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sábado, 12 de julio de 2025

Los consumidores no saben distinguir entre lo que será real y lo que seguirá siendo ciencia ficción

Hay que recordar la diferencia entre ciencia y tecnología. De una manera general, podemos decir que ciencia es el conocimiento obtenido a partir del trabajo realizado en un laboratorio de investigación en el que se busca o prueba una capacidad o una ley de la naturaleza. La observación, experimentación y modelización permiten plantear preguntas y construir hipótesis, lo que lleva a elaborar leyes generales sujetas a comprobación o refutación experimental. La ciencia es necesidad de saber, es un reflejo de la curiosidad del ser humano, planteada de forma objetiva y utilizando el método científico. La tecnología, a su vez, parte de los conocimientos básicos establecidos por la ciencia o bien de un procedimiento iterativo de prueba y error para construir un dispositivo, un nuevo material o una aplicación informática que tengan una utilidad determinada para la sociedad. El conocimiento necesario para generar este instrumento o proceso de fabricación se traduce habitualmente en una patente, como una forma de proteger esa invención y de ofrecer ciertos derechos a los inventores y a las entidades en las que se ha generado dicha patente.
La ciencia parece haber llegado a un momento de gloria en el que todo puede ser explicado y realizado. Nos ha enseñado a soñar y fantasear con el futuro. Tanto es así que hoy en día los consumidores no saben distinguir entre lo que será real y lo que seguirá siendo ciencia ficción. Es decir, entre lo que llegará a nuestras casas formando parte de la cotidianidad y lo que se quedará en el laboratorio como un mero experimento académico. Lo primero será tecnología, lo segundo parte de la ciencia básica necesaria para conseguirla.

Referencia: El nanomundo en tus manos (José Ángel Martín-Gago;Carlos Briones;Elena Casero;Pedro Serena)

jueves, 10 de octubre de 2024

El mundo natural tenía que haber surgido de alguna razón natural

Marco Tulio Cicerón (Arpino, 3 de enero de 106 a. C.-Formia, 7 de diciembre de 43 a. C.) argumentaba que el mundo natural tenía que haber surgido de alguna razón natural. Y si la estructura del mundo en todas sus partes es tal que no podría haber sido mejor ni en cuanto a utilidad ni en cuanto a belleza. Si, pues, los productos de la naturaleza son mejores que los del arte y si el arte no produce nada sin la ayuda de la razón, tampoco se puede pensar que la naturaleza carezca de razón. Cicerón fue también el primero en recurrir a la metáfora del relojero que más tarde se convertiría en el argumento clave a favor de un diseñador inteligente. En palabras de Cicerón: “Cuando ves una estatua o una pintura, reconoces allí la mano o presencia del arte; cuando ves a distancia marchar una nave no vacilas en suponer que su movimiento es guiado por la razón y por el arte; cuando miras a un reloj de sol o a una clepsidra, infieres que eso te indica el tiempo gracias al arte y no por casualidad; ¿cómo puede, pues, ser lógico o consecuente suponer que el mundo, que incluye en sí las obras de arte de que hablamos, los artífices que las hicieron, y cualquier otra cosa además, pueda carecer de plan y razón?” Esta fue precisamente la argumentación adoptada por William Paley casi dos mil años más tarde, un invento implica un inventor del mismo modo que un diseño implica un diseñador.

