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domingo, 21 de septiembre de 2025

Una sociedad atrapada en la creditocracia

Somos prisioneros de los bancos. Nos hemos convertido en una sociedad atrapada en la "creditocracia", un sistema en el que la ciudadanía tiene que pedir dinero prestado para satisfacer sus necesidades básicas.Un mundo en el que las casas de bolsa, los fondos de cobertura, las firmas de capital privado y todas las demás entidades del sistema bancario se han convertido en herramientas de acumulación de capital para sus propietarios, clientes y accionistas. A fin de cuentas, "lo que hace la deuda es redistribuir la riqueza hacia arriba y restringir la democracia hacia abajo", dice Andrew Ross, catedrático de Análisis Social y Cultural de la Universidad de Nueva York. Estas son las ideas centrales del libro "Creditocracia y las razones para no tener deudas”. El sociólogo argumenta que el negocio de estas entidades es obtener la mayor cantidad posible de beneficio manteniendo a todos los demás endeudados, durante el mayor tiempo posible. "Una creditocracia surge cuando el costo de los bienes, sin importar cuán básico sea, tiene que ser financiado con deuda, y cuando el endeudamiento se convierte en la condición previa no solo para las mejoras materiales en la calidad de vida, sino también para cubrir las necesidades básicas", explica Ross.
“Vivimos en una sociedad en la que, cada vez más, un porcentaje muy grande de la población se están ahogando en deudas.En la mayoría de los países industrializados los préstamos destinados a la vivienda, a los automóviles, las deudas estudiantiles o para el transporte se han disparado. Nos hemos convertido en una sociedad en la que la clase acreedora es dominante y obtiene la mayor parte de sus ingresos y beneficios de los préstamos y donde la ciudadanía en muchos países nunca podrá pagar sus deudas. Los principales bancos son más grandes y rentables que antes de la crisis de 2008. A todo esto hay que sumar que a los acreedores no les interesa que la gente pague sus deudas. Mientras estés endeudado, los acreedores pueden ganar dinero contigo.Si pagas todo por completo, entonces no les sirves de nada. Así que en una creditocracia, el objetivo es mantenerte endeudado durante el mayor tiempo posible.” “Si su gobierno no puede proteger a sus ciudadanos del daño, entonces estás viviendo en una democracia fallida.Y hemos visto una serie de movimientos sociales que se han levantado en contra de eso en muchos países. Y esos son momentos en los que están perfectamente justificados porque los gobiernos no los están protegiendo. La primera prioridad de un gobierno es proteger a la ciudadanía y si no puede, entonces los ciudadanos tienen que tomar el asunto en sus propias manos.”

domingo, 18 de agosto de 2024

La deuda británica con Estados Unidos no quedó saldada hasta el 29 de diciembre de 2006

                                                   Presidente Truman con Clement Attlee


Del esfuerzo que para Gran Bretaña supuso derrotar a Hitler da idea el que su deuda con Estados Unidos para evitar la bancarrota tras la guerra no quedase saldada hasta el 29 de diciembre de 2006. Ese día, el Gobierno de Londres dio la orden de transferir al Tesoro norteamericano 43 millones de libras. Esa cantidad correspondía al último pago de un préstamo de 4.340 millones de dólares concedido el 15 de julio de 1946 por el presidente norteamericano, Harry Truman, para que el Reino Unido, completamente exhausto por los enormes gastos de guerra que había tenido que afrontar, pudiera responder ante los acreedores extranjeros, a los que debía 4.200 millones de libras. Aunque el entonces primer ministro británico, Clement Attlee, que había sucedido a Churchill en julio de 1945, aspiraba a que sus poderosos aliados norteamericanos asumieran el pago de esa deuda, como gesto de solidaridad después de luchar codo con codo contra el Eje durante casi cuatro años, Truman le hizo saber que el tiempo de los sentimentalismos había pasado, y que si quería el dinero debería reembolsarlo a un interés del dos por ciento anual. La decepción llegó hasta la Cámara de los Lores, que condenó la actitud del Gobierno de Washington, pero ante la perspectiva de una quiebra de la economía británica, Londres no tuvo otro remedio que aceptar los términos del préstamo.


