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martes, 7 de enero de 2020

Nuestra sociedad se ha vuelto intolerante con la diversidad

Lawrence Diller, pediatra especializado en psiquiatría infantil desde hace casi treinta años y autor del libro El último niño normal, explica que nuestra sociedad se ha vuelto intolerante con la diversidad humana. Las criaturas que llegan hoy a la consulta son mucho menos “anormales” que las de antes. Sus padres las traen por problemas cada vez más triviales, ellos mismos son menos capaces de tolerar pequeñas debilidades, quieren tener hijos no conflictivos que se ajusten al modelo preestablecido. 



La falta de tiempo, de disponibilidad y de apoyos a las familias, las crecientes exigencias académicas (incluso a edades muy tempranas), la presión escolar para que sigan los programas a un ritmo homogéneo, las dificultades de aprendizaje no diagnosticadas y el desmesurado valor social atribuido al trabajo intelectual y académico, que hace sentir inferiores a las personas dotadas con otro tipo de capacidades (talentos artísticos, kinestésicos, manuales, etc.) son algunos de los factores que explican, según Diller, esta situación. “Lo cierto es que todas las personas somos distintas… Los padres deberían aceptar que ninguno de sus hijos se parece a otro, y que no han venido al mundo a cumplir sus expectativas. Tal vez necesiten que alguien los tranquilice diciéndoles que saldrán adelante siendo simplemente ellos mismos”.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Ni el varón debe imitar a la mujer, ni la mujer al varón




Josemaría Escrivá proclamaba la igualdad radical entre varón y mujer, pero a la vez rechaza la uniformidad. Ni el varón debe imitar a la mujer, ni la mujer al varón. “Sería una pérdida para la mujer: no porque sea más, o menos que el hombre, sino porque es distinta”. La diferencia es querida por Dios,“no en vano los creó Dios hombre y mujer”.

Como dice Juan Pablo II: “Los recursos personales de la feminidad no son ciertamente menores que los recursos de la masculinidad, son sólo diferentes”

viernes, 25 de enero de 2019

La mejor o la peor parte del cuerpo.

Pitaco.
Amasis, rey de Egipto, envió una vez un animal para ser sacrificado a su amigo Pitaco, renombrado entre los siete sabios de Grecia, y le pidió que le devolviera la mejor y la peor parte del cuerpo. Estaba seguro de que su amigo le enviaría dos partes distintas. Pero Pitaco cortó la lengua y se la envió al rey para mostrarle que ninguna parte en el hombre era mejor que una lengua justa, ni peor que una lengua taimada.