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lunes, 1 de diciembre de 2025

El superhombre

Al igual que Narciso, los superhombres se quedan absortos contemplando su propia belleza. Narcisistas que se miran al ombligo y se obsesionan con su grandeza, su inteligencia superior y su glorioso destino.No nos equivoquemos, la persona que cree en la teoría del superhombre realmente cree que pertenece a la élite. El narcisista nietzscheano, como un adolescente masturbador, está enamorado de sí mismo y de nadie más. Las viejas decían que la gente así acababa volviéndose loco y justamente eso es lo que le sucedió al pobre Nietzsche. Pero lo más inquietante es que sus profecías se han hecho realidad. Asesinamos a millones de personas mediante el aborto por razones que suenan bien, que son utilitarias, pero que en última instancia son egoístas. Marchamos bajo estandartes revolucionarios proclamando un mundo nuevo y feliz que gira en torno a nuestras ideologías egocéntricas. 
Nietzsche consideraba que su übermensch estaba por encima de la ley. Como la mayoría de los locos, veía la realidad al revés. En lugar de estar por encima de la ley, el superhombre está por debajo de la ley. Porque se considera superior, es inferior. Cuando un hombre se comporta como un narcisista, no se eleva por encima de la humanidad común, sino que se rebaja al nivel de la bestia instintivamente interesada sólo en sí misma. Por lo tanto, no es más que humano, sino menos que humano. El narcisista nietzscheano se aísla de la sociedad, de la familia, de los amigos y del amor. Lo único que rompe este ciclo de autoadoración es el amor sacrificial, pero el amor sacrificial es lo único que el narcisista no puede comprender y de lo que es incapaz. Nietzsche despreciaba las virtudes cristianas de humildad, el servicio y el autosacrificio y las consideraba como una debilidad. Lo que no comprendió es que el verdadero ejercicio de estas virtudes requiere una fuerza sobrehumana. En lugar de rebajar al hombre, el amor sacrificial es lo que lo eleva de simio a ángel. El verdadero superhombre es el hombre humilde y penitente. Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. 


Referencia: Dwight Longenecker en The Imaginative Conservative

martes, 8 de octubre de 2024

Depende solo del sentido en el que trilles

Una pareja de amantes emancipados va a escapar de la idea tradicional de persuasión que aborrecen. Van a ver realizadas sus vidas. Y nada más. Van solo a vivir sus vidas. ¡Y luego, mírenlos! Hacen todo lo que saben que hace la gente cuando está “viviendo su propia vida”. Toman como referente sus mismas ideas sobre cómo ser malos, en vez de las que tienen sobre cómo ser buenos. ¿Y entonces qué? Pues que entran en la misma rueda de siempre. Y ponen en práctica las mismas ideas de siempre, solo que en la dirección opuesta; y en vez de ser buenos, son malos, y dan vueltas al círculo en la dirección contraria, y venga a moler en el molino de siempre, aunque sea al revés. Un hombre va a una casa de citas. ¿Y qué hace allí? Lo mismo que hace con su mujer, pero al revés. En vez de sacar lo mejor de sí mismo, saca lo peor. Al principio quizá sienta un alivio tremendo al alejarse de lo mejor de sí mismo. Pero pasado un tiempo se da cuenta de lo triste que es dar vueltas y más vueltas en la misma rueda de siempre, en la dirección contraria.
En el centro de todo está la misma idea emocional. Te enamoras de una mujer, te casas con ella, tienes dicha, tienes hijos, lo das todo por tu familia y por la humanidad, y tienes una vida feliz. O bien, la misma idea pero en sentido contrario; te enamoras de una mujer, no te casas con ella, vives con ella en secreto y disfrutas diga lo que diga la sociedad, abandonas a tu mujer y que se las apañe con el llanto o la melancolía, con el que sea de los dos,  dilapidas tu hacienda, y despilfarras todo el grano acumulado por la humanidad. El burro trilla en un sentido, y separa el grano de la paja. El burro trilla en dirección contraria, y saca el grano de la parva. Lo que subyace, en ambos casos, es la misma idea, el amor, el servicio, el autosacrificio, la productividad. Depende solo del sentido en el que trilles.
Referencia: El amor es la felicidad del mundo de D. H. Lawrence.