Mostrando entradas con la etiqueta economía estadounidense. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta economía estadounidense. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de octubre de 2025

La inteligencia artificial avanza, pero sus efectos económicos siguen siendo desiguales y difíciles de medir

Solo en este año, los centros de datos de inteligencia artificial están añadiendo entre 93 mil millones y 163 mil millones de dólares a la economía estadounidense, valorada en 23 billones, según Reuters. Algunas proyecciones elevan todavía más el impulso a comienzos de 2025. Sin ese gasto colosal en infraestructura y energía, el crecimiento sería prácticamente plano. Aquello que parecía una burbuja es, al mismo tiempo, el músculo invisible que hoy sostiene el movimiento de la economía más poderosa del mundo.
“La inteligencia artificial avanza con una velocidad que impresiona en los laboratorios y en los comparativos, pero sus efectos económicos siguen siendo desiguales y difíciles de medir. Puede ser, al mismo tiempo, una tecnología de progreso real y un negocio financieramente frágil; una promesa que aún no respalda las valuaciones que genera. El desenlace dependerá menos de la retórica bursátil que de la ingeniería. Si la IA no resuelve el desafío de la eficiencia en el aprendizaje y la capacidad de sostener proyectos largos y complejos, la historia la recordará como otra burbuja alimentada por capital barato, una reedición de la fiebre puntocom. Pero si logra superar ese umbral, el futuro podría acelerarse, como si la humanidad hubiera encontrado de nuevo una tecnología fundacional capaz de reescribir el destino de este siglo.”
“La inteligencia artificial progresa en el conocimiento (hechos, datos, memoria enciclopédica) pero aún tropieza en la inteligencia fluida, la toma de decisiones, la continuidad y el contexto necesario para ejecutar proyectos complejos. El futuro dependerá de si logra cerrar esa brecha. Tal vez descubramos que la transición hacia una “inteligencia artificial general” no llegue como una epifanía repentina, sino como una lenta acumulación de avances invisibles que solo podremos reconocer en retrospectiva en el tiempo”, escribe Eduardo Turrent Mena.

miércoles, 3 de enero de 2018

Empleados flotantes, desapegados, flexibles y sin ataduras.

Arlie Russell Hochschild 
Después de haber pasado varios años observando bien de cerca el cambiante entramado laboral en los sectores más avanzados de la economía estadounidense, Arlie Russell Hochschild ha descubierto y documentado ciertas tendencias con asombrosas similitudes con las de Europa, descritas detalladamente por Luc Boltanski y Eve Chiapello como parte del “nuevo espíritu del capitalismo”. Y el más trascendente entre esos hallazgos es la decidida preferencia de los empleadores por los empleados flotantes, desapegados, flexibles y sin ataduras, empleados “generales” (del tipo “todo terreno” y no los especializados y sujetos a una capacitación específica y restrictiva) y en definitiva descartables. En palabras del propio Hochschild: Un nuevo término, “lastre cero”, viene circulando silenciosamente por Silicon Valley, corazón de la revolución informática de los Estados Unidos. Originalmente se aplicaba al movimiento sin rozamiento de un objeto, como un rulemán o una bicicleta. Más tarde fue empleado para referirse a los empleados que, sin importar los incentivos económicos, cambiaban de empleo con total facilidad. En la actualidad se ha convertido en sinónimo de “sin compromisos u obligaciones”. Un empleado informático puede referirse a un colega elogiosamente diciendo que tiene “cero lastre”, vale decir, que está disponible para aceptar tareas extra, responder a situaciones de emergencia, o ser reasignado y reubicado en cualquier momento. Según Po Bronson, investigador de la cultura del Silicon Valley: “El lastre cero es lo óptimo. A algunos postulantes les han llegado incluso a preguntar por su ‘coeficiente de lastre’”.



El empleado ideal sería una persona que no tenga lazos, compromisos ni ataduras emocionales preexistentes y que además las rehúya a futuro. Una persona dispuesta a aceptar cualquier tarea y preparada para reajustar y reenfocar instantáneamente sus inclinaciones, abrazar nuevas prioridades y abandonar las ya adquiridas lo antes posible. Una persona acostumbrada a un entorno en el que “acostumbrarse”, a un empleo, a una habilidad, o a una determinada manera de hacer las cosas, no es deseable y por lo tanto es imprudente. Finalmente, una persona que deje la empresa cuando ya no se la necesita, sin queja ni litigio. Una persona, en definitiva, para quien las expectativas a largo plazo, las carreras consolidadas y previsibles y toda otra forma de estabilidad resulten todavía más desagradables y atemorizantes que la ausencia de ellas, escribe Zygmunt Bauman.