jueves, 28 de mayo de 2026

Un juez progresista

Si algo nos han puesto sobre la mesa los últimos doscientos años, es que fingir finalidades a la historia resulta la vía más rápida de transitar a la masacre. Los grandes genocidios del siglo XX se ejercieron bajo retóricas inequívocamente “progresistas”. “Progreso de la raza aria” en el nazismo, “progreso del proletariado mundial” en el estalinismo. Una fugaz ojeada a los diccionarios constata lo reciente de los vocablos. Ambos, “progresista” como “progresismo” no existen en ninguna lengua con anterioridad al siglo XIX….Hijo de las ilusiones, que son siempre pequeñas formas de delirio, del siglo XIX, el “progresismo” designa el sueño de una humanidad destinada a su inminente mejora. Visto lo que vino luego, pocas fantasías cabe que sigamos haciéndonos acerca de su funcionalidad hoy. En lo moral, y, por extensión, en lo político, no hay revestidura de “progresismo” que no camufle una privada voluntad de prosperar. No siempre confesable. Pero, ¿qué diablos puede significar, en rigor, “juez progresista”? Es lo que tienen las palabras. Engañan, más que dicen, a quien se deja seducir por sus promesas. Un magistrado no debería dejarse hacer rehén de ellas tan fácilmente, escribe el filósofo Gabriel Albiac.


No hay comentarios:

Publicar un comentario