lunes, 30 de octubre de 2023

La transformación de Estados Unidos en líder tiene un nombre

Thomas Alva Edison

Estados Unidos estaba transformándose en el nuevo líder. En cierto modo, el hecho ya se reconocía tácitamente, pues millones de europeos emigraban a Estados Unidos. Entre 1870 y 1890 llegaron cien mil inmigrantes por año, incluso algunos de las Islas Británicas. Hubo un momento de cambio. Tiene un nombre. Primero el nombre. Es Thomas Alva Edison. Edison nació el 11 de febrero de 1847 en Milán, Ohio. La vida de Edison es la clásica historia, tan cara a los norteamericanos, del self-made man, del que asciende por los propios esfuerzos, el muchacho humilde que sin educación ni influencias alcanza la fama y la fortuna mediante la inteligencia y el trabajo duro. En 1869 fue a la Ciudad de Nueva York en busca de empleo. Mientras esperaba una entrevista en el despacho de un agente se rompió una máquina telegráfica. Ninguno de los presentes supo hacer nada, pero el rápido ojo de Edison vio el componente que estaba fuera de lugar. Se ofreció a repararlo y lo hizo, y de inmediato le ofrecieron un empleo mejor del que había esperado. En pocos meses decidió ser inventor profesional, empezando por un aparato registrador que había diseñado durante su estadía en Wall Street. Planeaba ofrecerlo al Presidente de una gran empresa de Wall Street. Edison, que aún tenía sólo veintitrés años, ya estaba en marcha. Fundó la primera empresa de técnicos consultores del mundo, y en los seis años siguientes trabajó en Newark, Nueva Jersey, elaborando inventos como el papel encerado y el mimeógrafo, por no mencionar sus importantes mejoras en telegrafía. En 1876 Edison instaló un laboratorio en Menlo Park, Nueva Jersey. Iba a ser una fábrica de inventos, y eventualmente llegó a tener a su cargo no menos de ochenta científicos competentes. Era el comienzo de la noción moderna del equipo de investigación.

Cuando él vivía se estimó que sus inventos valían para la humanidad no menos de 25 billones de dólares. En Menlo Park inventó el fonógrafo, que fue su invento favorito. Si el reconocimiento del ingreso de Estados Unidos en el liderazgo tecnológico llevó el nombre de Edison. El 21 de octubre de 1879 Edison fabricó una lámpara con un filamento de carbón que ardía cuarenta horas consecutivas. La luz eléctrica era por fin una realidad y recibió la patente de invención número 222.898 de los Estados Unidos. En la siguiente víspera de Año Nuevo, la calle principal de Menlo Park fue iluminada eléctricamente en una demostración pública que presenciaron tres mil personas (casi todas de Nueva York). Para que la luz eléctrica fuera comercial, Edison tuvo que desarrollar un sistema generador que suministrara electricidad cuando fuera necesario y en cantidades variables, pues las luces se apagaban y encendían. Esto requería mucho más ingenio que la luz eléctrica en sí, pero para 1881 Edison había construido una planta generadora y al cabo de un año estaba alimentando cuatrocientas bocas distribuidas entre ochenta y cinco clientes.
Referencia:Luces en el cielo de Isaac Asimov


martes, 7 de mayo de 2019

¿Podemos decir que un pintor fabrica algo?

“¿Podemos decir que un pintor fabrica algo?”, preguntaba Platón en La República, y contestaba: “Es seguro que no, simplemente imita”. Un artista se diferenciaba de un creador, según los antiguos, incluso de otro modo; es decir, el concepto de creador y de creatividad implica la libertad de acción, mientras que el concepto griego de artista y de las artes presuponía una sujeción a una serie de leyes y normas. El arte se definía como “la fabricación de cosas según unas normas”. El artista no crea, sino que imita y se rige por leyes, no por la libertad. Esta postura de los antiguos puede expresarse como sigue, el artista es un descubridor, no un inventor. La naturaleza es perfecta y el hombre debería parecerse a ella a través de sus actividades. La naturaleza está sujeta a leyes, por tanto él debería descubrir sus leyes y someterse a ellas, y no buscar la libertad que puede desviarle fácilmente de ese posible optimum a alcanzar en sus actividades.


Para los griegos había sólo una excepción a esto, la poesía. El poeta era el que fabricaba. Los griegos no asociaron al poeta con los artistas, ni tampoco la poesía con el arte. El poeta hace cosas nuevas, trae un nuevo mundo a la vida, mientras que el artista imita simplemente. El poeta no está sometido a una serie de leyes como lo están los artistas, es libre en lo que hace.

jueves, 24 de mayo de 2018

El autentico genio de Steve Jobs fue incrementar la eficacia de los productos de su empresa.

Steve Jobs
En noviembre de 2011, cuando se dedicaban toda clase de tributos póstumos al genio y líder de Apple, Steve Jobs, apareció un artículo en el semanario New Yorker. Su autor, Malcolm Gladwell, argumentaba que Jobs no fue el inventor de una máquina o de una idea que cambió el mundo; pocos seres humanos llegan a serlo. Lejos de ello, fue un brillante adaptador de anteriores inventos más burdos e ideas parciales de otras personas, que aprovechó, modificó y mejoró constantemente. Es decir, fue lo que en la jerga informática actual se conoce como tweaker, y su auténtico genio consistió en esforzarse en incrementar cada vez más la eficacia de los productos de su empresa.