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miércoles, 7 de mayo de 2025

La población joven del África subsahariana es especialmente apta para aprovechar la tecnología e impulsar el desarrollo económico

Para 2050, una de cada cuatro personas en la Tierra (y cerca de la mitad de los niños) será de alguno de los 54 países del continente africano. En 1950, los africanos representaban solo un 9% de la población. Estas cifras demuestran que las proyecciones y el posible dividendo demográfico para estas naciones tendrá efectos sociales y económicos sin parangón.Los jóvenes africanos representarán el 42% de la juventud global en la próxima década. “El crecimiento de la población en el continente africano se debe a una de las tasas de natalidad más altas a nivel mundial y tasas de mortalidad en declive atribuidas al acceso mejorado a la atención médica y el saneamiento”, afirma Tighisti Amare, subdirectora del Programa África del think thank británico Chatham House. 
“África son muchos países diferentes que experimentan una amplia gama de situaciones culturales, económicas y demográficas”, manifiesta Mark Wheldon, oficial de Asuntos de Población de Naciones Unidas. “Por ejemplo, muchos en el África Subsahariana, con poblaciones jóvenes, forman parte del grupo de Países Menos Adelantados (PAM); con bajos ingresos, que enfrentan severos impedimentos estructurales para el desarrollo sostenible. Son altamente vulnerables a los shocks económicos y ambientales y tienen bajos niveles de activos humanos”.
África está perdiendo terreno. Su contribución a la manufactura global es menor hoy que en 1980. Su economía tiene un gran peso en el sector primario y el avance de su industria es desigual, mientras que Sudáfrica, Egipto, Marruecos y Túnez tienen sectores relativamente desarrollados, en los países subsaharianos el peso del sector es muy pequeño.
“La gran población de África, si se aprovecha adecuadamente, tiene el potencial de impulsar el crecimiento socioeconómico en la región al ofrecer mano de obra y mercado para productos, atrayendo así inversiones domésticas y extranjeras”, subraya desde Accra (Ghana) Francis Agbere, responsable de Programas y Políticas de Economía Justa de Oxfam Intermón. Con un 70% de su población menor de 30 años, la población joven del África subsahariana es especialmente apta para aprovechar la tecnología e impulsar el desarrollo económico. Pero, para sacar provecho del dividendo demográfico, los gobiernos deben implementar políticas que se traduzcan en ciudadanos sanos y capacitados, y promover los derechos laborales para protegerlos contra la explotación económica. Un informe de Oxfam reveló que siete africanos tienen más riqueza que la mitad inferior de la población. “En el continente más desigual, el crecimiento del PIB no significa mucho si la riqueza está en manos de unos pocos”, comenta Agbere. “Los gobiernos africanos deben implementar políticas que reduzcan la brecha entre ricos y pobres, deben priorizar los servicios sociales como la salud y la educación, implementar políticas de impuestos progresivos e invertir en el sector agrícola, donde la mayoría de los agricultores a pequeña escala que trabajan para alimentar al continente son mujeres”. Porque, en todo caso, una gran población joven que carece de oportunidades no solo no tiene las condiciones para impulsar el desarrollo, sino que además podría sentar las bases para agravar los conflictos y la fragilidad del mundo.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

África experimenta la descomposición de estados de costa a costa

Banco Mundial afirma que la economía del África subsahariana está creciendo a ritmos de en torno al 4,8 por ciento y prevé un futuro brillante, basado esencialmente en sus riquezas minerales, y en especial en el petróleo. A lo cual se añade la observación de que estos países, ricos en recursos, “deben tomar decisiones para invertir en una mejor sanidad, educación, puestos de trabajo, y menos pobreza para sus pueblos”, de lo que se puede inferir que no lo están haciendo en la actualidad. Puesto que es bien sabido que estos beneficios, administrados por gobiernos profundamente corrompidos van a parar al consumo de una reducida parte de la población, por lo que engendran inflación y desigualdad, esto es enriquecimiento para unos pocos y miseria para los más. En palabras de Toby Leon Moorsom, África experimenta “la descomposición de estados de costa a costa. Un cinturón de guerras, golpes de estado y manifestaciones en gran escala ha surgido a lo ancho del Sahel, de Guinea-Bissau a Somalia”. “El descontento hierve en las calles” en los países de África occidental, según Adam Nossiter. En esta “militarización de la pobreza”, dice Moorsom, los diversos procesos tienen causas locales, pero comparten rasgos en común, “todos nacen en un contexto de fracaso de los mercados agrícolas y de auge de la extracción de petróleo y de minerales. El fundamentalismo islamista es tan solo un factor que complica las cosas, no una causa, sino una respuesta a la desestabilización general”. Aunque haya casos con explicaciones más complejas, como el de Guinea-Bissau, donde el golpe militar que derribó al presidente tenía como objetivo facilitar a los militares el control del tráfico trasatlántico de cocaína, que tiene al país como una etapa esencial.

“El Congo ha sido siempre, dice Zoë Marriage, un objeto de saqueo, y para que este pueda continuar provechosamente, nada mejor que el desgobierno”. En opinión de Antoine Roger Lekongo, lo que ocurre en el este del Congo no es una guerra civil, sino la continuación de un expolio sistemático “financiado y dirigido por los Estados Unidos y Gran Bretaña” con el objeto de desintegrar el país para poder saquearlo mejor.