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jueves, 5 de marzo de 2026

Obedecer ordenes que uno desaprueba no siempre es una traición a la conciencia

Obedecer ordenes que uno desaprueba no siempre es una traición a la conciencia. Los subordinados tienen a menudo el derecho, o incluso el deber, de dudar de su propio juicio, al menos tanto como el de sus jefes. El subordinado conoce mejor la situación en su propio terreno, pero menos en el panorama general. No sabemos con certeza cuales son los efectos de nuestra desobediencia, pero si sabemos con certeza cuales son los efectos de la desobediencia en general. Sin disciplina, no hay fuerza pública, no hay Estado. La inmensa mayoría de nosotros no sabemos con certeza si las órdenes desconcertantes son proporcionadas a la urgencia o a la necesidad. Es fácil, sentado en tu sillón, condenar a quienes se movían en la niebla de la guerra, escribe el filósofo  Henri Hude.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

El principio de la prescripción

El penalista francés Maurice Garlón en el debate sobre la prescripción de los delitos manifiesta que ya el niño al que se recrimina por una desobediencia pasada, responde: ¡pero si pasó hace tiempo! Él ya haber pasado hace tiempo se le antoja la forma más natural de disculpa. Y también nosotros reconocemos en la distancia temporal el principio de la prescripción. El delito provoca inquietud en la sociedad; pero tan pronto como la conciencia pública se olvida del delito, desaparece también la desazón. El castigo demasiado alejado temporalmente del delito pierde su sentido. Esto es una verdad trivial y palmaria, en cuanto se refiere a la sociedad o al individuo que se socializa a sí mismo moralmente y se disuelve en el consenso. Pero carece de cualquier relevancia para el ser humano que se concibe a sí mismo como moralmente único.

martes, 13 de julio de 2021

Cerca de 50.000 cristianos en los campos de concentración de Corea del Norte

"A pesar de que las personas  saben  que podrían ir  a prisión  o peor  aún ser torturados por el gobierno , ellos eligen adorar a Dios", dijo uno de los ex militares Norcoreanos en una entrevista.

Una mujer que experimentó el sufrimiento en los campos de concentración de Corea del Norte, aseguró que existen cerca de cincuenta mil cristianos que padecen en estas prisiones del país comunista. La mujer, que ha sido identificada como Hea Woo, por motivos de seguridad, relató lo que vivió en esa prisión y cómo los cristianos son tratados durante el encierro. La ex prisionera dice que la muerte por hambre, el trabajo duro y las palizas ocurren a diario. "Los presos son obligados a trabajar con turnos y horarios brutales", dijo. "Todos los presos pasan hambre. Cada persona recibe un puñado de maíz podrido y no hay otra cosa que comer. A veces comíamos algo aguado, que ni siquiera era una sopa. Tuvimos eso como comida todo un año".


Si alguien está en contra, es encerrado en una pequeña habitación donde una persona no puede acostarse o ponerse de pie. Los soldados pueden atacar a los reclusos cada vez que muestren desobediencia. El esposo de Hea también murió en este campo de prisioneros.


Actualmente, hay alrededor de 50.000 cristianos que están en prisión y 300.000 creyentes en Corea del Norte, según un informe de Open Doors. La organización cristiana pide oración y apoyo para la seguridad y la liberación de prisioneros en Corea del Norte. Hea Woo, logró escapar de ese encierro y hoy vive en Corea del Sur, donde comparte su experiencia para pedir oración por los que aún están sufriendo en los campo de prisioneros de Corea del Norte.



miércoles, 16 de septiembre de 2020

Iusnaturalismo


 Francisco Suárez
El iusnaturalismo o la teoría del derecho natural, fue anticipada por los teólogos medievales, especialmente por Tomás de Aquino. En España, el dominico franciscano Francisco de Vitoria (1486-1546) y el jesuita Francisco Suárez (1548-1617) desarrollan ampliamente esta doctrina con ideas novedosas, pese a la filiación escolástica de ambos. Conciben el derecho natural como distinto de la ley positiva porque no deriva de la voluntad humana, sino que está en la naturaleza humana per se y ex se. El ius naturale es aquello hacia lo que ipsa natura immediate inclinat, aquello hacia lo que se inclina la misma naturaleza. Se capta por la luz natural, pues está grabado en el corazón humano. Gracias al derecho natural, Vitoria ve plausible la existencia de una comunidad humana universal, lo que le lleva a defender los derechos de los indios y a poner las bases de un derecho internacional, el llamado derecho de gentes. Por su parte, Suárez rechaza el derecho divino atribuido a los monarcas y reconoce una sociabilidad humana general, que es la que hace posible hacer leyes que obligan a todos, escribe la filósofa Camps.


La ley natural, en Tomás de Aquino, es el puente necesario que une la ley eterna o divina con las leyes humanas, que son contingentes, cambiantes y pueden estar equivocadas. Ese puente que proporciona la ley natural permite aceptar el fundamento último de la ley divina como algo no impuesto desde fuera, sino intrínseco a nuestra naturaleza. Pero aunque esté ya en nosotros, la ley divina es necesaria. Lo es porque la razón humana tiene límites, ella sola no descubre la totalidad de la ley natural, que coincide con lo revelado por Dios en el Decálogo. Por ello hay que acudir a la revelación divina, aunque siempre teniendo claro que la ley divina no tiene nada de arbitrario, es la única ley posible de acuerdo con el prototipo o lo que debe ser el hombre. Dicho de otra forma, dada una naturaleza humana, la ley de Dios es la que es y no puede ser otra. El pecado consistirá, pues, en contrariar a la naturaleza, ya que todo acto humano estará de acuerdo o en contra de ella. Afirmación que equivale a decir que pecar es desobedecer la ley de Dios, porque tal desobediencia viola el orden natural: Omne vitium eo ipso quod vitium est, contra naturam est (El vicio lo es porque se aparta de la naturaleza).


viernes, 30 de noviembre de 2018

El hecho de que las normas nos sean impuestas no significa que sean represivas o una limitación de la libertad individual.


A menudo se dice que todas las normas sociales son una imposición de unos sobre otros. Todos nos enfadamos cuando alguien nos interrumpe en mitad de una frase; nos enfrentamos a quien intente colarse en una fila; tocamos la bocina al coche que nos cierra en paso en un cruce. Estas son formas de expresar nuestra desaprobación social, de castigar al infractor. Pero el hecho de que las normas nos sean impuestas no significa que sean represivas o que representen una limitación intolerable de la libertad individual. Allá donde exista un conflicto de acción colectiva, siempre habrá una razón para saltarse las normas. Al ver un grupo de gente que espera pacientemente en fila, la tentación de colarse es inevitable. Es necesario algún tipo de control social para mantener un sistema de beneficios mutuos; por eso conviene castigar la desobediencia. Pero esto no significa que todas las normas sociales sean tiránicas o restrictivas, ni que quienes las obedecen sean simples conformistas o cobardes.