viernes, 12 de julio de 2024

La impunidad con que actúan las grandes empresas financieras

La impunidad con que actúan las grandes empresas financieras quedó demostrada en el verano de 2012 con el asunto del Libor (London Interbank Offered Rate), que puso en evidencia cómo los grandes bancos manipulaban en su provecho un indicador que, en palabras de The Economist, “determina en todo el mundo el tipo de interés que los particulares y las empresas pagan por los préstamos, o reciben por sus ahorros”, lo que no solo afecta a las grandes transacciones entre los bancos, sino incluso a nuestras hipotecas y a nuestras tarjetas de crédito. Este, que ha sido sin duda uno de los mayores fraudes financieros de la historia, y que movió a Stiglitz a sostener que “lo primero es meter a unos cuantos banqueros en la cárcel”, causó algún escándalo en Gran Bretaña, pero ninguno en los Estados Unidos, pese a que algunos de sus grandes bancos, como JPMorgan Chase o Citigroup, estaban implicados en este “escándalo de todos los escándalos de Wall Street”. Lo peor del caso es que parece ser que las instituciones encargadas de regular la actividad financiera sabían lo que ocurría. Como ha escrito Matt Taibbi, el gran misterio de la política norteamericana en el curso de las dos últimas administraciones presidenciales (una de cada partido) es “por qué no ha habido ninguna investigación federal seria de Wall Street en un período que parece haber sido de una corrupción épica”. 

sábado, 9 de septiembre de 2023

Cuando los inversores pasan a ser vendedores en dificultades

Charles Poor "Charlie” Kindleberger fue un economista estadounidense experto en historia económica y en economía internacional. En su libro de 1978 titulado Manias, Panics, and Crashes cuenta que “el precio de mercado del oro subía debido a que algunos inversores se basaron en el cliché de que “el oro es una buena cobertura contra la inflación”, sin embargo, el aumento en el precio del oro era muchas veces mayor que el aumento real en los Estados Unidos y los niveles de los precios mundiales. Hacia el final de la década de 1970 los inversores compraban oro porque su precio iba en aumento, y el precio iba en aumento porque los inversores compraban oro”.

“Durante los períodos de euforia un número creciente de inversionistas busca obtener plusvalías a corto plazo de los aumentos en los precios de los bienes raíces y de las acciones. Los inversores realizan pagos iniciales para la compra de apartamentos en condominios, en la fase de preconstrucción, en la previsión de que serán capaces de vender estos apartamentos obteniendo jugosas ganancias cuando los edificios se hayan completado, o incluso antes. Luego se da algún evento, quizás un cambio en la política del gobierno, un fallo inexplicable de una empresa que hasta el momento parecía haber tenido éxito, que conduce a una pausa en el aumento de los precios de los activos. Pronto, algunos de los inversores que habían financiado la mayor parte de sus compras con dinero prestado pasan a ser vendedores en dificultades debido a que los pagos de los intereses sobre el dinero prestado para financiar sus compras son mayores que la renta de la inversión de los activos. Los precios de estos activos pasan a estar por debajo de sus precios de compra y los compradores se encuentran “bajo el agua”. Las cantidades adeudadas por el dinero prestado para financiar las compras de estos bienes son mayores que su valor de mercado actual. Sus ventas de urgencia llevan a fuertes caídas en los precios de los activos y es muy probable que a eso siga una caída, y el pánico.”

sábado, 29 de enero de 2022

Los banqueros en la Edad Media


La principal función de los banqueros en la Edad Media, que pronto se dedicaron al préstamo, consistía en la cesión temporal de dinero a cambio de unos intereses determinados (30-40%), que constituían su beneficio. Por la costumbre de realizar las operaciones siempre en el mismo lugar, generalmente un banco de la plaza pública, la denominación actual de las oficinas, bancos, procede de entonces, al igual que el término bancarrota, que hoy día se emplea para designar la quiebra de una entidad, ya que en aquel tiempo, cuando alguno se arruinaba, rompía públicamente el banco o asiento donde realizaba las operaciones habituales. Se trataba de personas mal vistas, tenidas por usureras porque los préstamos que concedían llevaban aparejados intereses abusivos. El historiador Luis Suárez las describe diciendo que proporcionaban préstamos a cambio de elevados intereses o solicitando una prenda (objetos personales, ropa…) que era devuelta a su propietario si este pagaba el préstamo. Los campesinos se veían obligados a recurrir a ellos para comprar herramientas, pagar otras deudas o conseguir su libertad del señor feudal. Los prestamistas fueron conocidos como usureros; las leyendas y los rumores les convirtieron en culpables de todos los males que aquejaban a la población, sobre todo en tiempos de crisis económica. La Iglesia tuvo a los prestamistas por grandes pecadores, ya que ejercer la usura era uno de los delitos más graves que se podían cometer contra el prójimo. 

En general, la nobleza se hallaba ausente de las transacciones financieras, puesto que basaba su riqueza en la tierra; por ello, las finanzas fueron una actividad propia de los burgueses, quienes lograron enriquecerse de esta manera. La circulación de dinero fue teniendo un papel determinante en el consumo de productos orientales de lujo, en lo cual repercutió el refinamiento de la vida ciudadana y las clases burguesas acomodadas frente a la rudeza en los usos de la nobleza feudal.