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lunes, 18 de noviembre de 2024

Nación

En 1944, Guido Zernatto publicó Nation: the History of a Word, un artículo en el que a través de una perspectiva lingüística pretendía analizar la evolución de la palabra nación a lo largo de la historia, con el fin de acceder a un significado completo de la misma. Partía de la antigua Roma, donde el término natio poseía un cariz despectivo y se usaba para designar a los grupos de extranjeros no ciudadanos procedentes de una misma región geográfica y que habitaban en las ciudades coloniales del territorio bajo dominio romano. Durante la Alta Edad Media, Zernatto reduce el uso del término nación al ámbito universitario, donde se utilizaba para separar a los estudiantes según sus regiones de origen. Nación fuera del ámbito universitario, aunque por extensión comenzó a aplicarse en los concilios ecuménicos, es decir, las asambleas celebradas por la Iglesia en las que eran convocados los obispos para debatir sobre la teoría y práctica religiosa. Se denominaba, entonces, nación a las secciones entre las que se dividía el voto en dichos concilios. En el siglo XIV cómo, en algunas Cortes y otras asambleas, los estamentos llamados a las mismas comenzaban a denominarse naciones. Esto mantuvo la concepción de nación como una comunidad de élites con un mismo origen geográfico hasta el siglo XIX, sin que la Revolución francesa alterara en su momento esta característica del término. La propia Revolución francesa, de hecho, quiso distinguir entre los conceptos pueblo y nación desde sus inicios. Su objetivo era que las altas clases burguesas pasaran a engrosar las filas de la nación, pero no el pueblo llano. La forma de llevar esto a cabo era el sufragio censitario, que impedía que todo el pueblo francés pudiera ser considerado como nación en tanto que la gran mayoría no poseían derecho a la participación política y, por lo tanto, no formaban parte de la soberanía nacional. 
Hasta el siglo XIX la nación no adquirió su último significado, el que hace referencia al pueblo soberano. Así, la palabra nación pasa a significar un grupo de personas diferenciado y único, procedente de un mismo origen y portador de la soberanía. La nación pasa a convertirse, en la vida política, en base de la solidaridad y objeto supremo de lealtad. Sin embargo, esto supone que el pueblo soberano que compone la nación solamente aparece en un estadio muy reciente de la historia de la humanidad y debido a unos cambios impensables antes del siglo XIX. Otto Bauer publicó en 1907 La cuestión de las nacionalidades y la socialdemocracia, donde expone que es imposible concebir el nacimiento de la nación alemana sin hacer referencia al contexto de expansión del capitalismo en el siglo XIX. Es decir, no podemos pensar que una gran extensión del territorio sea accesible a la mayoría de la población sin tener en cuenta el desarrollo de la prensa, los transportes, la ampliación de los mercados y la sustitución de una sociedad estamental por una sociedad de clases que permita cierta movilidad. 


martes, 19 de febrero de 2019

Memoria prodigiosa.


En la literatura del primer milenio existen referencias a personas con una memoria prodigiosa, particularmente en la Naturalis Historia de Plinio el Viejo ( 23-79 d. C.), una suerte de enciclopedia que describe en 37 libros desde la geografía, ciencia y tecnología, hasta la agricultura, hierbas medicinales e insectos de la antigua Roma. En el capítulo 24 del libro VII, dedicado a la memoria, Plinio menciona al rey Ciro de Persia, quien conocía el nombre de todos sus soldados; Scipio, conocedor del nombre de todos los romanos; Cineas, embajador del rey Pirro, quien aprendió el nombre de todos los senadores romanos a sólo un día de llegar a Roma; Mitríades Eupator, quien administraba justicia en las 22 lenguas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; o Cármadas, el griego, quien podía recitar de memoria cualquier libro de una biblioteca como si lo estuviera leyendo. Plinio considera una bendición la posibilidad de tener una memoria extraordinaria.

martes, 10 de julio de 2018

¿Dónde están los grandes hombres?

Cuenta George Steiner que cuando era profesor en Pekín, había en su seminario dos hombres con la columna destrozada por las torturas de la guardia roja; ni siquiera conseguían sentarse. Habían hecho pasar una carta para Sartre en donde manifestaban “al Voltaire de nuestro siglo. Hable de esto, ayúdenos”. Y él se limita a decir que “las supuestas torturas de la guardia roja son una mentira inventada por la CIA americana”. Sabía de sobra lo que ocurría. Entonces, ¿dónde están los grandes hombres? ¡Y Freud! En Roma  está el gran museo del fascismo. En la primera sala se exponen los regalos recibidos por Mussolini. En una bonita vitrina está La interpretación de los sueños, con esta dedicatoria de Sigmund Freud: “Al duce, a quien debemos tanto por haber restaurado el esplendor de la antigua Roma”.