combinar las dos cosas. Menciona técnicas clásicas en psicología para mejorar la actitud de los jóvenes, por ejemplo, ignorar las conductas negativas y elogiar las positivas. Subraya que los niños aprenden rápido y si, por el contrario, no se les enseña a controlarse el resultado son hijos frustrados, proclives al desencanto, desorganizados mentalmente y en su conducta. También es fácilmente perceptible que bastantes jóvenes se sienten éticamente desorientados, comportándose muchas veces como tiranos con sus propios padres.

domingo, 10 de mayo de 2020

Si los gobernantes fueran ángeles, ningún control sobre los gobiernos sería necesario




“Si los gobernantes fueran ángeles, ningún control, externo o interno, sobre los gobiernos sería necesario. La gran dificultad para diseñar un gobierno de hombres sobre hombres estriba en que, primero, debe otorgarse a los dirigentes un poder sobre los ciudadanos y, en segundo lugar, obligar a este poder a controlarse a sí mismo. No cabe duda que depender del voto de la gente constituye un control primario sobre el gobierno, pero la experiencia enseña a la humanidad que son necesarias precauciones adicionales.” manifiesta James Madison, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos y su cuarto presidente.


martes, 11 de diciembre de 2018

Una persona no era totalmente tal hasta que aprendía a dominar sus pensamientos y sus sentimientos.

En ciertos momentos de la historia, las culturas han dado por sentado que una persona no era totalmente tal hasta que aprendía a dominar sus pensamientos y sus sentimientos. En la China de Confucio, en la antigua Esparta, en la Roma republicana, en los primeros asentamientos de Nueva Inglaterra y entre las clases altas de la Inglaterra victoriana, las personas tenían la responsabilidad de mantener bien firmes las riendas de sus emociones. Cualquiera que se permitiese tener lástima de sí mismo, o quien dejase que el instinto dictase sus acciones en lugar de la razón, perdía el derecho de ser aceptado como miembro de la comunidad. En otros períodos históricos, como el que ahora estamos viviendo, la capacidad de controlarse a sí mismo no se tiene en tan alta estima. A las personas que lo intentan se las considera ridículas y estiradas.