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martes, 18 de agosto de 2026

Si la envidia es un sentimiento universal, algunas personas son particularmente propensas

Envidia
Escribe Samer Soufi que “si la envidia es un sentimiento universal, no cabe duda de que algunas personas son particularmente propensas a este tipo de regodeo con el fracaso ajeno. Son los verdaderos adictos a la emoción de la envidia, a quienes nada complace más que la caída de otras personas, especialmente si son personas destacadas. Por eso les llena de deleite enterarse de que una persona rica ha quedado arruinada. O que un político ha sido pillado con una prostituta. O que un artista famoso ha sido ingresado en una clínica de desintoxicación de drogas. Para los envidiosos acérrimos, todo éxito alcanzado por otras personas es siempre inmerecido, de modo que justifican su alegría con la desgracia ajena invocando que estas personas venían disfrutando de un éxito que no les correspondía. Y si esto es así en relación a los desconocidos triunfadores, el sentimiento se multiplica cuando se trata de familiares, amigos o compañeros.”
Decía Quinto Horacio que “todos los tiranos de Sicilia no han inventado nunca un tormento mayor que la envidia”.
Charles Bukowski expresó que “no son las grandes cosas las que mandan a un hombre a un manicomio, sino la continua serie de pequeñas tragedias cotidianas; no es la muerte de su amada, sino el cordón del zapato que se rompe cuando ya no tiene tiempo de cambiarlo”.


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Infierno


*Las llamas (del infierno) no prestan luz y las tinieblas ofrecen cuanto es bastante para descubrir cuadros de dolor, tristísimas regiones, lúgubre oscuridad, donde la paz y el reposo no pueden morar jamás, donde no llega ni aún la esperanza, que dondequiera existe. Allí no hay más que tormentos sin fin, y un diluvio de fuego alimentado por azufre, que arde sin consumirse.


Con esta voluntad inflexible, este deseo de venganza, mi odio inmortal y un valor que no ha de someterse ni ceder jamás ¿cómo he de tenerme por subyugado? Ni su cólera ni su fuerza me arrebatarán nunca esta gloria: humillarme y pedir gracia doblada la rodilla y acatar un poder cuyo ascendiente ha puesto en duda, poco ha, mi terrible brazo, dice Satanás. 

Lucifer
Y añade Lucifer: Aquí podremos reinar con seguridad, y para mí, reinar es ambición digna, aun cuando sea sobre el infierno, porque más vale reinar aquí, que servir en el cielo…….Busquemos nuestro bien en nosotros mismos, viviendo por nosotros y para nosotros, libres, en estos vastos subterráneos, sin depender de voluntad alguna, y prefiriendo tan dura libertad al blando yugo de una pomposa servidumbre. Brillará más radiante nuestro esplendor, si sabemos convertir lo pequeño en grande, lo nocivo en útil, la desgracia en prosperidad, y si doquiera luchando con el anal, trocamos en bienestar el dolor por medio del trabajo y de la paciencia.


*El paraíso perdido es un poema narrativo de John Milton.

domingo, 22 de abril de 2018

La fe es la fuerza de la vida.

Tolstói habla de la necesidad de la fe: 

León Tolstói
“Mi desarraigo de la fe se produjo del modo habitual entre la gente que ha recibido nuestro mismo tipo de educación. Me parece que en la mayoría de los casos sucede así, la gente vive como vive todo el mundo, y todo el mundo vive basándose en principios que no sólo no tienen nada que ver con la fe, sino que, las más de las veces, se oponen a ella. La fe no participa en la vida, no regula en modo alguno nuestras relaciones con los demás ni es preciso que la confirmemos en nuestra propia vida; la fe se profesa en algún lugar lejos de la vida e independientemente de ella. Si nos topamos con la fe, será sólo como un fenómeno externo, no ligado a la vida.

Pensando en la gloria que me proporcionarían mis obras, me decía: «Muy bien, serás más famoso que Gógol, Pushkin, Shakespeare, Molière, y todos los escritores del mundo, ¿y después qué?». Y no podía responder nada, nada…….Mi pregunta, la que a los cincuenta años me condujo al borde del suicidio, era la más sencilla: reside en el alma de todo ser humano, desde el niño estúpido hasta el anciano más sabio, una pregunta sin la cual la vida es imposible, como yo mismo he experimentado. La pregunta es: «¿Qué resultará de lo que hoy haga? ¿De lo que haga mañana? ¿Qué resultará de toda mi vida?». Expresada de otra forma, la pregunta sería la siguiente: «¿Para qué vivir, para qué desear, para qué hacer algo?». O formulada todavía de otro modo: «¿Hay algún sentido en mi vida que no será destruido por la inevitable muerte que me espera?»

Tolstoi con sus nietos
Si nos volvemos hacia las disciplinas que no tratan de resolver las cuestiones de la vida, sino que dan respuesta a sus preguntas específicas, científicas, nos admiramos de la fuerza del intelecto humano, aun sabiendo por anticipado que no encontraremos respuesta a la cuestión de la vida. Esas ciencias la ignoran abiertamente. Dicen: «No podemos responderte quién eres ni por qué vives; no tenemos respuestas a esas preguntas, y no nos ocupamos de eso. Pero si necesitas conocer las leyes de la luz y de los compuestos químicos, las leyes del desarrollo de los organismos; si necesitas conocer las leyes de los cuerpos, su forma y la relación entre números y tamaños; si necesitas conocer las leyes de tu intelecto, para todo eso tenemos respuestas claras, precisas y categóricas».

Si el filósofo llama a esa esencia de la vida que está en mí y en todo lo que existe «idea», «sustancia», «espíritu» o «voluntad», no dice más que una sola cosa, esto es, que esta esencia existe y que yo soy esa misma esencia, pero por qué existe él no lo sabe, y, si es un pensador riguroso, no lo responde. Y pregunto yo: «¿Por qué existe esa esencia y qué resultará del hecho de que ella es y será?». Y la filosofía no sólo no da una respuesta, sino que todo lo que puede hacer es esa pregunta.


Me di cuenta de que las respuestas dadas por la fe, por muy irracionales y distorsionadas que fueran, tenían la ventaja de introducir la relación entre lo finito y lo infinito, sin la cual no puede haber solución. Sea cual sea la manera en que planteo la pregunta de cómo debo vivir, la respuesta es: «Conforme a la ley de Dios». «¿Cuál será el resultado auténtico de mi vida?». El tormento eterno o la felicidad eterna. ¿Cuál es el sentido que no destruye la muerte? La unión con el Dios infinito, el paraíso. Así, fui conducido de un modo inevitable a reconocer que toda la humanidad posee, además del conocimiento racional, que antes me parecía el único conocimiento posible, otro conocimiento, de tipo irracional: la fe, que nos da la posibilidad de vivir……..La fe es el conocimiento del sentido de la vida humana, gracias al cual el hombre no se aniquila, sino que vive. La fe es la fuerza de la vida. Si un hombre vive, es porque cree en algo. Si no creyera que debe vivir por algo, no viviría. Si no ve ni comprende el carácter ilusorio de lo finito, cree en lo finito. Si comprende el carácter ilusorio de lo finito, es preciso que crea en lo infinito. Sin fe es imposible vivir."